Daft Punk, por la cara

Uno no le supone a la buena
música pop que haga sus deberes. Lo que se espera es que salte espontáneamente
al campo de batalla armando un glorioso jolgorio sin prestar atención a nada de
lo que ha existido antes. Piensa en "God Save The Queen", "Smell Like Teen
Spirit", Scremadelica o "Born Slippy". Todos, como los auténticos
momentos cruciales en la música, nunca habrían existido si sus creadores se
hubieran sentado a pensar en lo que estaban haciendo en lugar de simplemente
dejarlo caer y preocuparse después.
Y ése, a medida que la música
de baile sale poco a poco de su infancia a las traicioneras aguas de la pubertad
artística, parece ser el problema. La música de baile empezó a hacer sus deberes
cuando debería estar todavía por las esquinas, bebiendo cerveza y comprando
cigarrillos sueltos en los quioscos. Al mismo tiempo, comenzó a preocuparse por
lo que está de moda y mantenerse en la onda, mostrando reverencia a los
innovadores del ayer cuando su auténtica fuerza ha sido siempre su habilidad
para fijar su vista firme en el futuro.

La razón por la que Daft Punk
decidieron llamar a su disco de debut Homework -Deberes- no queda
explicada del todo, a no ser por un tema llamado "Teachers".
)Qué
alguien busca discos conceptuales? Pues que se compre un disco de Kula Shaker.
Lo que estos irreverentes parisienses llamados Thomas Bangalter y Guy-Manuel de
Homem Christo manejan es el preciso nivel de beligerancia y menosprecio por los
volubles caprichos de la electrónica. Eso significa que no hay falsos intentos
de jungle, ningún indicio de excursiones en el trip-hop ni
absolutamente ninguna referencia de listillo a algún que otro oscuro productor
americano.
En su lugar, tenemos el
descarado himno "Da Funk", el disco ácido "Indo Silver Club", el
sincopado "Around The World", el obsesivo funk "Burnin'", el techno-trance
de "Alive"... Música house, en esencia, desprovista de toda pretensión,
pero con todo su encanto intacto.
En otras palabras, no se trata
de un disco construido inmaculadamente para una concienzuda y pormenorizada
crítica. Y, tal y como nos llega, no se trata tampoco del álbum de debut de los
nuevos Chemical Brothers, ya que las exageradas similitudes entre las dos bandas
deberían centrarse mucho más en la actitud que en lo estrictamente musical. De
cualquier forma, Homework es un disco jugoso; sus responsables puede que
sean unos recién llegados a este mundo, pero para nada estúpidos como nos
quieren hacer creer.