Green Day, insomnio a piñón fijo

Que Green Day editan su segundo disco es una noticia.
Muy bien. Al menos que lleves un año viviendo en una caverna, sabes que han
vendido unas 80 zillones de copias de Dookie, sabes que son el grupo punk
más vendedor de la historia y probablemente sabrás que número de zapatillas
gastan. ¿Quieres saber cuándo se formó la banda, cuántos discos editaron antes
de su fichaje con una multinacional o que tipo de ropa interior usan? Pregúntale
al próximo chaval de catorce años que veas. Aquí no encontrarás ninguna pista.
Ésa es la cuestión. Puro rock. O lo sabes hacer o no.
Insomniac confirma que estos chicos saben hacerlo. Si todos los imbéciles
que nadan contracorriente sólo por hacerlo quieren abofetear a Green Day por no
progresar en su cuarto disco, habría que recordarles los pasos que llevaron a
los Clash de London Calling a Cut The Crap. El que Green Day
estuvieran demasiado ocupados siendo chavales de menos de diez años cuando
dichas atrocidades estaban ocurriendo no es su culpa. O tal vez sí, porque por
cada uno que dice que Green Day es una copia de cualquier banda semi-oscura y
hace tiempo desaparecida, hay miles de fans de Green Day a los que les importa
un comino, aparte de que nadie en el grupo sabía quienes eran los Undertones
-por poner un ejemplo- cuando decidieron empezar con Green Day.
Vale. Bien. Basta de rollos, vayamos al grano.
Insomniac hace volar tu espíritu más bullicioso. No es una progresión y
exactamente por eso es decente. Es decir, si los Ramones hubieran hecho un par
de discos más como los primeros puede que hubieran conseguido el reconocimiento
que nunca tuvieron, antes de caer en la vulgaridad. Uno admira la falta de
progreso, eso demuestra que tienen agallas. De esta manera Insomniac no
se puede decir que sea mejor o peor que Dookie, por lo mismo que no se
puede decir que Rocket To Rusia sea mejor que Ramones. Cuando el
punk rock muera el año que viene de conformismo, Green Day podrán decir que lo
han hecho.