Manic Street Preachers, desde ahora
El primer día del mes de febrero del 95, el guitarrista,
letrista e ideólogo del grupo galés Manic Street Preachers, Richey James,
desapareció en la víspera de una visita promocional a los Estados Unidos. Dejó
su hotel a las 7 de la mañana y desde entonces no se le ha vuelto a ver. A pesar
de la cantidad de informaciones aparecidas, falsos encuentros y de una laboriosa
búsqueda policial, no ha vuelto a encontrarse su rastro. Tan sólo su coche, que
apareció dos semanas después, el 14 de febrero, en una gasolinera del Puente
Severn, un puente que comunica Gales con Inglaterra y que sirve de final para
muchos suicidas.
Pero hay más, como en las mejoras películas de suspense.
Se sabe, por ejemplo, que dejó un regalo y una nota diciendo “Te quiero” para
una amiga de 19 años con la que tenía una relación meramente platónica. Que su
cuenta bancaria no se movió desde ese día, aunque en los 15 días anteriores a su
desaparición estuvo sacando unas 200 libras cada día. Y que hay un taxista que
dice haber recogido a alguien que se le parecía en un hotel de Gales el 23 de
febrero y haberlo llevado por los valles galeses y Blackwood antes de dejarlo en
la misma gasolinera de la desaparición, un trayecto que le costó nada menos que
unas 70 libras.
¿Qué pensar de alguien que decía: “Cuando me corto me
siento mucho mejor. Todas las cosas que me han podido preocupar de repente
parecen tan triviales porque me concentro sólo en el dolor. No soy alguien que
pueda gritar y chillar, así que ésta es mi única salida”? Ése era Richey James,
nada más que un músico del montón -no había tocado una sola nota en el disco de
debut de la banda-, pero sí un auténtico animal del rock. Ante la acusación de
un periodista de ser ‘heavies de peluquería’, montó el número más comentado de
su historia: con una cuchilla se dibujó en el brazo ‘4 Real’ –‘Somos
auténticos’-, y en urgencias le tuvieron que coser con 20 puntos, dejándole para
siempre unas estúpidas cicatrices. También estuvo internado por problemas
psiquiátricos, de abuso de alcohol y antidepresivos, anorexia y un intento de
suicidio.
Un golpe duro para el resto de la banda, tres amigos
desde los días de escuela en el pueblo galés de Blackwood, que comenzaron en
1.989 con su single ya clásico “Suicide Alley” y con una irresistible mezcla de
consignas, valentía, contradicciones, retórica seudo-revolucionaria, maquillaje,
nihilismo y rebeldía. Su primer disco, Generation Terrorists, iba a
vender más que Guns N' Roses para luego separarse, según decían. Pero la suerte
no estaba con ellos. En 1.993 murió su manager, Philip Hall, y, poco después, el
mejor amigo de Richey, dos desapariciones que influyeron en las letras oscuras
de The Holly Bible.
Así que Nicky Wire, James Dean Bradfield y Sean Moore
decidieron seguir como trío después de todos estos acontecimientos, empezando
con un concierto junto a Stone Roses el 29 de diciembre del año pasado, en el
Wembley Arena, para acompañar después a Oasis y encerrarse a continuación en un
estudio de Normandía. Tenían unas 50 letras escritas que Richey les entregó en
Navidades, aunque decidieron no hacer uso de ellas y sí trabajar sobre aquellas
en las que él había participado de una forma u otra.
Para su regreso han escogido el mejor camino: música con
toda la emoción y un disco arriesgado, Everything Must Go, en el que hay
una poderosa sección de cuerda y unas estructuras mucho más clásicas, algo que
habían adelantado el año pasado con su intervención en el disco benéfico Help,
en el que hacían una versión del “Raindrops Keep Falling On My Head” de Burt
Bacharach.
Quedan algunas letras de Richey en cortes como
“Removeables”, “Kevin Carter” o “Small Black Flowers That Grow In The Sky”,
aunque la mayoría son ya del bajista Nicky Wire. El homenaje más claro del resto
de la banda al amigo ausente está en “No Surface, All Feeling”, la canción que
cierra el disco y para la que se utilizó la maqueta que los cuatro grabaron
pocos días antes de la desaparición; tan sólo se retocaron las voces y la parte
final.
“Everything Must Go” fija la línea del disco. Ya que
empiezan de nuevo, lo hacen con distintos planteamientos, sin temor a escribir
una melodía decente y clásica -como las de Burt Bacharach- y con un sonido como
el muro habitual en las grabaciones de Phil Spector en los 60.
“A Design For Life” marca la diferencia: un himno que
habla de los intentos de controlar el comportamiento económico de la clase
obrera y de cómo, a pesar de los engaños y manipulaciones, aún conservan la
capacidad para salir adelante. “Las bibliotecas nos dieron poder. Luego vino el
trabajo y nos hizo libres. ¿Qué precio tiene ahora un poco de dignidad? Ojalá
tuviera una botella, aquí en mi sucia cara para llevar las cicatrices y mostrar
de dónde vengo. No hablamos de amor, sólo queremos emborracharnos. No nos dejan
gastar y nos dicen que es el final”.
No hay nada que temer. Everything Must Go
sobrepasa todas las expectativas y se convierte por derecho en el disco del 96.
Como ellos mismos dicen “Esperamos que podáis perdonarnos, pero todo debe
continuar”.
DISCOGRAFÍA:
- “Generation Terrorists”, febrero 1.992
- “Gold Against The Soul”, junio 1.993
- “The Holly Bible”, agosto 1.994
- “Everything Must Go”, mayo 1.996
Singles:
- “Suicide Alley”, 1.989
- “New Art Riot”, 1.990
- “Motown Junk”, 1.991
- “You Love Us”, 1.991
- “Feminine Is Beautiful”, 1.991
- “Stay Beatiful”, 1.991
- “Love's Sweet Exile”, 1.991
- “Slash'n'Burn”, 1.992
- “Motorcycle Emptiness”, 1.992
- “Suicide Is Painless”, 1.992
- “Little Baby Nothing”, 1.992
- “From Despair To Where”, 1.993
- “La Tristesse Durera”, 1.993
- “Roses In The Hospital”, 1.993
- “Life Becoming A Landslide”, 1.994
- “Faster”, 1.994
- “Revol”, 1.994
- “She Is Suffering”, 1.994
- “A Design For LIfe”, 1.996
- “Everything Must Go”, 1.996