Aquellos maravillosos 50

A punto de acabar el siglo
XX, el rock anda ya por su año cuarenta y tantos. Alguna de sus
estrellas, de las que más brillan en su firmamento, han pasado ya la crisis de
los veinte, la de los treinta, la de los cuarenta...
(y
entran ahora en la de los cincuenta! Mal año este 1.997 para algunos viejos
rockeros, de esos que nunca mueren. Llegan a la cincuentena. Pero no te
creas que les preocupa demasiado: viven cojonudamente de las rentas, la
industria les permite grabar los discos que les da la gana, se les venera como
dioses y alguno hasta tendrá su homenaje este año.
No
hay problema. Desde sus casas en Suiza seguirán prepararando nuevos conciertos y
nuevos discos, manteniendo bien vivo el espíritu rebelde del rock'n'roll.
Mucho tienen aún que aprender los mocosos esos que empiezan a editar sus discos
y así se lo seguirán demostrando, siempre que no haya que parar por alguna
inoportuna visita a la clínica.
Algunos ya han pasado por la experiencia, y no parece que eso les haya hecho
dejarlo. Como es el caso de los más conocidos, los Beatles, los que viven,
claro, empeñados en demostrar que sus maquetas merecen un hueco en la historia y
que ponerle música a bocetos de John Lennon es una idea de la leche. O los
Stones, preparando nueva gira para poder morir con las botas puestas -(si
hasta se reúnen los Sex Pistols, tío!- y batir el récord Guiness de ganancias
por dar la vuelta al mundo desde los estadios. En meses precedentes llegaron
también a tan estupenda edad Van Morrison, Neil Young, Robert Fripp, John
Fogerty, mano-lenta Eric Clapton, Donovan, la recauchutada Cher o la viuda Patti
Smith.

Vayamos ya con los que cumplen años en este 1997. Quien se lleva siempre el gato
al agua es el camaleón David Bowie, que celebra su cumpleaños entre
homenajes y nuevas biografías, al lado de la bella Omán y viendo cómo lo mejor
de su producción es saqueado impunemente, y con el beneplácito de todos, por
unos mozalbetes llamados Suede. Ya avisó Mick Jagger: "no se puede llevar un par
de zapatos nuevos en presencia de Bowie, porque te roba la idea", y Bowie hace
honor a su fama con lo que nos preparó, todo sin quitarse el guardapolvos que
paseó por el Doctor Music Festival. Primero, colaborando con los Pet Shop Boys;
luego, poniendo sonidos jungle en su nuevo disco; y, por último, ayudando
a Brian Eno a que le acabe su trilogía futurista antes de final de siglo. Si
para entonces se ha convertido en Nathan Adler, su sosías en Outside, o
sigue siendo el mismo es algo que está por ver.

El
bestia de su amigo, Iggy Pop, también está de fiesta. Aunque seguramente
la haya celebrado de concierto en concierto, por los escenarios de varios
continentes. Todos los que organizan festivales saben que no hay nada como el
torso desnudo de la Iguana para vender entradas y tener garantizados unos
minutos en la tele, y el simpático Iggy Pop cumple cantando una vez más
cualquiera de sus ¿éxitos? como si de un karaoke se tratara. Pone la
misma entrega que si tuviera veinte años, o casi, que para eso está su hijo de
roadie, esperando a colocarle la bata blanca y ayudarle en caso de
desfallecimiento.
Tampoco se libra Reinald Kenneth Dwight.
)Qué
quién es ese tipo? El del peluquín, hombre. Elton John, que, tal y como
se podía augurar, colocó de nuevo para el mercado navideño del 97, a modo de
celebración, un nuevo disco de baladas con piano. La novedad, este año, tuvo
como excusa la muerte de alguien de la realeza para poner una canción suya en la
otra cara del single de homenaje y convertirlo en el más vendido de todos los
tiempos.
(Qué brillante!
)No?
Vamos ahora con los pesos pesados. El primero es el Bonnie Tyler masculino, más
conocido como Meat Loaf -cacho carne-. En su caso, lo más lógico sería
darle un aire melodramático a tan señalado acontecimiento, colaborando de nuevo
con su pareja artística Jim Steiner y pegando los gritos de rigor, aunque ya lo
haya hecho antes sin tener nada que celebrar. A modo de saga cinematográfica
podría reaparecer con la tercera entrega del Murciélago salido del infierno
-Bat Out Of Hell- y no por ello el mundo tendría que reprochárselo.
En
el caso de Ian Anderson, de los añejos Jethro Tull, eso parece más
impensable, pero cualquier día saca la flauta del empolvado estuche en el que la
pasea por medio mundo, al tiempo que visita piscifactorías, ya que es un
reputado empresario del sector, y nos entrega un segundo Thick As A Brick.
Recuerda que ya tuvimos unas segundas Tubular Bells -y pronto unas
terceras-, o sea que no tiene que ser tan complicado. Más difícil sería pensar
en la reconciliación de Roger Waters y David Gilmour, los dos de
cumpleaños, y hace un tiempo compañeros en Pink Floyd. Si se deciden a
amenizarnos con algo algún día, lo más seguro es que nos eviten verles las
caras, por eso de las arrugas, y así no tengamos que pasar el mal trago de ver
lo mucho que disfrutan con su rock sinfónico de fin de siglo.

Algunos no lo tienen tan claro. El héroe de la guitarra Brian May no
encuentra su acorde desde que Freddie Mercury se fue. Seguro que aún queda
alguna grabación inédita y así podría explicar otra vez la historia de Queen.
Más difícil será ver al autor de "Morning Has Broken" sobre un escenario. Cat
Stevens lleva retirado muchos años, convertido al Islam, pero siempre puede
hacer una reaparición sorpresa para reafirmar los principios fundamentalistas
islámicos, tal y como hizo hace un par de temporadas.
Algo similar sucede con Santana, que aparece de vez en cuando...
acompañando al setentón John Lee Hooker. De todas formas, aunque no haya
grabaciones nuevas del latino y viva de las recopilaciones, grupos como
Girasoules hacen todo lo que está en sus manos -y en sus guitarras- para que no
nos olvidemos de él. Y Barry Gibb, con o sin sus hermanos Bee Gees,
tendría en estas fechas una ocasión inmejorable para poner su sensacional
falsete en ayudar a las carreras en solitario de los chicos de Take That.
Marianne Faithful
está refugiada de nuevo en la campiña irlandesa, un tanto al margen del circo
rock, aunque las infidelidades su ex, el insaciable Mick Jagger, bien podrían
servirle para añadir páginas a su autobiografía o como excusa para interpretar
de nuevo "As Tears Go By" como si fuera propia.
Nada de eso pueden hacer Ralf Hüttter, Florian Scheneider y Karl Bartos, los
inventores del techno con Kraftwerk. Desde que se decidieron a
cantar dos canciones en castellano en su último disco, Electric Caffe, no
han podido grabar más. Así de exhaustos quedaron. Pero los maestros están al
alcance de cualquiera que pueda pagarles unos duros. Bernard Summer y Johnny
Marr le han hecho un hueco a Karl en el segundo disco de Electronic, así que, a
falta de alguien que pague mejor, no deja de ser una salida digna.

Quedan para el final los segundones. Ésos que da igual lo que hagan porque nunca
han tenido el más mínimo éxito. Warren Zevon sigue cantando, a sus 50
años, a los "Hombres-lobo de Londres", esperando que sus amigos de REM quieran
aprender algo más de él en una nueva entrega de Hindu Love Gods. Ry Cooder
vive de tocar en los discos de todo el mundo, incluyendo a Carlos Núñez e
incluso Luz, siempre que necesiten un mercenario de lujo, y de aliarse con
amigos cubanos, que bien le pueden costar una sentencia en prisión en su país. Y
Dave Davies, irreconciliable con su hermano Ray y los Kinks, debería
empezar a pensar en volver al redil familiar. No le queda demasiado tiempo.
Y
si creías que el punk era algo joven, te falta por saber que su inventor,
Malcom McLaren, también quemó en el 97 sus 50 años. Eso sí, en su caso
puede que cualquier día nos descubra el flamenco a ritmo dance o
cualquier otra de sus genialidades.
)Quién
dice que la edad le impide seguir haciendo el mono?
Los que no llegaron a la cita
Puede que por eso su leyenda siga intacta. Algunos de los auténticos pioneros
han dejado su huella en la historia del rock pero, por diversas causas, no han
llegado hasta el 97. En este año hubieran cumplido 50 años, y algunos de los que
si han tenido esa suerte pactarían con el diablo o darían toda su carrera por
gozar del respeto que tienen los que ahora siguen. Vamos allá.

Muy
pocos recuerdan a Gram Parsons, pero el fue el auténtico renovador del
country e inventor del country-rock, comandando los Byrds y los
Flying Burrito Brothers. Sus dos únicos discos en solitario G.P. y
Griveous Angel son reivindicados una y otra vez desde entonces. Apareció
muerto en el 73 en un desierto cercano a Los Ángeles, con restos en su sangre de
morfina, cocaína y alcohol. Su amigo Phil Kaufman robó su féretro días después y
quemó sus restos junto al Joshua Tree, el mismo que dio título a aquel disco de
U2.
Tim Buckley
no lo contará tampoco, pero al menos tiene la suerte de ver como su hijo Jeff
Buckley es el más digno de los herederos de los músicos rock del pasado.
Su intensa voz, al servicio de canciones folk sensibles y atormentadas,
hacía prever lo que sucedió. Después del fracaso artístico fue taxista,
conductor para Sly Stone y acabó muriendo en el 75 después de confundir una
dosis de cocaína con heroína.

Marc Bolan
estaba más en la onda del espectáculo, al menos con su época glam al
frente de T. Rex. Antes había editado interesantes discos en solitario con
títulos tan increíbles como Mi gente era hermosa y tenía el cielo en el pelo,
pero ahora son felices por llevar estrellas en la frente. Murió en el 77
cuando el coche que conducía su novia Gloria Jones se estrelló, pero sus
guitarrazos siguen aún bien vivos en la memoria y los discos de muchos.
Steve Marriot,
al frente de los Small Faces, fue la imagen de los mods auténticos,
frente a los reciclados Who que la adaptaron por indicación de su manager.
Adeptos a las anfetaminas y al soul negro, pasaron del salvaje rhythm
and blues al cabaret pop. Marriot murió en el 91, en un incendio en
su casa mientras dormía una borrachera. Nadie es perfecto, que decía el otro.