Bruce Springsteen, el gran pasado

Se apaga su estela. Después de muchos años como
indiscutible rey del rock, Bruce Springsteen debe aprender a vivir con la idea
de que las nuevas generaciones no le tienen en tanta estima. Elvis reinó durante
parte de los 50 y 60, pero acabó de rey de los casinos de Las Vegas.
No será el caso de Springsteen, aunque lo cierto es
que en los últimos tiempos sólo la banda sonora de Philadelphia le ha
reportado sus minutos de gloria con, curiosamente, una balada con el latido del
corazón de fondo y el SIDA como motivo principal. Una oferta que le llegó de
rebote, cuando la canción presentada por Neil Young, quien había recibido el
encargo original de Jonathan Demme, el director de la película, les pareció a
todos una balada demasiado triste. La de Bruce Springsteen también salió así,
pero se llevó el Oscar y unos cuantos de esos devaluados Grammy.

En los últimos tiempos el boss no levanta
cabeza. Tras su divorcio vinieron dos discos con escasa repercusión, Human
Touch y Lucky Town, a lo que hay que añadirle su distanciamiento de
su banda de siempre, The E. Street Band. Incluso en su concierto del Xacobeo en
Santiago, el rey andaba un tanto envejecido. Su último disco MTV Plugged
no pasó de una edición limitada.
Así que para recuperar su lugar, Bruce Springsteen se
decide ahora por un disco de grandes éxitos, Greatest Hits, con 18
canciones, todas esas que tan bien quedan a la hora de corear en pandilla,
olvidando sus comienzos y prestando especial atención a Born In The USA,
su mayor éxito. Para enganchar al coleccionista se incluyen cuatro inéditos y
notas del propio Springsteen, que sirven para descubrir anécdotas como la que
cuenta que "Hungry Heart" fue escrita para los Ramones. Tan increíble como
cierto.