Bruce Springsteen, de vuelta a la América profunda

La enésima vuelta de tuerca. Habíamos asistido a
tantos intentos de revitalizar su carrera que uno más no debería sorprendernos.
Bruce Springsteen había caído en las garras de la celebridad, cediendo en su
creatividad. En los últimos años su estela no había hecho más que apagarse: un
divorcio, dos discos prescindibles (Human Touch y Lucky Town), el
distanciamiento de su banda de siempre (The E. Street Band), unos conciertos del
93 que mostraban a un artista envejecido y falto de nuevas ideas, y un intento
posterior (MTV Plugged) que no pasó de una edición limitada.
Tal vez su participación en la banda sonora de
Philadelphia sirvió de reencuentro consigo mismo y de revulsivo, gracias a
una humilde balada distinta a todo lo que le habíamos oído, con el latido del
corazón como base rítmica y el SIDA como motivo principal.
Cuando todo lo demás falla, cuando todos los
esfuerzos han sido en vano y no se puede encontrar una explicación, lo único que
queda es dejar que fluyan las palabras. Las palabras fueron el arma utilizada
por John Steinbeck -a través del protagonista de Las uvas de la ira, Tom
Joad, convertido de granjero a predicador- para expresar su reacción ante la
pobreza que encontraba a su alrededor en la América de los años 30. El mismo
arma sirve a Springsteen, que siempre se declaró un ferviente admirador de la
película de John Ford rodada a partir de la novela, para trazar un nuevo retrato
de la situación de su país y, sobre todo, para recuperar su creatividad.
The
Ghost Of Tom Joad
toma su nombre del personaje principal de aquella novela para devolvernos al
Bruce Springsteen cantautor acústico y seco de Nebraska y de alguna que
otra canción de sus primeros discos, especialmente las que recogía Darkness
On The Edge Of The Town.

Cierto. En este disco, las historias se desenvuelven
en un tono acústico y cinematográfico alrededor de marginados, inmigrantes,
parados, traficantes, delincuentes, ex-combatientes del Vietnam -perdedores en
una palabra-, que sólo buscan superar la adversidad. Todos persiguen la
felicidad a su manera en medio de unas condiciones extremas, lo que se convierte
en una empresa casi imposible.
Hay bastantes ejemplos. El vagabundo Frank,
recorriendo el país en busca de trabajo, anónimo hasta en su muerte. "The New
Timer": "Nos separamos al llegar la primavera. / Nunca volví a ver a Frank /
Excepto una noche lluviosa cuando le vi pasar fugazmente en un tren de
mercancías / Gritó mi nombre y desapareció en la lluvia y el viento / Le
encontraron muerto de un tiro en las afueras de Stockton / Su cuerpo yacía en
una colina fangosa / No le quitaron nada, ni le robaron nada / Alguien le mató
sólo por el gusto de matar".
Los hermanos mejicanos que cruzan la frontera para
ser separados por la muerte en un cobertizo que acaba explotando. "Sinaloa
Cowboys": "Dejaron sus hogares y sus familias / Su padre les dijo: ‘Hijos míos,
vais a aprender algo, por cada cosa que el norte os da, os exigirá un precio a
cambio’ / Trabajaron codo con codo en los campos de fruta / Desde la mañana
hasta que terminaba el día / Haciendo el trabajo que los güeros no harían".
El ex-convicto Charlie, incapaz de rehacer su vida y
con la eterna tentación de volver a las andadas. "Straight Time": "Tengo el frío
presentimiento de ir a cruzar esa línea estrecha / No adelanto nada viviendo
esta condenada rutina / Ocho años encerrado, parece que te vayas a morir / Pero
te acostumbras a todo / Tarde o temprano se convierte en tu vida / En el sótano,
una escopeta de caza y una sierra / Un trago de cerveza y trece pulgadas de
cañón recortado caen al suelo".
El joven Araña, capaz de cualquier cosa para ganar
algo de dinero y enviar una poco a casa. "Balboa Park": "El se crió cerca de la
zona norte / Con los timadores y contrabandistas con quienes se codeaba / Se
tragó sus globos de cocaína / Los trajo hasta la zona de la calle 12 / Dormía en
un refugio para desamparados si la noche era demasiado fría / Huyendo de los
agentes de la patrulla fronteriza".
Es el triunfo de las palabras. No hay lugar para la
instrumentación, espartana en todo momento -cualquier sonido podría descubrirse
como una intromisión en las historias-, y los leves apuntes de teclado, violín o
bajo apenas son perceptibles en la atmósfera de cada historia.
Tan duro como la vida real, y por ello más apegado al
auténtico Springsteen, al cantautor estilo Bob Dylan o Woody Guthrie que siempre
quiso ser. Puede que sea una jugada maestra para reconciliarse con la crítica y
para librarse del estancamiento artístico, como nos quieren hacer ver, pero ¿
qué razón tiene el gran público para darle la espalda a la realidad?