Corría el año 2001 cuando Charades comenzaron su andadura en Madrid por iniciativa de Isa (Bilbao), María (Barcelona), Coki (Ponferrada) y Guille (Madrid). Su primer trabajo fue The Only One (H-Records, 2004), un EP de cuatro temas a medio camino entre el garage y el pop guitarrero con el que consiguieron llamar la atención del prestigioso sello estadounidense Kill Rock Stars, que incluyó al grupo en el disco recopilatorio Tracks And Fields (2004) junto a bandas y artistas de la talla de Sonic Youth, Gossip, Decemberists o Billy Childish.
Tras registrar un segundo EP que no llegó a ver la luz, Charades lanzaron When Shinning Blue (Corea Discos, 2006) primer disco grande, producido por Santi García, que presentaron a lo largo y ancho de la geografía española actuando en festivales como PopXiriaPop y Primavera Sound. En el verano de 2007, después de un año de arduo trabajo y continuos conciertos, Charades se reencontraron con Santi García listos para grabar su segundo LP. Tras fichar por el veterano sello BCore, aparece En ningún lugar, una nueva colección de canciones que muestra la vibrante evolución de un grupo en continuo e inspirado crecimiento, con el que el grupo se adentra en senderos más envolventes, complejos y, de alguna forma, maduros.
No sé muy bien cuál es la
razón, pero desde las brumas del Cantábrico me parece que los sonidos de Daily
Planet los entendemos mucho mejor. No hizo falta conocer a los componentes de la
banda, ni saber que sello discográfico los respaldaba. Todo eso vendría después.
Bastó con escuchar una de sus pequeñas joyas, Vacaciones en Roma, editada
en el 92, para saber que eran desde entonces uno de nuestros secretos favoritos.
Claro que después supimos que
detrás de tan bello nombre estaba Ibon Errazkin, el mismo que impulsaba las
riendas de Le Mans y que más adelante coquetearía con la música de baile, al
menos en una experiencia conocida, Instrumental. Que con él estaban uno de sus
compañeros en Le Mans, Gorka Ochoa, y dos amigos de La Buena Vida, Borja Sánchez
y Pedro San Martín.
Pero lo mejor fue seguirles el
rastro en sus discos. Aquel encantador E.P. del 92 y el que le siguió un año
después, que se abría con "Rollerball", además del 10" Calypso.
Romance es su último regalo, quince canciones forjadas a base de increíbles
juegos de guitarra y algunos delicados arreglos de cuerda, en los que es posible
respirar el silencio. Puede que lo considere una aventura para los ratos libres
y puede que éste sea su última entrega -hay más de un detalle que nos lo hace
creer así-. Por si a alguien relacionado con el grupo le llegara el mensaje, que
se lo piense otra vez: en la niebla del Cantábrico algunos podemos quedar
desamparados para siempre.