ARTÍCULOS 1996
Moloko, bailando en
tu mente

¿Qué se puede esperar de un
álbum que se titula Do You Like My Tight Sweater? (¿Te gusta mi
jersey ajustado?). En todo caso nunca se llega a esperar tanto como en
realidad se recibe escuchando este delicioso e intrigante disco de un dúo de
Sheffield que se llama Moloko. La cantante Roisin Murphy y el mago de los
teclados Mark Brydon te invitan a una fiesta en la pista de baile de tu
propia mente, proporcionándote una flotante y aérea música pop electrónica.
Que, además, es capaz de inspirarse tanto en las composiciones psicodélicas
de los 60 -sonando su canción “Lotus Fever” como una hábil e inteligente
versión de “Being For The Benefit Of Mr. Kite” de The Beatles- como en la
obra de los especialistas del baile Chic, B-52, Ultramarine o Dee-Lite o en
el trip-hop de Portishead, Tricky o Massive Attack, lo más de moda en la
actualidad.
Todo esto con una facilidad
aparentemente libre de cualquier esfuerzo y con grandes inyecciones de un
peculiar sentido del humor, gracia e insolencia, que en un momento
sorprenden, para luego dejar paso a auténticas explosiones de risa
incontenible. En sus miniaturas surrealistas la Alicia del País de
Maravillas baila con Winnie, bajo los efectos de unas extrañas pastillas
cargadas de diversión.
Al igual que su música, las
letras son pura poesía pop surrealista. En la interpretación de Roisin
Murphy -que hace que las paredes se ruboricen cuando agita sus pestañas
postizas y canta “Sólo vengo cuando hay luna llena”- estas letras adquieren
la misma elasticidad de la que gozan los poemas infantiles, pero ella las
endurece con su decadente erotismo y su fascinante manera de cantar y
recitar. Y a pesar de que las canciones tienen aire de confuso collage, cada
una de ellas cobra vida alrededor de una pegadiza y atractiva línea que se
introduce con fuerza en la memoria como un misterioso puzzle de palabras,
basado en un ritmo vibrante y en constante mutación.
Siente la música, luego la
caricia del sexo, la claustrofobia y las sutiles miradas, la banda sonora de
Blade Runner, las noches solitarias en el Soho y los paseos sin fin
por las calles de Nueva York, las espesas melodías funk, las luces de neón,
el chirrido de los neumáticos y el amor como una droga. Eso es Moloko.