Unos quince años, cinco discos de larga duración, un álbum de versiones, varios EPs, muchas giras por toda la Península… Y, sin embargo, en la primera división del pop estatal casi nunca se ha tenido en cuenta a Niños Mutantes, por elementos ajenos al grupo. Puede que todo cambie con su nuevo álbum, Todo es el momento, que, de nuevo, presentan en directo con una larga gira.
Los números marean -30.000 espectadores diariamente de media, 30% de público
extranjero, 1.000 periodistas, más de cien actuaciones…-, pero eso es lo de
menos. Benicassim es ya el punto de encuentro de dos generaciones, una en
crecimiento y otra a la que le cuesta dejarse arrinconar. La primera, la de los
artistas clásicos, refrendados este año por un público más adulto de lo
habitual, al que se le suman los treintañeros que ya empezaron con la primera
edición y que ahora acuden con sus bebés. Y la segunda, la de los jóvenes que
siempre han acudido en masa al festival, y que este año se sentían menos
representados por la menor presencia de artistas de ahora.
Ambas tuvieron este año momentos para el disfrute y momentos para la decepción.
La mayor, para todos, la ausencia de Morrissey, anunciada tan sólo una hora
antes de su concierto, cuando su escenario y sus músicos estaban ya preparados.
La razón más probable: problemas técnicos de su avión privado y un ataque de
ansiedad como consecuencia. Las gestiones para ubicarlo en otro horario no
resultaron, según la organización. Su propuesta para tocar el domingo fue
rechazada, según su manager. Da igual; los perjudicados fueron los fans y todos
aquellos que compraron sus entradas: las lágrimas de muchos eran buena prueba.
Tindersticks,
¿alguien dijo tristeza?
El jueves, una vez caídos del cartel The Shins y Paul Weller, no prometía
demasiado. A Tim Booth le faltan las canciones que tenían James y sus ganas de
agradar son demasiado evidentes. Fangoria, a pesar de atraer al público más
numeroso, no pudieron con su pésimo sonido. Ash supieron relegar el heavy-pop
de su último disco, Meltdown, para
imponerse con lo mejor de su –intrascendente- repertorio. Zoot Woman, sin
Stuart Price -de gira con Madonna como director musical-, hicieron méritos al
peor concierto de los cuatro días.
El viernes ya se anunciaba distinto desde que Snow
Patrol arrancaron la primera ovación. Guille, de La Casa Azul, también lo
consiguió, demostrando que esto era, en un principio, un festival de pop. Sin
embargo, el rock no le quedó nunca lejos, y ahí estaban Kings Of Leon para
demostrarlo, alejándose de sus guitarras sureñas para avanzar que se acercan a
Television en lo que será su segundo disco.
Einstürzende
Neubaten, qué miedo
Tindersticks bordaron la primera actuación sobresaliente del festival. Sus
canciones tristes e intensas no tienen nada que ver con las bromas que se
gastaban antes de salir al escenario. A esa hora, Air intentaban sacar lo mejor
de su vertiente pop sin que se les notara en exceso su ramalazo sinfónico. Pero
entonces llegaron los alemanes Einstürzende Neubauten, con Blixa Bargeld al
frente, y pusieron una tensión y un desasosiego como nunca se había visto en
Benicassim, con sus planchas metálicas, vibradores, bidones e instrumentos
imposibles. The Charlatans, a su lado, no daban más que para una canción,
“Sprotson Green”, y eso gracias al Hammond, que ensombrece a todo el resto.
The Charlatans,
¿cuándo se pasó el arroz?
Todavía quedaban dos de los nombres clásicos de la electrónica. Lo de Pet
Shop Boys y Kraftwerk no se diferenció mucho: sendas interpretaciones
eficientes, con un montaje frío, de sus grandes éxitos. Sucede que los
primeros van por el lado hedonista de la vida y convencieron sólo a sus
seguidores, que parecían ser muchos, mientras que los segundos, con un guión
mucho más cerebral, acabaron por seducir a todos, aunque sus trucos
probablemente no causen el mismo efecto una segunda vez.
Scissor Sisters,
full monty
Al día grande, el sábado, le tocó lidiar con la decepción de Morrissey. Los más
beneficiados por su ausencia y la necesidad de diversión fueron Scissor Sisters,
que aprovecharon su oportunidad con el concierto más bailable y bailado,
incluyendo un desnudo integral de Babaydaddy. Son como un chiste, pero de los
buenos. Antes Teenage Fanclub, que habían pedido cambiar de hora para no
coincidir con Morrissey, volvieron a lucir, una vez más, sus guitarras luminosas
y sus melodías celestiales.
Yann Tiersen, el
virtuoso se basta solo
En una noche en la que nadie falló, Yann Tiersen lució su faceta más eléctrica,
aunque también tuvo tiempo para recrear Amelie
y para tocar el piano con una mano y el acordeón con la otra. Lou Reed quería
desquitarse por el fracaso del Xacobeo y no le pudo salir mejor. Lo controló
todo, dejó caer varios clásicos y regaló una escalofriante versión de
“Venus In Furs”, gracias, en parte, al violonchelo de Jane Scarpantoni.
Los Planetas, la
rumba en el FIB
Belle & Sebastian quisieron repetir, para su final de gira, sus conciertos
anteriores en Benicassim -“el mejor festival del mundo, aseguraron”-, pero
el repertorio no fue el de las otras ocasiones. Después, a Los Planetas les
faltó tiempo: cuando comenzaban a encajar canciones contagiosas una detrás de
otra, les dio por versionear con palmeros una rumba de Bambino, finalizando
antes de lo que deberían. Es igual, porque Bobby Gillespie, como poseído por
el demonio, puso en marcha la apisonadora rítmica de Primal Scream,
estruendosa, sucia, peligrosa y abrumadora. Según aseguraron al director Julien
Temple, habían dado el mejor concierto de su vida.
Primal Scream:
Bobby Gillespie poseído por el diablo
Aún tenían que llegar los veteranos el domingo. Lo de Arthur Lee sólo tiene
una definición: patético o, mejor dicho, la mayor tomadura de pelo en diez años
de festival. Dicen que llevaba tres noches sin dormir y que estaba muy afectado
por la muerte de su amigo Rick James, pero lo cierto es que su colocón
le impedía casi cantar, coger la guitarra o el micro. Su banda le hizo todo el
trabajo y el público lo abucheó a gusto antes de desertar en masa. Le
aplicaremos lo que decía una tendera de Benicassim, “los fibers,
aunque no lo parezcan, son inteligentes”.
Love, ayúdame
en este trago, amigo Rick James
Nada que ver con Wire, que a sus cincuenta y tantos años demostraron que para
atronar, nadie como ellos. Nadie necesita un imperdible para ser punk. ¿Y para
hacer brillar el sol? Pues tampoco se necesita ser los Beach Boys, aunque sea
Brian Wilson quien se ponga al frente. Lo sentaron en el escenario delante de un
teclado que apenas tocaba, leía las letras en una pantalla, se equivocaba al
presentar las canciones y todo dio igual, porque encadenó un éxito tras otro
de los Beach Boys. Hasta los niños bailaban el rock’n’roll
y el surf de los 60 de aquella particular verbena. El mérito era de unas
canciones eternas y de una banda de acompañamiento joven, pero excelsa. The
Wondermints es su nombre.
Brian Wilson,
con el Inserso y The Wondermints de vacaciones por España
En la recta final, Franz Ferdinand pusieron la actuación más intensa e
incendiaria de un grupo novel en 10 años. Spiritualized se perdieron entre su
maraña psicodélica, gustando más o menos según las sustancias que cada una
hubiera tomado. Lambchop mostraron la misma clase que en la gira de este año
que pasó por Pontevedra, aunque la versión esta vez fue de… ¡Sisters Of
Mercy!
Teenage Fanclub,
del FIB al cielo
Ya sólo quedaba la electrónica de grandes estadios y trazo grueso de The
Chemical Brothers, el punto final apropiado a cargo de la banda amuleto de la
suerte de un Festival con visos de continuidad y de apertura. Aún siguen
pendientes REM, New Order, David Bowie, The Strokes, Nick Cave y Depeche Mode.
Y, una vez más, Morrissey…