ENTREVISTAS
2006
Richard Aschcroft,
la verdad de un loco

Dice que no ha escrito ninguna canción para la
historia, aunque no es cierto. Aunque sólo fuese por “Bittersweet Symphony”, que
compuso y grabó con The Verve, Richard Aschroft ya tiene su cupo bien cubierto.
Ahora, en solitario, llega a su tercer disco, Keys Of The World -Las llaves
del mundo-. En sus reflexiones queda bien claro el significado del título y
que, aunque se le ha tomado por un demente, tiene muy claro lo que busca y lo
que quiere. ¿Lunático? ¿Quién?
¿Cuál fue el punto de
partida para tu tercer disco en solitario y cómo te enfrentaste en esta ocasión
a la grabación?
- Tras publicar Human
Conditions tuvimos unas cuantas actuaciones en Europa, aunque no en América,
no sé muy bien por qué. Después comencé a revisar las canciones que había
escrito en ese tiempo. La primera fue “Why Not Nothing?”, la que abre el disco,
y, a continuación, apareció “Break The Night With Colours”. Esos temas marcaron
las bases de lo que iba a ser el nuevo disco y me puse a trabajar. Fuimos a un
estudio antiguo en Londres, que pertenece a un cantautor. Allí grabamos al viejo
estilo, en cinta analógica. Hicimos unas sesiones de las que salió la mayor
parte del disco. Así que este álbum parte de unos momentos intensos y muy
concentrados. Los músicos tuvieron que aprenderlo todo rápidamente, porque no
quería que nadie, aparte de mí, pensase demasiado en las canciones; quería que
la grabación fuese más fresca y espontánea.
¿Había alguna idea
clara antes de grabar las canciones?
- Antes de reunir a una
banda o grabar un disco, no tengo una idea preconcebida sobre cómo debería sonar
o cómo debería comportarme yo. Sólo me interesa que la gente me siga viendo como
lo que soy: un cantautor interesado en todos los lados de la condición humana.
No me gusta quedarme obsesionado en unos sentimientos o en una sonoridad en
concreto. Soy alguien a quien le gustan por igual ABBA que The Stooges, la
Velvet Underground que las canciones de pop perfecto. Todo eso permanece en tu
cabeza cuando escribes canciones, y yo siempre he pretendido crear una mezcla
extraña a partir de ello, una mezcla de la que se puedan deducir esas
influencias pero que sea algo nuevo. Nadie puede empezar a componer de la nada,
pero tampoco se puede pretender sonar exactamente igual que tus influencias.
¿Es el título el mejor
ejemplo de lo que contiene el álbum?
- Perspex Confession
Box iba a ser el título del disco; incluso teníamos ya montada la idea y
hechas las fotos, pero el título Keys Of The World se me presentó de
repente y me pareció más adecuado. Es también una de las canciones del álbum y,
aunque no me gusta señalar una por encima de las otras, la verdad es que ésa
resume bastante bien todo el disco.
¿Ya has podido superar
tus problemas con la imagen que los medios han venido dando de ti?
- Bueno, es ley de vida.
Cuando empezaron a hablar de mí y de mis canciones en la prensa, me di cuenta
que la imagen que se proyecta de ti es una caricatura, una reducción a cuatro
puntos de tu personalidad compleja. Aquello me deprimió mucho en un principio,
pero ya he aprendido a vivir con ello. Se me ha juzgado por alguna de mis
canciones y se piensa que tengo una visión negativa y depresiva de la vida,
especialmente a causa de temas como “Lucky Man”. Curiosamente, en aquella
canción hablaba de ese último momento de tu vida en el que finalmente te liberas
de todos tus miedos. Yo siento que la vida es así de compleja: en un momento
puedes apreciar la belleza y la inocencia al admirar a tu hijo y, un segundo
después, te viene a la cabeza tu propia mortalidad.
En este disco brillan
especialmente las melodías.
- Al principio fue
complicado elegir las canciones que aparecerían, porque había bastantes temas
para elegir. Algunas se habían editado ya y otras habían circulado por Internet.
Al final no fue tan difícil, porque las mejores se impusieron. Tenía bastantes
canciones largas, difusas y oscuras, pero tendrán que esperar a otro disco, ya
que en esta ocasión buscaba una colección de canciones memorables, con melodías
que se quedaran en tu cabeza y que las acabaras cantando sin darte cuenta. Eso
era lo que me parecía interesante esta vez: que la gente se quedara con las
melodías, sin tener en cuenta las letras. De hecho, esta vez las letras no
aparecen en el libreto. Quiero que la gente construya su propio texto, su propio
significado de la canción.
Aunque quieres que se
fijen en las melodías, está claro que lo que está pasando en el mundo nutre tus
letras.
- Vivimos en un mundo en
el que el horror y el miedo son algo cotidiano. No puedo hablar por todo el
mundo, pero creo que esta situación de locura puede convertirse en una
oportunidad para expresarte, por ejemplo, a través de la música. Creo que hoy la
música tiene que ser la clave para encontrar una voz diferente. Pensamos que
vivimos en tiempos de libertad; pensamos que ser felices y dar un paseo bebiendo
botellas de leche caliente con azúcar mientras escuchamos música en el Ipod
significa que somos libres. Pero detrás de todo eso, resulta que las libertades
y los derechos están retrocediendo. He querido que eso se reflejase en las
letras, ya que yo no me di cuenta de lo poderosos que son los textos de una
canción hasta que escribí unas cuantos. Siempre había notado mucho lo que me
afectaban los textos de otros, pero, hasta que no lo hice yo mismo, no me di
cuenta de que la letra y la melodía pueden pasar por encima de cualquier
barrera, por encima de la raza y la clase. Tienen un inmenso poder. No hace
falta que sean letras muy profundas. De hecho, yo siempre he encontrado mi lugar
en letras sencillas, personales y casi confesionales.
¿Y eres consciente de
cómo esas letras personales pueden afectar a la gente que las recibe?
- El título de una de las canciones de este disco
resume muy bien mi filosofía: “Music Is Power” (“La música es poder”). Pero no
se trata de un poder monumental, como el de una nación. No se trata de que la
música vaya a cambiar a millones de personas, no. Se trata del poder de una sola
persona que puede cambiar escuchando una sola canción. Yo no pienso en el oyente
cuando escribo, pero sí soy consciente del viaje que cada canción va a iniciar.
De alguna forma, mis canciones intentan encontrar alguna verdad en unos tiempos
en los que la verdad ya no existe. Por eso el esfuerzo por encontrarla es
ridículo, y consigue que me ría de mí mismo en ocasiones. Hay algo desesperado e
imposible en escribir canciones, pero también hay algo de esperanza. Lo sigo
intentando porque la gente, de algún modo, me dice que siga adelante,
buscándolo, aunque viva en un mundo en el que soy considerado un lunático
simplemente por cuestionarme estas cosas. Dicho esto, me gustaría dejar claro
que no quiero ser demasiado profundo, no quiero ser pesado ni trascendente;
quiero ser inspirador, alegre y ligero. Yo no he escrito ninguna canción para la
historia, no he terminado ningún trabajo. Estoy todavía escribiendo, luchando.
Cualquier persona que se dedique a crear, cuando termina algo ya está pensando
en lo siguiente, porque es una rueda que no para; no tenemos otra elección. El
impulso de crear, de decir cosas, de buscar, no termina hasta el día que
morimos.