Corcobado, nuestro
cáncer

El esplendor
del pop estatal de los 80 ha dejado un buen puñado de cadáveres en el
armario. Y también otros tipos de vida más larga, los inclasificables, como
los que pululan por ahí fuera. Nuestro Tom Waits, nuestro Leonard Cohen,
nuestra P J Harvey, nuestro Nick Cave se llama Javier Corcobado. Una actitud
mantenida durante todos aquellos años, sin fruto alguno. Con unos comienzos
vanguardistas y experimentales, a la cabeza de bandas como Mar Otra Vez, 429
Engaños o Demonios Tus Ojos. Mientras toda la ‘movida’ se cubría de gloria y
dinero, Corcobado vivía al límite, dando todos los pasos que se supone no
ayudan a salir del malditismo.
La aventura
en solitario comenzó con Agrio beso en el 89 y continuó con bandas de
nombre tan sugerente como Los Chatarreros de Sangre y Cielo y Cría Cuervos,
en este último caso únicamente para la aventura de los Boleros enfermos
de amor, Vol. 1. Corcobado también publica libros. El primero,
Chatarra de sangre y cielo, apareció en el 91 y el segundo
coincide con la edición de su último disco: las vivencias de un drogadicto
aficionado al peyote, el tequila y la heroína componen El sudor de la
pistola 13.
Ha creado
escuela. La mayoría de los que han grabado para el sello Triquinoise y otras
pequeñas discográficas independientes le deben gran parte de su existencia
-713avo Amor, Hermano Cerdo o Vírgenes Adolescentes-. El propio José Luis
Moreno Ruiz, otro poeta que ahora edita sus primeras grabaciones, cuenta con
el impulso del propio Corcobado. Gran parte de la culpa la tienen sus
músicos, que le han acompañado siempre, tejiendo una red de sonidos duros y
manteniéndose alejados del resto de los grupos. Los fieles Chatarreros son:
Justo Bagüeste -saxo-, Javier Arnal -guitarras y acordeón-, Nacho Laguna
-bajo- y Nacho Colís -batería-. Para su nuevo disco se han añadido a la
formación Ana Díaz cantando y Susana Cáncer con los teclados.
El momento
decisivo le llega ahora con su disco Arco iris de lágrimas, que
presenta este jueves a partir de las once de la noche en el Dos de Copas.
Los cambios pasan por la producción, con Suso Saiz detrás de la mesa, que se
afana por volver más accesibles las canciones ‘tormento’ y por reforzar su
lado más convencional, si es que existe.
Quien más ha
puesto en el intento es el propio autor. Con su repertorio más variado: el
ritmo de pasodoble en "Dientes de mezcal", las referencias a Nino Bravo en
"Carta al cielo", la mezcla de Boney M., Killing Joke y Leonard Cohen en
"Déjame ver tu lado débil", los boleros "Diamanda" y "Si tú no me quieres",
el dueto al estilo Nancy Sintara y Lee Hazelwood en "Flores de lágrimas" y
la vertiente más eléctrica de "Catorce" o "Yo seré tu cáncer".