ARTÍCULOS 1996
Albert Pla, por el lado más bestia

Dos
poetas enfrentados frente a sí y una sola obra: Albert Pla supone
Fonollosa. De concepción tan atípica como su contenido.
El
primero de los dos trovadores, José María Fonollosa, ya no vive para
disfrutarlo. Puede que tampoco le importara. Hace dos años se publicó su
poemario póstumo, Ciudad del hombre: Barcelona, y desde hace un
tiempo es reconocido por diversos cantautores patrios.
En su
biografía consta el nacimiento en Barcelona, en 1.922, y sus etapas en
Cuba, a los 30 años, y en Nueva York, más avanzada su trayectoria. Una
producción que quería ser singular en temas y forma y que, además de sus
colaboraciones en la revista Poesía española, incluye La sombra de la
luz (1.945), Umbral de silencio (1.947), Blues y cantos
espirituales negros (1.951, en colaboración con Alfredo Papo) y el
volumen Ciudad del hombre: New York (1.990).
¿)Y que
hay del segundo? Hasta ahora tres discos en el haber de Albert Pla: dos
en catalán -Ho sento molt, 1.989, y Aquí s'acaba el que es
donava, 1.990- y uno en castellano -No sólo de rumba vive el
hombre, 1.992, una lección magistral de rumba-pop irreverente-.
Queda en el
estante Veintegenarios, un trabajo de boleros u sonidos mejicanos
que, por su insuficiente calidad o porque los abogados de su compañía
discográfica decidieron que podían traerles repercusiones legales negativas
-según las diferentes versiones-, no ha sido editado.
Su
responsable es así como indefenso, pero se le percibe una rabia por dentro
descarada. Lo más bestia suyo es que tras esa voz quebradiza y esa carita de
niño asustado se intuye un inquietante mundo interior y se sabe cierta una
mente creativa.
Albert Pla
puede producir desasosiego porque apabulla con su imaginación desbordante y
su torrente de sensibilidad y belleza escondida. No es un artista cómodo ni
de fácil lectura y, precisamente ahí, radica uno de sus mayores atractivos.
Escabroso algunas veces, escatológico otras, irreverente las más, Pla es la
alternativa más válida al resurgir de los cantautores tan políticamente
correctos.
¿Polémico?
Tan sólo para las mentes pacatas y fácilmente asustadizas, fieles al
espíritu de lo convencional. Tal vez por ello sea lo menos recomendable para
todos los que se sorprendieron este año con Javier Álvarez o Pedro Guerra.
Que más da: él lleva haciendo canciones media docena de años y permanece en
su mundo, ajeno a cualquier fenómeno de una temporada.
En dónde se
cruzaron los caminos de Fonollosa y Pla no queda claro ni nos importa. Tan
sólo sabemos que no se llegaron a encontrar y que a Albert Pla los pocos
datos de los que dispone son todo lo que necesita para enfrentarse al
trabajo de Fonollosa. No necesita nada más que pueda interferir en su
distanciamiento voluntario de Fonollosa: ni una mala fotografía ni ninguna
otra referencia.
Sólo
Albert Pla supone Fonollosa puede hablar del encuentro. Las palabras que
lo sostienen refieren, en lo esencial, lo señalado por el mismo Fonollosa
como “los más populares y apasionantes temas de esta época: muerte, sexo,
crimen, mujeres...”, o sea, personajes amorales que desean, aman y odian sin
contemplaciones.
Con arreglos
mínimos y sencillos -parcos en exceso, puede que sea su único detalle
mejorable-, Pla hace suyos los textos de José María Fonollosa, hasta el
punto de resultar perfectamente intercambiables con sus propias historias
del pasado. Incluso las voces del humorista Eugenio en el corte que abre el
disco (“Puedo empezar”) y de Robe de Extremoduro en el que lo cierra (“No”),
así como el único tema compuesto por Pla (“Añoro”), encuentran su hueco,
perfectamente integrados en el planteamiento global.
Tan sólo un
corte parece fuera de lugar: la versión del “Walk On The Wild Side” de Lou
Reed que Pla titula “El lado más bestia de la vida”, recuperada de las
sesiones perdidas de Veintegenarios. Aunque su adaptación a los bajos
fondos de las ciudades que todos conocemos, con los ajustados retratos de
sus desdichados pobladores, y su ritmo de rumba desbocada la convierten en
el gran hito de los últimos meses, una canción que vale por todo un disco y
que no merecía la suerte de quedar olvidada para siempre.