Tras el primer gran paso en falso del gran grupo de rock americano de los últimos 25 años que resultó ser el disco Around The Sun, REM ha vuelto la vista atrás como nunca antes, algo que siempre evitaron hacer de forma directa. Además de tomar como referencia parte de sus discos de los 80, el grupo de Michael Stipe, quien contesta a estas preguntas, ha apretado a fondo el acelerador en un disco eléctrico como ninguno en su trayectoria, con la salvedad de Monster. Accelerate: movimiento calculado, medido, pero efectivo y logrado.
Como en todos los discos anteriores de The
High Llamas, el trabajo de producción en Can Cladders es inmaculado. Las
armonías son casi perfectas. Algunas de sus melodías son de las que se
recuerdan. La instrumentación acompaña, dejando caer guitarras acústicas,
pianos, bajos, percusiones que casi no se notan, vibráfonos, cuartetos de
cuerda, arpas, banjos y, en ocasiones, un cuarteto de coristas. Sí, suena
familiar porque ése ha sido el modus operandi del grupo en sus siete discos
anteriores. Y apetece volver a escucharlo otra vez más, aún sabiendo que, a
diferencia de su modelo Brian Wilson, los textos de Sean O’Hagan miran más al
mundo que hay a su alrededor que dentro de sí mismo.
Después de sus obras magnas, Gideon Gaye
(95) y Hawai (96), el grupo entregó tres discos en los que intentaba
reproducir con escasas variaciones su sonido entregado a actualizar lo mejor de
los Beach Boys, los ecos de Burt Bacharach y algo de Steely Dan. Tras tres años
de descanso, Beet, Maize And Corn en el 2002 mostró que la posible
evolución pasaba por algo de electrónica y una cierta experimentación. Pero
Can Cladders, con 13 canciones en menos de 40 minutos, desanda el camino
desbrozado y vuelve a mediados de los 90 para entregar su mejor disco desde
entonces, incluyendo, entre lo
más destacado, “The Old Spring Town”, una bossa-nova con voz femenina y arpas, “Rollin’”,
un perfecto tema para el inicio de la primavera (“Le decimos hola a los ríos y
las montañas”, repite incansablemente), y “Honeytrop”, con ritmo casi reggae,
cuerdas y ritmos entrecortados a los que acompaña la voz de Sean O’Hagan
intentando ir más allá de lo que se le supone.