El terciopelo usado de Dubstar

“Soy una persona que habla y
una persona que piensa/ Crees que olvidaré y me das alcohol constantemente/ No
me puedes comprar y no me puedes usar/ Aunque sé que querrás intentarlo”.
Así es Disgraceful. Un
disco que trata sin complejos las relaciones amorosas y la manera en que la
honradez del momento puede anular cualquier equivocación. Y así son Dubstar, una
formación que hace sonidos tan melancólicos e ingenuamente puros como cualquiera
de las canciones de Mary Poppins.
La voz desolada, cálida y
penetrante de Sarah Blackwood -quien dice estar influenciada por Janis Joplin y
Kristin Hersh- convierte sus dolidas y desafiantes súplicas pidiendo comprensión
en uno de los principales argumentos que hacen del álbum una absoluta delicia.
La madeja de tecnología y arreglos de cuerda tejida por Steve Hiller y Chris
Wilkie recuerdan a New Order, Electronic o St. Etienne.
Su primer disco desprende tanta
confianza en sí mismo, encierra tanta sofisticación de terciopelo, que haría
creer a cualquiera que nos encontramos ante un grupo veterano. Tiene también una
evidente referencia sexual en su portada -buen síntoma- y una emocionante
versión del “St. Within's Day” de Billy Bragg.
Con frecuencia su elegante
sentido de la observación recuerda al primer Morrissey, tomando prestada la
afectación de “Ask” para “The Elevator Song”, poniendo una actitud desafiante
ante la desoladora angustia de “The Day I See You Again” o en el agridulce
vals feminista que es “Just A Girl She Said”
“Si el hombre en que te has
convertido es más Morrison que Morrissey/ Te diré claramente mientras nos
desnudamos/ Las cosas mejoraron cuando te fuiste/ A pesar de que he proscrito tu
nombre desde entonces/ Te llamaré con mi último aliento”.