Asa nació en París. Su vida en la ciudad de la luz dejó a aquella chica sólo con un puñado de vagos recuerdos (felices); poco después de haber cumplido dos añitos su familia regresó a Nigeria. Paris fue simplemente una etapa en la vida dura y llena de coraje de sus padres. Pero de alguna manera, su destino había quedado vinculado a la ciudad que la vio nacer, a donde regresaría 20 años después para iniciar su carrera artística.
Lo tenía
todo para ser un disco olvidable, en especial por abarcar la etapa menos
interesante del irlandés, a partir de su último disco imprescindible, Hymns
To The Silence, de 1991. Sin embargo, el tercer volumen de lo mejor del
‘león de Belfast’ no deja de ser recomendable por varias razones: se trata de un
álbum doble con abundante material inédito, incluye unas cuantas rarezas y tomas
distintas, se atreve a repescar caras B, se para en alguno de los mejores duetos
de su última etapa, tiene tiempo para recordar algunas de las bandas sonoras en
las que se incluyeron sus canciones... Y lo que podía haberse quedado en un
recopilatorio sin interés pasa a ser su mejor disco desde aquel año que abría la
década de los 90.