Moby, decibelios
sorpresa

Táchese lo
inapropiado: no bebe, amigo del hardcore, no consume drogas, amante del
speed metal, cristiano, techno-punk practicante, inconformista,
eco-terrorista, traidor del dance, vegetariano... Sí, todo y nada a la
vez. Estos son los adjetivos con los que empiezan la mayoría de los artículos
que puedas leer sobre Moby.
No es que Moby no
sea algo, todo o nada de lo que queda dicho. Ha sido demasiadas cosas en su vida
y en su música, y muy probablemente siempre lo será. "Mi madre tomaba ácido
cuando estaba embarazada de mí. Supongo que eso explica bastantes cosas".
¿Confundido? Lo estarás. ¿Enojado? Si insistes. ¿Deslumbrado? Podría ser.
¿Excitado, inspirado, estremecido? Deberías estarlo.
Así que, si
debemos hacernos la pregunta, ¿quién diablos es Moby y por qué? Richard Hall,
que de él se trata, nació en Nueva York y creció educado por su madre soltera y
sus abuelos, repartiendo su tiempo entre las calles y una comuna
hippy.
Como la mayoría
de descastados de su generación, Moby empieza en la música con el espíritu del
‘háztelo tu mismo’ del punk. Después de pasar por varias bandas seminales
de la escena metal de la ciudad de los rascacielos, se introduce en el
mundo del acid-house, consiguiendo éxitos y convirtiéndose en una de sus
escasas estrellas, por dar la cara y por el carisma de su directo.

Mientras, se
dedica a producir a Smashing Pumpkins, Michael Jackson, Metallica, Orbital,
Soundgarden, Pet Shop Boys y cientos más. Con su debut Everything Is Wrong
demuestra que el techno puede tener más diversidad que cualquier otro
estilo.
Pero algo estaba
cambiando. "Casi toda la música que me ha inspirado en el último año ha sido
rock", decía hace poco. Esa declaración nos da una idea de por donde va
Animal Rights, su nuevo e inesperado disco. No hay teclados, ni
secuenciadores, ni samplers... sólo guitarras, y muy, muy fuertes,
pletóricas de una energía supersónica casi cómica. Tanto que va a conseguir
confundir y levantar a su audiencia de una forma no vista desde que Bob Dylan
abrazó la electricidad.
Como siempre, eso
no es todo, viniendo del artista más iconoclasta de los últimos tiempos. En su
primera edición regala otro compacto de música ambiental, en la línea del Brian
Eno más pesado o logrado, según el momento en que lo escuches. ¿Qué vendrá
después? Ni la más mínima idea. Nadie dijo que este trabajo fuera fácil.