Gene, desde el abismo

Puede no parecerlo, pero corren
tiempos engañosos para estar en una de las llamadas bandas independientes.
Ciertamente, editar tu segundo disco oficial después de la fiebre del platino
en la era Oasis debe hacer que tu banda pop con recursos superiores a lo
habitual experimente lo que significa ser un hambriento periquito. Tal y como
están las cosas, se trata de una cuestión de tener éxito o morir.
Desde luego que Gene no viven
de las ilusiones. Drawn To The Deep End es un álbum perseguido por el
espectro de la derrota. Se puede ver en los títulos de las canciones -"¿Dónde
están ahora?", "Podríamos ser reyes", "Traje de pelea", "Sálvame, soy tuyo", "(Qué
alguien me hable!"- e incluso en su título, Arrastrado a lo más profundo.
Después de todo, sabemos lo que ocurre allá abajo. Uno se ahoga o nada. O, si
tienes tu Diploma en Supervivencia, peleas en pijama con el agua durante 45
minutos.
Este disco empieza con tal
seguridad y brillantez que parece que va a ser el tour de force que Gene
siempre nos habían prometido. "New Amusements" es una apertura audaz, compleja,
un melancólico viaje repleto de silbidos y voces fantasmales, en el que Martin
Rossiter da la interpretación de su vida, insistiendo en que "trato de sentir
cosas que nadie ha sentido nunca" -aunque hay que reconocer que los Boo Radleys
hacen esto con más aplomo-. Por una vez, la sombra de Morrissey se aleja y hasta
puede parecer que tienen personalidad propia, algo que el guitarrista de Gene
domina bastante bien desde un principio.

Le sigue el triunfante toque de
trompeta de "Fighting Fit", aunque desde aquí en adelante queda claro que no
estamos ante una reinvención como la de los robustos Suede, a pesar de que Gene
se empeñan en distanciarse de los últimos petimetres del pop. Y es cierto
que lo hacen bastante bien: Martin Rossiter es el único cantante capaz de
arrastrar baladas dramáticas como la espléndida "Save Me, I'm Yours" o "Speak To
Me Someone". Aunque por cada una de ellas tenemos que tragar con cosas tan
insustanciales como "I Love You, What Are You?", "Voice Of The Father" o "Sub
Rosa".
Contrariamente a lo que piensa
Martin Rossiter, Gene no son la mejor banda del mundo, pero es que tampoco lo
necesitan. Si éesa es su aspiración, tendrán que conformarse con estirar el
cuello mientras miran en la dirección de otros cuyas alturas nunca podrán
alcanzar, pero también es cierto que son mucho mejores de lo que sus detractores
nos quieren hacer creer. Todavía tienen que aprender la diferencia entre
arrogancia y confianza y cómo poner los dos conceptos de acuerdo, aunque, tal y
como demuestran con su intenso directo y más de una canción, se están acercando.
Tal vez con el tercer intento...