Roxy Music y Brian
Ferry

Antes de Pulp no había
demasiados grupos que pudieran convertir la ironía en algo sexual, incluso
urgente. Además de Roxy Music, claro está. Cómo este combo malinterpretado
no sólo dio rienda suelta a su ironía sino que se deleitaron con una serie
de jugadas de escuela de arte, aspiraciones horteras y excéntrica inventiva
musical, es una de las grandes historias no contadas del pop británico.
Lo tenían todo, estos
astutos sultanes de la ostentación: un cantante que trataba de actualizar la
elegancia de los crooners de los años 40 a la era espacial -Brian Ferry-;
una panda de inspirados barbudos de clase media embutidos en unos
asombrosos trajes inadecuados; y un tipo ciertamente exótico y parcialmente
calvo que distraídamente jugaba (más que tocaba) con sus teclados y que
parecía, más o menos, un lagarto con plumas -Brian Eno-.
Roxy Music, señoras y
señores. Puede que hoy suene como un plato para todos los paladares
curiosamente revestido, aunque, durante lo mejor de sus primeros cinco
discos, fueron realmente únicos. Sin ellos es muy dudoso que hubiera
existido Suede, Pulp, los sonidos ambientales e, incluso, ningún maníaco
divagando acerca de las expectativas más simples del pop. Probablemente
tampoco habrían existido los nuevos románticos, pero vamos a olvidarnos de
esa época.
De cualquier forma el
recién editado The Thrill Of It All, en forma de caja de cuatro
compactos, llenos de excelentes y ridículas fotos de archivo y una buena
ración de pop por excelencia, de ese vistoso y lleno de lentejuelas, es una
incorporación recomendable al cupo anual que cada cual tenga para estas
cajas.
No sucede lo mismo con
More Than This, una colección resumida en un compacto que parece poner
el final de Roxy Music como su apogeo y partir de ahí. El repaso a la
carrera de Brian Ferry en solitario tiene preferencia, estirando la fórmula
de Avalon todo lo posible.