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LA KINKY BEAT 2008

La Kinky Beat, casa Babylon

 

Ellos mismos hacen la introducción. “Siempre es difícil mirar hacia atrás y ver que todo lo que has hecho es de tu gusto, y en el caso de nuestra discografía aún más. La Kinky Beat grabó su primer disco cuando apenas teníamos un año de vida y en aquel momento era el material del que disponíamos. Está claro que nunca vamos a renegar del trabajo que hemos hecho y que gracias a él hoy estamos aquí, pero es lógico que a lo largo de estos cinco años la banda haya evolucionado muchísimo y ahora puedo decir que estamos mucho más definidos y cómodos con lo que hacemos. Siempre estamos en una continua búsqueda y creo que eso es positivo. Eso es la evolución, ¿no?”

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ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 ROLLING STONES
Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño


ARTÍCULOS 1997

Rolling Stones, los caminos babilónicos

 

 

 

La insistencia de los Stones en seguir haciendo discos notables viene impulsada, a la vez, por lo que parecen ser talentos diferentes, o sea el instintivo sentido para la música de Keith y el estudiado dominio del mercado de Mick. Si éste no estuviera ahí para actualizar la imagen del grupo e inyectar una dosis de contemporaneidad al sucio blues-rock cada poco, Keith podría haber acabado tocando el mismo riff una y otra vez. Incluso a veces lo parece pero, )qué importa si lo hace realmente bien? Y si Keith no estuviera ahí para mantenerse fiel a la base de Chuck Berry, Muddy Waters y sus antecesores en el reino del blues, Mick estaría seguramente saltando de un estilo a otro con resultados peores. Y no hay más que ver sus discos en solitario.

 

Lo más curioso de Bridges To Babylon es que, aunque Mick convenció a Keith y a su productor ejecutivo Don Was para traer a productores de sonido mucho más actual, como The Dust Brothers, Babyface -colaboración que no llegó a entrar en el disco- o Danny Saber -más conocido por su trabajo con Black Grape-, el resultado es puro Rolling Stones.

 

Al final, poco ha llegado del sonido moderno al disco: un sampler poco representativo de Biz Markie al final del single “Anybody Seen My Baby” -melodía robada del “Constant Craving” de k d Lang y no muy lejana tampoco de su “Beast Of Burden”-, unos sintetizadores en “Might As Well Get Juiced”, que demuestran que los Stones nunca pudieron entender los teclados, y el trabajo de Danny Saber en “Gunface”, escondiendo bajo la producción una melodía que no debía ser ya demasiado buena en su origen.

 


 

Por lo tanto, la esencia de los Stones permanece inalterable en nueve de los trece cortes del álbum. Por ejemplo, “Low Down”, empujada por la fuerza elemental del riff de guitarra de cinco cuerdas de Keith y la efectiva percusión de Charlie Watts -no hay máquina que lo pueda hacer tan simple como el viejo Charlie-. O “Already Over Me”, la clásica balada con piano y guitarra acústica en la que Mick se muestra insuperable, recordando a “You Can't Always Get What You Want”.

 

Algunas canciones como “Saint Of Me” sugieren que lo que tienen los Stones no es tanto un nostálgico lazo con el pasado como un código o un idioma semi-secreto para construir sus discos. Algunos lo llaman experiencia y otros sabiduría. Tal vez la próxima vez, que seguro que la habrá, los Stones sean lo suficientemente valientes como para retomarlo donde “How Can I Stop” lo deja y preocuparse un poco menos de sonar actuales y sí un poco más por sonar atemporales.

 

Xavier Valiño