La leyenda de Los
Brincos
Corría el año
1964. El pop español no llegaba a ponerse de largo porque los jóvenes
músicos de entonces se lo tomaban como un pasatiempo de fin de semana y las
compañías no querían apostar por algo tan novedoso e inestable como era ese
rock juvenil. Ya había grabaciones de dos docenas de grupos como Los
Mustang, Los Sirex, Los Salvajes o Los Javaloyas. Pero ninguno había conseguido
interesar a la audiencia y, curiosamente, ésa era la música que empezaba a
arrinconar a los viejos crooners y a las antiguas orquestas de baile.
Alguien tenía que
tomar esa responsabilidad y ahí surgieron Los Brincos. Fernando Arbex, antes
en Los Estudiantes, junto a Antonio Morales -más conocido como Junior- y
Juan Pardo, los dos vocalistas en Los Pekenikes, además de Manolo González, se
encerraron en una habitación durante todo el año, ensamblando voces, creando
acompañamientos y perfilando canciones.
A finales de ese
año presentaron su primer LP, con canciones como "Bye, bye chiquilla", "Cry" y,
sobre todo, "Flamenco", una hábil transposición de algunas armonías clásicas de
la música española al mundo del beat anglosajón, que era el sonido de su
tiempo. Editaron, además, un EP de cuatro canciones y dos singles, una
combinación irresistible de voces y guitarras que marcaba la mayoría de edad del
pop español.
Su segundo disco,
encerrado en una caja de cartón, contenía cortes como "Mejor", "Borracho" y "Tú
me dijiste adiós". Durante la preparación del tercer disco, Juan y Junior
dejaron la banda para formar su propio dúo, aunque aún tuvieron tiempo para
grabar antes "Un sorbito de champagne". Ricky y Miguel, hermanos de Junior, les
sustituyeron y ya participaron en los dos siguientes discos, con momentos
memorables como "Contrabando", "El pasaporte", "Lola" o "Nadie te quiere ya". Ya
sólo quedaba un álbum para culminar la carrera de Los Brincos. Se anticiparon a
su tiempo y lanzaron, en doble versión en castellano e inglés, Mundo, demonio
y carne, un disco conceptual que cerraba los seis años de su carrera.
Varias
generaciones del pop español los han idolatrado: en los 70, con la nueva
ola, la movida... Incluso la escena independiente más rabiosa les rindió
homenaje en dos discos de tributo del año pasado. El doble compacto Bravo por
los Brincos, ahora publicado, recoge sus 30 canciones más legendarias,
remasterizadas, y con curiosidades como la versión inglesa de "Lola" y la
adaptación al francés de "Mejor". Parece que se les están haciendo ofertas
millonarias por dos conciertos, un programa especial de televisión y un disco
doble en directo. ¡Ojalá
no acaben con la leyenda!