ENTREVISTAS
2007
Richard Hawley,
la calle es suya

En una época
en la que incluso nuestras canciones favoritas se escuchan de forma aleatoria,
necesitamos música que permanezca y se pegue durante un tiempo, álbumes que
podamos seguir escuchando de una sentada hasta que se desgasten como habían
hecho las generaciones anteriores con sus discos de Johnny Cash, Frank Sinatra,
The Beatles y The Smiths. Algo real. Algo atemporal. Algo bueno.
Justo lo que
ha conseguido hasta ahora con sus discos Richard Hawley, levantando el reto de
la calidad con una economía de emociones baratas. Grabado entre enero y junio de
este año, su nuevo álbum Lady’s Bridge está repleto de suficientes
clásicos como para que te dure una buena temporada. La música buena no necesita
de modas, consigue sus propios amigos. Y Lady’s Bridge encontrará muchos.
Cuando Coles
Corner recibió una nominación para el premio Mercury Music Prize del 2006,
Richard Hawley era un intruso, un antisocial, con un álbum cuyo éxito había sido
lento pero que iba calando lentamente por el boca a oreja. Pero la misma noche
de la ceremonia de los premios ya se había convertido en el favorito de mucha
gente, incluyendo los ganadores Arctic Monkeys, quienes comentaron: “¡Que
alguien llame al 091, acaban de robarle a Richard Hawley!”. Naturalmente, el
propio Hawley ni se inmutó. ¿Qué se puede esperar de quien ha sido calificado
como “el Elvis del Norte”, cuando él mismo se reconoce como “ese tonto gafotas
de Sheffield”?
Hoy Coles
Corner sigue sonando igual, pero la buena noticia es que con Lady’s
Bridge Richard ha hecho un álbum igualmente digno. “No quería reinventar la
rueda ni nada por el estilo”, explica. “Escribo canciones y toco la guitarra,
eso es todo. No hay ningún misterio en eso. Sencillamente estoy en una búsqueda
constante de algo hermoso, melodías que pegan. Eso es lo que hago; me resulta
difícil de explicar porque en realidad es muy simple”.
Lady’s Bridge
es más variado que Coles Corner. Según la ley de Hawley, todas las
grandes canciones tienen que darte ganas de luchar, follar, llorar o beber.
Lady’s Bridge satisface sin duda las dos últimas categorías y, una vez que
sabes dónde buscar, también hay algo de las otras dos. La voz característica
sigue presente y mejor que nunca, pero aquí Richard explora no sólo aquellas
baladas sin esfuerzo que parecían detener el tiempo, sino también el rockabilly
y el doo-wop.
Los temas de
rockabilly (“Serious” y “Looking For Someone To Find Me”) llegaron tras su debut
como actor en la película Flick en la que aparece como un pinchadiscos
rockabilly de radio junto a la oscarizada Faye Dunaway. “Se suponía que yo iba a
grabar la banda sonora, pero me despisté como hago siempre”, declara. “En vez de
hacer lo que se suponía que tenía que hacer compuse “Serious”.
Al igual que con
el mítico lugar de encuentro de los amantes en Sheffield, Coles Corner,
el álbum toma el nombre de otro lugar característico de esa ciudad. “Lady’s
Bridge es el puente más viejo de la ciudad”, explica Richard.
“Históricamente conectaba la parte pobre de la ciudad, de donde vengo yo, con el
lado rico. Pero significa también mucho para mí porque últimamente siento como
que he cruzado un puente en mi vida”.
Lady’s Bridge
es un disco intensamente personal por muchas razones, pero principalmente porque
durante su grabación Richard perdió a su padre Dave Hawley en febrero de 2007,
tras una batalla de tres años con el cáncer. Hawley padre era un hombre que no
sólo inspiró a su hijo a coger una guitarra sino que le enseñó su ética del
trabajo (formó parte de una generación de músicos que trabajaban todo el día en
la industria del acero y luego, por la noche, daban conciertos) y su sentido del
humor. Aquí, en palabras de Richard estaba “un teddy-boy de la primera
ola que vivió la vida a tope y que podía hacer reír hasta a los gatos”.
“Era muy difícil
no dejar que los acontecimientos que estaban ocurriendo afectasen al disco”,
explica “Yo intenté mantener un equilibrio y estar al tanto, no perder de vista
la bola. Lo último que mi padre me decía todas las noches en la residencia para
enfermos terminales era: “Ahora, hijo de puta, no pierdas de vista la bola”. Y
luego, justo cuando yo me marchaba, decía: “Y no te olvides de mi cerveza y mis
cigarrillos”.
En homenaje a su
padre, la portada del álbum muestra a Richard en el equivalente en Sheffield a
The Cavern, el legendario Club 60, en el escenario donde su padre, hace más de
30 años, tocó con las leyendas del blues John Lee Hooker y Muddy Waters. No hay
duda de que su padre también aprobaría la serie de vídeos que ha hecho Richard
con el director de Made In England, Shane Meadows, uno de los fans de la
creciente legión de seguidores de Hawley, que muestran al cantante en varios
estados de ridículo disfrutando de un romance con un maniquí, manejando una
silla de ruedas por su parque local y vestido como John Travolta cantando a lo
crooner ante un público desconcertado en un hogar de jubilados.
“Shane consiguió
hacer lo que yo quería”, declara. “Me tomo mi música muy en serio, pero los
vídeos son un poco como una broma. Aborrezco los vídeos en los que aparece
alguien actuando, sólo interpretando la música o ahí de pie. No sólo te están
vendiendo algo esas marionetas, sino que además tienes que lidiar además con su
ego y toda esa tontería de los bailes y cantes. Cuando haces vídeos estás, en
última instancia, tratando de vender cosas a la gente, por lo que lo mínimo que
puedes hacer es hacerlo con un poco de gracia y echarle humor”.
El álbum se grabó
en los estudios Yellow Arch en Neepsend, Sheffield, en el destartalado edificio
que Hawley y sus amigos ayudaron a restaurar hace casi cuatro años. Al igual que
había hecho con Jarvis Cocker (a quien Richard persuadió para regresar a
Sheffield si quería su ayuda para su álbum de debut en solitario) no se planteó
nunca la duda de grabar en el extranjero o en un gran estudio.
“Todos esos
sitios son como estar en la cubierta de la nave espacial Enterprise”, comenta.
“Si vas a ponerte con lo esencial de lo que sientes, no necesitas pan italiano
ni una mesa de billar. Tienes que centrarte en lo que estás haciendo: todo lo
que necesitas es un equipo barato y lápiz y papel”.
Además, Yellow
Arch le da lo que él llama “ese factor de los míticos estudios Sun en el
distrito rojo, del barrio chino y la presión de entrar en el estudio con el
esqueleto de una idea y salir de allí con una obra maestra”. En enero pasado
empezó la grabación con 40 canciones en distintos estados de desarrollo. Cuatro
meses más tarde se fue del estudio con 11 para añadir al cañón Hawley.
Lo mismo que
ocurría en Coles Corner, los fantasmas se aparecen en Lady’s Bridge:
son las víctimas de la Gran Inundación de Sheffield recordados en “Roll River
Roll”, los rescoldos de pasados romances en “Valentine” y el glorioso “The Sun
Refused To Shine” o la triste y sola inquietud viajera de “The Sea Calls” y
“Dark Road”. Hay ternura en la encantadora “Our Darkness”, que muestra a nuestro
héroe regresando al santuario de su hogar, y también hay agallas en “Tonight The
Streets Are Ours”, probablemente la canción más hermosa que hayas podido
escuchar sobre la brutalidad de la política de los gobiernos británicos ante
comportamientos antisociales. Por ahora no hay quien pare a este tonto gafotas.

¿Te sorprendió el éxito comercial
de Coles Corner?
- Sí,
completamente. Me trastornó, ya sabes, porque yo nunca esperaba que nadie
captase lo que hice, para nada. Fue una agradable sorpresa, pero fue un poco una
carrera loca porque en un minuto estás como haciendo música en una especie de
estudio secundario en Sheffield y luego, al minuto siguiente, estás en la tele y
en los periódicos y todo eso. Me dejó desconcertado por un tiempo, pero luego
piensas: “Esto está bastante bien”, porque yo no me dispuse a ser un artista de
éxito; ocurrió porque tenía que hacerlo. Llegué a cierta edad en mi vida donde
sencillamente pensé: “Si no hago esto y saco estas ideas que tengo, voy a llegar
a los 60 y encontrarme mirando atrás a mi vida y realmente lamentarlo,
arrepentirme”.
¿Te reconocen ahora por las calles de Sheffield? ¿Cómo se siente
eso?
- A veces te
trastorna, especialmente si estás en medio del supermercado o algo así, pero
siempre es agradable. Hasta ahora, nadie me partió la cara o quiso matarme
todavía. Sí, es agradable, y además no creo que la gente de Sheffield esté tan
impresionada. Siempre está ese: “¡Vamos, hombre!” o “Me gusta eso”, porque
simplemente significa que tu cabeza no puede hacerse demasiado grande, y te
mantiene en tu sitio, cosa que es… Ya sabes, sigo viviendo en una casa adosada
en Sheffield, criando a mis tres hijos, que es lo que quiero hacer con mi vida,
principalmente. Simplemente ocurre que toco música.
¿Cuánto tiempo
llevas escribiendo canciones?
- Desde
que era un crío, muy joven, sí. Recuerdo a mi padre subiendo las escaleras
cuando yo tenía unos 10 años, y diciendo: “¿Para qué demonios tienes todavía la
luz encendida? ¡Deja esa guitarra!” Yo simplemente estaba sentado allí tocando y
dije: “No sé de quién es esta canción. ¿De quién es?” La toqué un poco y él
dijo: “Es tuya. Ahora, ¡vete a la maldita cama!” Apagó la luz y yo me quedé allí
pensando: “¿Qué quieres decir, es mía?” Era la primera vez que me di cuenta de
que podía de hecho hacer mi propia música, por mí mismo. El arte de escribir
canciones es algo que siempre me ha fascinado, cómo puedes crear algo de la
nada. Es increíble.
¿Escribes porque tienes que trabajar o porque apuntas hacia un
producto final?
- No,
nunca miro al final. Es donde estás. Si supieras qué es lo que va a pasar en tu
vida, sería muy aburrido. Para mí es simplemente la música. El Fin. Ya sabes,
punto final. Todo lo demás es adyacente y... Digo que vi como mi padre casi se
mataba en la acería, y mis tíos, y siempre me decían: “No vayas a la acería”.
Tocar la guitarra en cierto modo supongo que es una forma de evitar tener una
carrera, pero es bastante extraño que al final acabó siendo como eso, pero no me
importa. Me gusta estar ocupado y trabajando. Es simplemente la música. Eso es.
El Fin, ya sabes.
El telón de fondo de tus canciones es a menudo tu propia ciudad,
los sitios que conoces, la gente que te encuentras, particularmente en
Sheffield. ¿Existe una razón para esto?
- No me
gusta la idea de escribir canciones sobre algo de lo que no sabes nada. Muchos
compositores escriben cosas como situaciones que imaginan, y a mí no me gusta
eso. Tiene que ser algo que esté basado en la realidad y me gusta el hecho de
que las cosas mundanas puedan ser realmente románticas y hermosas cuando se
ponen en el contexto de una canción o una obra o una película o lo que sea. El
otro día estaba conduciendo con mi mujer en el Peak District (otra de las cosas
buenas de vivir en Sheffield es que tienes un cinturón verde al 100%) y vi a mi
alrededor algo como las grandes llanuras en América, como yo lo imaginaba, o la
tundra rusa o algo así... Está como a 3 Km de mi puerta, y me gusta el hecho de
que, como dije, puedes poner cosas muy simples y mundanas como telón de fondo
para una canción y toman una gran importancia y resonancia, algo que no
conseguirías simplemente hablando sobre ello, creo.
¿Sientes que
Sheffield es a veces una ciudad que se pasa por alto?
- Sí, históricamente creo que Sheffield está bastante olvidada.
Es una ciudad enorme. Tiene un ambiente único, creo. No importa lo que le hagan
arquitectónicamente: ha intentado reinventarse a sí misma en innumerables
ocasiones. Pero hay algo en el espíritu de la gente que vive en Sheffield que
los hace bastante fuertes y con un gran sentido de humor también, que es otra
razón por la que me quedo, porque la cabeza nunca puede hacerse tan grande, ya
sabes.
¿Qué música
escuchas en casa?
- Escucho discos,
la colección de discos de mi padre, de mi tío y de mi abuelo. Desde Caruso a
Mario Lanza hasta los Everly Brothers, Howlin’ Wolf, Roy Orbison, Sanford Clark,
Sonny James… Podía seguir así sin parar.
El álbum se llama
Lady’s Bridge.
¿Puedes aclararlo?
-
Lady’s Bridge es… Era el punto de paso más estrecho del río Don y fue
construido… Esto no se podía inventar, ¡sinceramente! Fue construido por un
príncipe normando llamado William de Lovetot. Creo que se construyó
originalmente en 1145 y estaba hecho de madera, y al lado de él había una
capilla que se llamaba Capilla de Nuestra Señora, y el puente tomó el nombre de
Lady’s Bridge de eso. Creo que fue Enrique VIII, que encargó a un albañil
llamado William Hill que lo construyese de piedra, y tenía peldaños, por lo que
los coches no podían cruzarlo. Tenían que pagar un peaje para trasladar sus
cosas por él, pero retrasaba el comercio, supongo, del castillo, donde está el
mercado del Castillo en Sheffield ahora. Así que tiraron los peldaños y
allanaron el puente para que los coches pudieran cruzarlo, pero también fue una
especie de… Era un lugar que separaba la parte pobre de la ciudad, que es donde
se desplazó toda la industria en los últimos años, de la, digamos, parte este y
oeste, que era como la parte opulenta de la ciudad. El símbolo de un puente es
literalmente cruzar de un punto a otro, y yo recientemente llegué a los 40 y
había muchas cosas en mi vida que han sucedido en el último año o así, cuando
tienes que dejar cosas atrás y avanzar. Es realmente difícil a veces hacer eso.
Realmente es el simbolismo de eso, supongo.
¿Es el simbolismo del puente algo particularmente personal para
ti?
- Bien,
mi padre falleció durante la grabación del disco y él había cruzado virtualmente
cada puente por el que yo he pasado alguna vez en mi vida, y sabía que no
cruzaría este conmigo. Llegó a medio camino, de hecho, porque escuchó la mitad
del álbum, pero nunca escuchó el resto, y eso es una gran parte de ello. Va
sobre pérdida y cosas negativas en tu vida que tienes que perder y es importante
avanzar… A cosas más brillantes, más alegres, espero.
Hablemos de algunas de las canciones en
Lady’s Bridge.
El álbum se abre con la preciosa “Valentine”. ¿Puedes contarnos algo de esa
canción?
- Bueno,
trata sobre ser duro, aunque... “No necesito ninguna tarjeta de San Valentín. No
necesito ninguna rosa”. Trata sobre cuando pierdes a una pareja, de cómo la
gente se recupera otras veces, vuelven a estar enteros y a veces no lo hacen
bien, porque cuando estás con alguien eres la mitad de un todo y luego, cuando
esa persona ya no está, eres solo una mitad. Es una habilidad y una cosa
valiente también, volver a ponerte entero y a veces… Me ocurrió en el pasado y
te endurece, emocionalmente, de forma que no sientes nada, y trata de eso en
realidad.
Mucha de la imaginería en este álbum es muy naturalista: lluvia,
ríos, viento y horas nocturnas. ¿Es la naturaleza una inspiración para ti?
- Son
sólo elementos; no importa dónde vayas y dónde vivas… Incluso si vives en Tokio
o Nueva York o Londres, un sitio real que es muy, muy urbano, la naturaleza te
afecta. No puedes evitarlo. Dondequiera que vayas, los elementos naturales te
afectarán.
“Roll River
Roll” (“Rueda río rueda”) se refiere a la Gran Inundación que hubo en Sheffield
en 1864. ¿Puedes hablarnos un poco de eso?
-
Siempre me irrita, mucho, de hecho, que en Sheffield, no sé la razón, pero nunca
erigieron un monumento a las víctimas de la inundación, y no sé si es un acto
arrogante, pero esa canción es, en cierto modo, como una especie de monumento a
las víctimas de la inundación. Trata sobre el fantasma que todavía acecha al río
y que no estará en paz hasta que alguien lo recuerde. Porque fue hace mucho
tiempo, hace unos 140 años. Dice: “Estoy desamparado, perdido y olvidado”.
La parte
central de “Roll River Roll” es una preciosa melodía de piano. ¿Cómo surgió eso?
- Lo que
más me gusta de esa canción es, de hecho, Jon Trier, mi teclista, bueno, nuestro
teclista. Es el que toca el piano ahí. Lo hizo todo en una toma y fue un momento
verdaderamente mágico en el estudio, simplemente observándole a él tocar. Fue
sencillamente precioso. No tuve que pedirle que tocara en ningún estilo
determinado. Él lo hizo todo por instinto, y eso fue genial.
El primer single
es “Tonight The Streets Are Ours” (“Esta noche las calles son nuestras”). ¿Cuál
fue la inspiración para esta canción?
- Vi en
un programa de televisión una ciudad en Inglaterra donde había como unos
concejales, la policía y las autoridades que se estaban auto-felicitando ellos
mismos porque habían resuelto una amenaza social, que eran chicos prendiendo
fuego a los coches y eso y lo otro. La forma en la que lo resolvieron fue
utilizando una nueva arma del gobierno contra ellos, que es la ley ASBOs (siglas
de Anti-Social Behaviour Order, ley especial creada en Irlanda y Reino Unido
para combatir comportamientos antisociales). Me puso, muy, muy, muy enfadado,
porque bien podrían también en ese Ayuntamiento, que estaba fuera de la ciudad,
poner algo que fuese como el muro de Berlín para sencillamente… Eso lo resuelve.
Bueno, no lo hace, ¿verdad? Se les fuerza incluso a estar en sus propias casas,
por ley, y eso no cambia lo que está pasando por sus mentes. No es una solución,
no a largo plazo, y la mayoría de esos chicos están probablemente faltos de
cariño, quizá. No creo que la gente haga cosas como ésa, comportamiento
antisocial, sin ninguna razón. No digo que sea bueno, porque no es bueno y
necesita resolverse, estoy de acuerdo con eso, pero no estoy de acuerdo con sus
métodos.
¿Trata también
sobre estar seguro en las calles?
- Ya
sabes, es como verlo desde ambos lados de la barrera. Pequeñas señoras mayores
no pudiendo ir a la tienda sin que les dé alguna patada algún bruto, pero
también viendo el punto de vista del bruto. En realidad es algo un poco más
humano, más que: “¿Por qué tiene alguien que robar y matar y violar?” Existe una
razón, ¿sabes a lo que me refiero? Nuestros grandes líderes parecen pensar que
la solución es un trozo de papel que dice: “No hagas esto, ni esto, ni esto”.
Funciona porque lo para, pero en realidad no elimina las razones por las que
ocurre, y esta gente está ahí elegida democráticamente. La última vez que miré
era, al menos, un país democrático, elegido democráticamente para solucionar las
cosas, y no lo hacen. Ésa no es una solución, porque está en el interior de la
mente y los corazones de las personas lo que tienes que solucionar.

Una de las canciones más rítmicas y rockabilly del álbum es
“Serious” (“Serio”). ¿Cómo surgió?
-
Ocurrió por accidente. De hecho, empezó como un vals [risas], lo creas o
no. Yo estaba por aquella época trabajando en una banda sonora para una
película. Querían como música con influencias de los 50, y yo lo cambié a un
estilo barroco, convirtiéndolo en algo ágil, y ése fue el final del asunto. Me
dije: “Espera un minuto. Ésta no va para la película. Ésta va a ir para el
disco”. Estaba con el batería Dean Beresford y el contrabajista Johnny Word, y
la sacamos en un día. No llevó mucho tiempo para nada. Pasamos un buen rato
escribiéndola. Fue muy divertido tocar ese tema, pero era realmente muy rápido.
“Our Darkness” (“Nuestra oscuridad”) es un título extraño, en
cierto modo, porque parece que no trata sobre oscuridad para nada.
- Son
divagaciones de almohada. “Ella tiene la fuerza para decir las palabras que yo
no puedo decir”. Trata sobre cuando la puerta se cierra, las luces están
apagadas, y eres sólo tú y tu pareja. Ahí puedes discutir las cosas que no
podrías hacer con nadie más, en primera instancia, pero seguramente no pudiste
discutirlo en cualquier otro momento del día; y ahí hay una cercanía, si tienes
suerte, que no puedes compartir con nadie más. Va un poco sobre eso, supongo. Es
bastante íntima, en realidad.
“Our Darkness” incluye una sección de metal. ¿Cómo surgió eso?
- Sí,
sí. Siempre me gustaron los metales de Yorkshire, el sonido que tienen. Me gusta
mucho, mucho. Fue de hecho una idea de Colin, del coproductor, no fue idea mía.
Es una persona con mucho talento y un buen amigo; pensó que en vez de hacer
cosas con cuerdas, que hacemos mucho, por qué no intentar con un grupo de
metales. Yo estuve de acuerdo. Parecía ir bien con el resto porque tiene un
sonido hogareño.
¿Cómo describirías “Lady Solitude” (“Señora Soledad”). ¿Como una
canción triste?
- Sí, no
la describiría como la canción más feliz y alegre que he escrito, pero la última
línea, en el último párrafo, creo que es: “Esta mañana nos verá darnos los
últimos adioses”. Va de nuevo sobre dejar las cosas atrás y avanzar. Es también
optimista en muchos aspectos, porque creo que es una cosa positiva dar un paso
para intentar al menos decir: “Ése es el final de eso y el principio de esto,
tengo un futuro por el que mirar adelante y ahora”.
“Long Dark Road” (“Larga carretera oscura”) es una canción pop
muy alegre. ¿Cuál es el telón de fondo?
-
Sí, trata de mi comportamiento, porque a veces soy una criatura
bastante asilvestrada. Me siento cómodo durante un rato en el hogar, ya sabes,
calentándome al lado de la chimenea, y hay otras veces en las que literalmente
tengo que ponerme en marcha e irme, y trata sobre eso. Con suerte te aclaras lo
suficiente, que serás bienvenido de vuelta en casa [risas].
¿Qué hay de “The Sea Calls” (“El mar llama”)?
- Mi
pasión por un escritor llamado Patrick O’Brien, que es sin duda uno de los
mejores escritores de todos los tiempos, en mi humilde opinión, y es una especie
de canción de carretera, transpuesta a un barco. Vas a buscar tu fortuna, te
roban los piratas por el camino, pero todo como que acaba bien al final, porque
regresa a casa y le compra a su amor un vestido nuevo con todo su oro robado.
“Looking for
Someone to Find Me” (“Buscando a alguien que me encuentre”) es un título
contradictorio en muchos sentidos. ¿Es simbólico también?
- Es
como que tienes que hacer el esfuerzo para conectar con las cosas y la gente, y
supongo que es un poco de lloriqueo en realidad. Va sobre timidez, de hecho. Es
no tener los medios y la habilidad de conectar con la gente en el sentido en que
te gustaría. Es un poco como una conversación fantasiosa que has tenido con
alguien, una chica, cuando la conoces y no sé, avanzas hacia ella y, al final,
simplemente dices: “Erm… ¿tienes cambio de una libra?”. Ese tipo de cosa, en vez
de lo que realmente quieres decir, y estás en cierto modo queriendo que alguien
más haga todo el esfuerzo, ya me entiendes.
El álbum se cierra con “The Sun Refused To Shine” (“El sol no
quiso brillar”). ¿Puedes contarnos algo de este tema?
- Sí,
trata sobre una amiga mía que se casó con la persona totalmente equivocada y fue
realmente una decisión errónea. Trata sobre no precipitarse con las cosas. Creo
que ella pensaba que casarse le haría asentarse y estar tranquila. Era una
persona bastante creativa y, cuando se casó, hubo una ola de calor; en medio de
la ola de calor, y en el día que se casaba, hubo una enorme tormenta eléctrica.
De ahí el título y, sí, fue realmente un día espantoso.
¿Puedes
hablarnos de los músicos que tocaron en el álbum?
- No puedo subestimar la contribución que los chicos de la banda
aportaron al disco. Está Colin Elliot al bajo, quien lo coproduce conmigo y es
un multiinstrumentista. Está Shez Sheridan, el guitarrista, que es alucinante.
Me deja anonadado lo bueno que es. También están Jon Trier a los teclados y el
batería Dean Beresford. Son todos músicos de clase mundial. Yo quería que este
disco fuese más una cosa de banda en cierto modo, porque todos mis álbumes como
que los hice yo con alguna ayuda de otra gente. Hemos estado en la carretera
durante unos 18 meses, y yo quería utilizar esa cercanía, porque como banda,
musicalmente, hemos intimado mucho, y también como compañeros y amigos. Quería
que eso se reflejase en la música y dejar que todo el mundo contribuyese y
tuviese su momento en el disco, cosa que es importante para mí.
Recientemente
debutaste como actor en la película Flick. ¿Te imaginaste alguna vez el
día en que estarías haciendo una película con Faye Dunaway?
- No.
No. Eso fue… Cuando era un chaval, si me hubiera imaginado eso, ya sabes.
Probablemente estaría muy contento con tocar sólo en bares y clubes, mientras
que pudiese hacer música. Nunca había actuado antes y, recién salido de la
jaula, ese tipo de situación: la primera cosa que hice fue actuar con Faye
Dunaway. Pero ella estuvo genial: es una profesional consumada.
¿Cómo te involucraste en la interpretación? Pareces ser tímido en
muchos aspectos.
- Lo sé.
Existe una contradicción ahí y he pensado bastante sobre eso. No sé, es mejor no
pensar en las cosas demasiado, creo. Estoy con Yoda de La Guerra de las
Galaxias: “Hazlo o no lo hagas”. No pienses. Ya sabes, son luces rojas y
verdes. Ésa es la mejor manera de vivir la vida para mí, sin duda, porque todo
lo que me ha pasado ha ocurrido puramente por accidente. No es por un plan
diseñado en absoluto o no habría salido bien. Es sencillamente: “¡Es agradable
estar aquí arriba! Agradable allí abajo”.
Después de
Coles Corner,
Lady’s Bridge
es otro disco romántico. ¿Te describirías a ti mismo como un romántico?
- En
realidad estoy pensando en ello. Tienes que tener el tiempo y el espacio mental
para pensar en las cosas simplemente de una forma diferente, ya sabes, distintas
a cosas que de hecho ves. Sencillamente yo no lo veo como probablemente la
mayoría de la gente, que piensan que una señal de tráfico o un lugar es sólo un
lugar. Yo voy de acá para allá. ¿Qué hay de romántico en eso? Pero supongo que
es porque he sido un vago toda mi vida.
¿Entonces estás
satisfecho con el nuevo disco?
-
¿Satisfecho con él? Creo que está bien, sí [se ríe a carcajadas]. Sí,
está bien, eso.