ENTREVISTAS
2007
Raülmoya,
nanas folk en Fa mayor

Lo lleva bien. Lo del pluriempleo, queremos decir. Que si élena, que si Refree,
que si Romodance, que si Sitcom, que si la banda de Miqui Puig... Y otros que él
mismo nos recuerda. Sin embargo, en esta temporada se presenta con otro alias y
un disco de debut titulado La nueva era glaciar, bajo el que esconde su
faceta probablemente más personal y una querencia por el sonido folk-country,
sin olvidar sus raíces mediterráneas.
¿Te vienen tus principales influencias de los
cantautores eléctricos norteamericanos?
- Pues sí,
una parte importante de mis influencias están ahí, en el country y folk
norteamericano. Junto al blues del Delta es de lo que más vengo escuchando estos
últimos años. Desde los clásicos, como Bob Dylan, Townes Van Zandt, Merle
Haggard, Jackson Browne, Gordon Lightfoot o Tim Buckley, hasta los más actuales,
como Bonnie Prince Billy, Ben Harper, M. Ward, Elliott Smith, Dayna Kurtz,
Gillian Welch y, sobre todo, Ryan Adams. No hago ningún viaje sin llevarme uno
de sus discos.
Pero también se nota que vives en el Mediterráneo,
¿no?
- Sí, claro. Cada mañana, cuando me levanto, lo primero que veo
es el Mediterráneo; vivo justo enfrente de él, en Masnou. No soy de Nashville ni
de Nebraska, he crecido aquí y eso se ha de notar. Creo que en el disco se
pueden ver esas dos partes: una muy americana, en el sonido, y otra más
mediterránea o latina, en el idioma, en la manera de hacer y decir y en alguna
de las instrumentaciones. Es la mezcla de las influencias citadas anteriormente
con otras como Joan Manuel Serrat, Jorge Drexler, Quique González, Fito Paez y
el gran Andrés Calamaro. Hay quien ha hablado de country mediterráneo y creo que
es una buena definición. Hacer que algo de allí sea y suene más de aquí.
Has
trabajado con varios grupos. ¿Cómo pretendías diferenciar tu nuevo proyecto de
los anteriores?
- Bueno, hasta ahora siempre había estado un poco escondido y me
apetecía dar un poco la cara, dar un paso adelante y empezar un proyecto mucho
más personal y de sinceridad total. En los otros había un trozo de mí, en mayor
o menor medida, y ahora soy yo, en mayor o menor medida. Ésa sería la diferencia
principal.
¿Crees que este disco te ha servido mejor para
conocer tus limitaciones y tus virtudes?
- La verdad es que sí. Cualquier disco que grabas conlleva un
aprendizaje, tanto en el sentido musical como en el humano, y te das cuenta de
muchas cosas. En éste ha sido mayor. Las canciones son mías y he hecho dos cosas
que hasta ahora prácticamente no había hecho, como son cantar y escribir letras.
He empezado a conocer un poco mi voz, en qué registros me encuentro más cómodo y
a cuáles no puedo llegar, intentar darle una personalidad propia a la manera de
cantar. Y luego los textos. Como te decía es algo nuevo para mí. La verdad es
que ha sido un disco de aprendizaje y aterrizaje en todos los sentidos. Como una
prueba y una tarjeta de presentación que me ha servido para corregir cosas y
para ver hacia dónde me gustaría encaminar las nuevas canciones y el proyecto.
En cuanto a las letras, ¿hasta qué punto piensas
que puedes exponer tus emociones? ¿Te has puesto alguna limitación?
- Como te decía, nunca había escrito letras y me daba un poco de
miedo, primero hacia mí y, luego, hacia los demás. Siempre había escrito
melodías y armonías, pero no letras. Era algo nuevo. Y no me puse ninguna
limitación. De hecho, las letras de estas canciones son emociones y vivencias
‘vomitadas’ en una hoja. No están muy pensadas ni estudiadas. Es lo que me sale
en ese momento, una mezcla de vida real con soñada. Me cuesta mucho decir: “me
siento cada día tres horitas y las dedico a escribir”. No tengo esa disciplina,
soy incapaz, un puto vago. Aunque creo que sería mucho más prolífico y lo voy a
intentar.
¿Qué canción crees que representa mejor el disco?
- Pues no te sabría decir. Tal vez “Nana Folk en Fa mayor”. Es
una canción que casi nadie cita y a mí me gusta muchísimo como ha quedado. Creo
que es de las más redondas que he escrito.
¿Y cuál está recibiendo mejor la gente?
- Pues hay una cosa que me gusta, y es que cada persona me dice
una distinta. Cada uno tiene su preferida, y eso quiere decir que es un disco de
canciones. Entre las más elegidas están “La nueva era glaciar”, “A dios mi vida,
adiós”, “Bon automne”, “Rían con sentido”, “Juan sin miedo”…
¿Qué me puedes decir de “A dios mi vida, adiós”,
una de mis favoritas?
- ¿Tú también? La verdad es que está en el podio de las favoritas
de mucha gente. Es de las canciones más antiguas del disco, y es una canción de
despedida. Me pareció curioso empezar el disco por el final, con una despedida
que al principio duele, pero luego te acostumbras e incluso disfrutas. En la
canción hay una persona muy importante para mí que me abandona. Al irse se lleva
esa parte de mí que nació, aprendió, creció y vivió con ella. Esa parte que me
fue arrancada me escribe una carta y me dice que no me preocupe, que está bien
con ella y que no volverá. Renuncia a mí y yo renuncio de ella. Todo queda ya en
el recuerdo y sueño. Musicalmente creo que tiene un sonido muy americano, donde
se nota la influencia de Ryan Adams. Si alguien, por casualidad, decide comprar
el disco en atunes, de regalo va la versión de la demo de esta canción, una
versión mucho más desnuda y muy distinta. Un poco de promo.
¿Piensas que hay alguien trabajando en la misma
línea que tú?
- Pues la verdad, creo que no. Aunque gente como El Hijo, Nacho
Vegas (me declaro fanático) o Refree estemos englobados en un mismo grupo, creo
que hay bastantes diferencias. Creo que partimos del mismo lugar, pero luego
cada uno sigue su camino en una dirección distinta y le da un toque más
personal. Quizás el mío sería el que comentábamos antes del country
mediterráneo… O un cowboy marinero.
Curiosamente, hay otros artistas del Estado que,
después de estar en uno o varios grupos, editan discos más personales, como
Refree, Mate, El Hijo... ¿Qué te parecen?
- Bueno, Refree y El Hijo son bastante malos… Es broma: era para
cabrearles un poco. Qué voy a decir. Con Refree toqué en sus dos primeros discos
y luego en élena, Sitcom, Romodance. Aprendí muchísimo y creo que Refree es un
gran compositor y un gran creador de melodías. Es bueno el cabrón, un tío muy
inteligente y con las ideas claras. De El Hijo aún no he escuchado el disco
nuevo, pero ver tocando a Abel sólo con su guitarra y su voz que lo abarca todo
es impresionante. A mí me llega muchísimo. Mate no le conozco personalmente y
desconozco más su música. He escuchado cosas sueltas, y lo poco que he escuchado
de su último disco me parece muy, muy bueno. Pero a mí personalmente me interesa
más la gente de aquí que canta en castellano o catalán. Les presto mucha más
atención, hacen más por la música de aquí.
¿Es la gente con la que colaboras la que sientes
más cercana, la que más sigues?
- Para grabar el disco conté un poco con la familia, con grandes
amigos con los que había ido tocando. Ricky Falkner, Jordi Corchs, J.M. Baldomà,
Víctor Francisco, Dani Jones, More, Pablo Garrido, Ramon Marc Batallé, Marc
Blanch (que se ha unido a la banda). Muchos de ellos forman parte de bandas que
me gustan muchísimo como Standstill, Love of Lesbian, Refree, élena (obvio),
Sanpedro…
¿De qué trabajo con élena, Sitcom, Romodance u
otros estás más contento?
- Es como preguntar a quién quieres más, a papá o mamá. A los
dos. Estoy muy orgulloso y contento de todos los proyectos en los que he
participado. Quizás élena siempre ha sido algo más cercano por ser cofundador,
pero ya te digo que en todos he disfrutado y aprendido mucho y me ha permitido
hacer grandes amistades. Guardo todos los discos que hemos ido haciendo como un
tesoro.
A priori, el colaborar con distintos grupos podría
parecer algo esquizofrénico. Sin embargo, da la impresión de que lo llevas muy
bien y sin problemas. ¿Es así?
- La verdad es que lo llevo muy bien; ahora la cosa está más
tranquila. Sigo en la banda de Miqui Puig y poniendo en marcha otra vez unos
reformados élena (no os preocupéis que Helena Miquel si que continúa),
colaborando con una banda que se llama sin-é y, claro, con el Tríominiña. Pero
de una forma más relajada, trabajamos de una manera diferente. Hace unos años si
que viví momentos de locura, de ensayos cada día de la semana y hacerlo con tres
o cuatro bandas distintas. Al final no sabía ya de qué grupo era cada canción.
Además, tocaba en otras bandas con las que no llegamos a publicar nada pero
también se ensayaba y tocaba. Una de ellas era La Familia Cobaya (onda Los
Fabulosos Cadillacs). Si no los cito, me matan. La verdad es que tocar en tantas
bandas me ha permitido tocar muchos estilos distintos, y eso ha sido una gran
escuela.
¿Ha cambiado la música que escuchas últimamente o
hay siempre unos clásicos que te han marcado y que hoy siguen estando ahí,
inamovibles?
- Siempre vas evolucionando y vas modificando tus gustos y vas
descubriendo nuevas bandas y estilos; músicas a las que antes ni les prestabas
atención ahora te resultan imprescindibles. De pequeño a nadie le gustan las
gambas. De los clásicos sigo fuerte con Dylan, Van Morrison, Marvin Gaye, The
Velvet Underground (imprescindibles), Led Zeppelin, Bowie. Luego, todos los que
te he ido comentando en la entrevista. Y soy un gran apasionado del fado y del
tango, que junto al folk-country americano es lo que más escucho.
¿Algún descubrimiento musical que te haya marcado
en los últimos tiempos?
- De los últimos
años te diría que Ryan Adams y Neil Halstead (y Mojave 3) han sido de los que
más me han marcado. Y últimamente citaría a Gillian Welch y Bridget St. John.
¿Nos cuentas alguna anécdota de estos años en la
música?
- Puedes imaginarte que hay muchísimas. Joder, no sé… Estando con
Refree tocamos con Neil Halstead y para hacernos una foto con él fue un drama.
Parecía que fuera Mick Jagger. El manager no nos dejaba ni acercarnos. Al final
él salió y accedió sin problema, y al verla le dijimos que Ricky parecía papa
Noel y Neil casi se muere de la risa. A partir de ahí todo cambió. Otro momento
increíble fue cuando íbamos a Moscú y perdimos el avión en Madrid. Nos llevaron
con todas las maletas con el coche de la tripulación hasta el avión directamente
por medio de las pistas entre el resto de aviones. Además, llovía a cántaros y
al llegar nos esperaba en el mismo avión la Guardia Civil para el control de
pasaportes, y el resto de pasajeros aplaudieron nuestra llegada, hartos de
esperar. Me sentí como una estrella. Muy bueno.