El libro-compacto, un
universo en ciernes
Colección de El Europeo con libros-discos
de
Atxaga, Morente y Bustamante

En el mundo editorial
surgen, de vez en cuando, iniciativas cuando menos curiosas. Tan simples y
acertadas, que cuesta imaginar la razón por la qué no han tenido precedente.
El libro-compacto parece más una idea publicitaria que una necesidad
editorial, pero si uno repara en los escogidos para dar origen a esta nueva
colección, no hay más remedio que claudicar ante su necesario y espontáneo
alumbramiento.
Luis Eduardo Aute dibuja,
canta y escribe poemas, así que con este nuevo formato encuentra lugar para
dar rienda suelta a su creatividad, a través de poemigas y
boligrafías, que así las llama él en Animal. Mari Pau Domínguez
consigue que Gabriel Sopeña ponga música a sus poemas y trece cantantes
presten su voz a su Universo en ciernes. Sisa se reencuentra con el
estudio en El viajante y Luis Pastor borda un hermoso Diario de a
bordo. Hay, sin embargo, otros tres volúmenes que merecen una atención
más detallada.
Bernardo ATXAGA:
Nueva Utopía
En la presentación del
libro-compacto Nueva Utopía, el propio Atxaga reconoce su veneración
adolescente por los Animals o los Beatles, canciones que, aunque no
entendía, le permitían escapar de su pequeño mundo con un aire de
superioridad espiritual. "La vida hermosa no es la que se conoce, sino la
que se ignora", comenta en cita a Leopardi.
El conocer a músicos y
cantantes que utilizaban el euskera como idioma habitual, sobre todo Mikel
Laboa y Xabier Lete, impulsó su conversión a aquella lengua desconocida para
él y, desde entonces, el círculo de amigos-músicos no ha dejado de
ampliarse.
Mucho antes de la
revelación de Obabakoak, Atxaga ya había colaborado con Ruper
Ordorika en su disco Hautsi da anphora del año 80, por lo que un
proyecto como el presente no debe sorprender. En Nueva utopía
recupera tres de aquellas canciones, que marcan el espíritu del disco, ya
que el tratamiento acústico que Ruper Ordorika les dio en su momento
resulta, con el paso de los años, el más adecuado, y condiciona el resto de
aproximaciones posteriores a la obra de Atxaga.
Mikel Laboa pone un aire
cabaretero a sus dos interpretaciones, como es el caso del homenaje-poema
dedicado al poeta José María Aguirre "Lizardi". También Jabier Muguruza,
cercano al universo de Atxaga aunque la proximidad familiar a Negu Gorriak
pudiera hacernos pensar lo contrario, encuentra el tono justo en sus dos
intervenciones. El propio Atxaga presta su voz a uno de los poemas más
misteriosos y hermosos, "Asmakizuna" -"Adivinanza"-.
Con el subtítulo de
Canciones, conversaciones y poemas, y un brillante trabajo de
ilustraciones a cargo de José Luis Zumeta, este libro-compacto recoge,
además, relatos, poemas, conversaciones y una introducción del propio autor,
siempre dentro de su estilo sencillo y directo. Esa lengua extraña que es el
euskera tuvo un sueño largo y una biblioteca breve: a buen seguro que pocos
proyectos ayudan tanto como éste a su difusión.
Julio BUSTAMANTE:
Sinfonía de las horas

Puede que ya hubiera
renunciado a su pedazo de gloria artística o que se sintiera cómodo en su
papel de creador sin mayor recompensa. Lo cierto es que un buen día del 94
comenzó a grabar Sinfonía de las horas, sobre sus propios poemas, sin
estar muy convencido de si se llegaría a publicar y sin sospechar que ése
sería, por fin, su momento.
Bustamante, valenciano y
mediterráneo convencido y practicante, tiene detrás de sí libros de relatos,
poemas y cuatro discos, dos en castellano y dos en catalán, además de
diversas colaboraciones con Remigi Palmero, In Fraganti, Platino o Presuntos
Implicados. Sinfonía de las horas lo condensa todo en los 58 minutos
del compacto y en las cien hojas de su libro, con poemas, citas, dibujos y
las letras de sus canciones.
Tres de estas canciones son
las responsables de tal repercusión y “Hablando de Van Morrison” la
principal culpable. Es difícil recordar algo semejante en acercamiento
musical a la figura del león de Belfast. Bustamante ha adaptado sus
recuerdos de niñez a la cadencia de los textos de Van Morrison -"los niños
abrazados a las piernas el domingo en la cocina esperando el arroz,
esperando el arroz"-. La sintonía es total y del homenaje sentido Bustamante
llega a la cima de su expresividad.
"Una casa en el sol" se
beneficia de una producción decente, que en el resto del disco se convierte en
un lastre insalvable, y de la cálida voz de Carol McCloskey. También queda claro
que su reciente experiencia cubana lo ha marcado profundamente. "Desde que vine
de Cuba", con su tratamiento acústico, se acerca al ritmo y al calor de la isla
caribeña: "que aquí con tanta abundancia / la gente nunca se anima / a ver que
el mejor tesoro / es la alegría del alma".
El propio Bustamante tiene las
palabras perfectas para su despedida en el relato "Cuento de hadas, brujas,
magos y espabilados": "El amor es una larga lista de necesidades. Pensar que la
belleza existe fuera de la utilidad es cosa de imbéciles."
ENRIQUE MORENTE Y LAGARTIJA NICK:
Omega

Morente ha ocupado el lugar de
Camarón. Hoy por hoy, él es el auténtico príncipe gitano. Lagartija Nick no
pasaban de ser una banda con más pretensiones que las que les infundía la
sociedad de los medios de comunicación, a ritmo de rock contundente e
intelectual. De Omega todos salen beneficiados.
Morente, aun siendo consciente
del logro de este trabajo, puede que sea el menos sorprendido de todos. Ya tenía
su experiencia poniendo música a poemas de diversos autores en el pasado y son
bien conocidos sus intentos por revitalizar el flamenco, sin caer en la pérdida
de identidad de algunos de los nuevos flamencos. Omega sólo sorprende, en
su caso, por reafirmar su condición de maestro capacitado para todos los
envites.
Lo más cerca que Lagartija Nick
habían estado de algo parecido son los textos de José Ignacio García Lapido en
091. En esta ocasión, consiguen reconducir sus abruptos acordes y adaptarse al
desafío con una pasmosa facilidad y un acierto tal que su recién adquirida
versatilidad deja en evidencia al resto de su generación.
Tampoco los poemas de Federico
García Lorca escogidos, de Poeta en Nueva York, eran los más fáciles de
adaptar. La única referencia anterior en la que intuir un posible camino la
había marcado Leonard Cohen con sus adaptaciones. Tanto los palos flamencos como
los acordes de rock los han absorbido sin complejos y hasta el mismo Leonard
Cohen reconoce que Omega es el mejor regalo que le han hecho en su vida.
Evidentemente, una vez más, el viejo canadiense no anda nada descaminado.