ARTÍCULOS 1995
Aquella melodía americana

Entre el gusto por la distorsión y las encendidas
guitarras eléctricas, poco hueco queda en el nuevo y excelente rock
americano para las canciones con melodía simple y efectiva. Hasta el mismo
Neil Young incluyó en su disco en directo Weld, hace unos tres años,
una media hora de pura distorsión. De todas formas, aún quedan algunos
buenos ejemplos que equilibran la balanza.
Nada mejor que comenzar con uno de los mejores
discos de los últimos meses, que además tiene al maestro Neil Young como
influencia más evidente. Se trata de Pale Blonde Hell (Normal-Running
Circle) de Chris Cacavas. El antiguo teclista de Green On Red, y
colaborador habitual de Giant Sand, The Dream Syndicate o Steve Wynn, formó
en el 89 su nueva banda, Junk Yard Love, y desde entonces ha editado tres
discos. Aunque hoy asegura que se entusiasma al escuchar la voz del
canadiense, jura y perjura que jamás se propuso imitarla. Entre lamentos de
blues y poderoso rock se mueve el disco perfecto para complementar el aire
melancólico del Sleep With Angels de Neil Young.
Algunos se empeñan en seguir por el mismo camino,
aunque los demás ya no le sigan de la misma forma. Tal es el caso de
Frank Black, antes Black Francis. El que fuera líder de los Pixies,
hasta que los dejó sin previo aviso, dio al rock gran parte de sus mejores
momentos en el último cambio de década. Canciones imaginativas, rabiosas y
dirigidas directamente a acabar con las estructuras más clásicas. Tras su
disolución, no parece que le sea fácil igualar su legado. En Teenager
Of The Year (4AD-Caroline) repite lo ya demostrado el año pasado con
su primer disco. Sus veintidós canciones son prueba de más variedad y menos
sorpresa.

Otro que deja a un lado su banda de siempre es
Mark Lanegan, que escapa de sus aventuras más ruidosas al frente de los
Screaming Trees para dedicarse en su segundo trabajo en solitario a
experimentos más acústicos e igualmente intensos. Si en el primero
colaboraron sus amigos de Nirvana, en este Whiskey For The Holy Ghost
-Whiskey para el Espíritu Santo- (Sub Pop-Running Circle) se rodea de
un pequeño grupo de músicos con los que trabaja sus canciones al detalle.
Por lo que se puede apreciar, la depresión es su estado de ánimo habitual, y
eso convierte sus canciones en una experiencia agobiante y poco corriente en
el complaciente mundo del rock.
Una de las mayores sorpresas de la temporada son
Lotion, con su disco de debut titulado Full Isaac (Big Cat-Caroline).
Después de registrar dos singles en el oscuro sello independiente Shimmy
Disc/Kokopop, para Full Isaac han contado con la producción de Kurt
Ralske, el nombre que está detrás de Ultra Vivid Scene, y las mezclas de
Steve Haigler, habitual en los trabajos de R.E.M. y Pixies. Ellos citan,
además, a Peter Frampton, Leo Sayer o T. Rex entre sus influencias. Puede
ser cierto, pero lo que es más evidente es que han logrado colocarse en un
difícil lugar a medio camino entre Hüsker Dü y los propios R.E.M. Tal vez
desprecien las melodías perfectas en algunas canciones, pero en otras no
dudan en emplear el cello o la tabla.

The Silos,
por contra, no son el último descubrimiento, pero tampoco decepcionan nunca,
lo que ya es por sí todo un mérito. Walter Salas-Humara, de ascendencia
hispana, entiende a la perfección la mejor tradición del folk-rock que se ha
venido componiendo en tierras norteamericanas los últimos treinta años. Su
anterior disco, Hasta la victoria, acabó con todo lo que era
accesorio a su sonido. Para este Diablo, las canciones se basan
totalmente en unas melodías casi pop y se apoyan, sin complejos, en un
violín o una guitarra acústica. Mención aparte merece la atractiva
presentación, con esa chica aporreando la batería en la arena de una playa.
Por último, Green Day, que son ya los
R.E.M. o Lemonheads de este año, o sea, la sorpresa millonaria con un pasado
independiente e intachable detrás. Ese pasado son dos discos -39/Smooth
y Kerplunk- grabados para la compañía Lookout. A continuación vino el
fichaje por una multinacional, curiosamente la misma que tiene a las dos
bandas antes citadas, y su tercer disco Dookie (Reprise-WEA). Puede
que sea la edad, alrededor de los 20 años, o que siempre les haya gustado
vivir al límite y en la carretera. Lo cierto es que Dookie son
catorce trallazos de punk-rock que, en el mejor de los casos, puede
acercarse al power-pop. No hay temas largos ni pretenciosos, ni aburridas
introducciones, ni letras moralizantes, ni solos de guitarra. Como si los
Ramones hubieran regresado en plena forma y con unos años menos.