Los Rodríguez, la
mirada del adiós

Ellos dicen que
empezaron un día 28 de septiembre, en el año de gracia de 1990, aunque nosotros
sabemos que tenían una historia detrás. Dijeron que sabían tocar y que antes lo
habían hecho en Tequila -Ariel y Julián-, que en Argentina también eran parte de
la aristocracia rockera -Andrés Calamaro- y que conservarían su
pedigrí...
Grabaron "Buena
suerte", formando frente con Antonio Flores, en lo que parecía ser una
alternativa posible de rock de canciones. Cuando se explican, dicen que
mostraron sus quilates en directo y que dieron luz a su Disco pirata a la
espera de mejores vientos -y de una compañía que tuviera a bien recoger su
testigo-.
Se negaron a
formar parte de las olas latinas y neo-flamencas, a pesar de la evidencia: sus
roces con los príncipes gitanos y unas canciones que han hecho palidecer de
envidia a los más pintados. Hay quien dice que los vieron grabando con Raimundo
Amador, con Robe de Extremoduro, con Fito Páez...

Y Sin
documentos. Un primer álbum para Grabaciones Accidentales. Los Rodríguez,
antes perdidos en el exilio vacacional, un grupo prácticamente desconocido para
las multitudes, conquistan su espacio, ganándose la razón negada de su
existencia y mostrando las caras en nuevas giras.
Dan al mundo
Palabras más, palabras menos en enero del 95, un filón inagotable. Culminan
su sociedad con Joaquín Sabina y le sacan lo mejor, tocando lo de siempre en
gira por España. En medio de los bolos aceptan colaborar con su sello en la
producción de un recopilatorio del grupo, grabando conciertos y versiones en el
estudio. Joe Balney, productor e ingeniero de su último asalto, vuela a Madrid
de nuevo para mezclar el material fresco y hacer una mezcla dub.
En Hasta luego,
que así se llama su epitafio, incluyen temas favoritos de sus cuatro artefactos
sonoros; dos versiones grabadas en directo en septiembre del 96 en Fuenlabrada y
San Sebastián; tomas sangrantes de "Mi enfermedad", "Mucho mejor" y "Extraño"
-si Julián Infante pudiera cantar no sería un simple Keith Richards-; un ataque
frontal a la ranchera "En el último trago" de José Alfredo Jiménez; la
recuperación de su magistral interpretación de "Copa rota"; y dos maquetas: "La
mirada del adiós", encontrada entre sus primeros paseos por el estudio, y
"Cuando T has ido", que no tuvo hueco en Sin documentos. No lo dicen,
pero sin ellos nuestros veranos quedan huérfanos.