Presenta su primer disco en solitario, Escucha los latidos y se llama Carlos Cros. Tiene antecedentes musicales, pero mejor que se presente él mismo. “Me llamo Carlos Cros. Tengo 28 años. Sufro de amores varios. Y mucha gente cree que estoy colgado. Fui un líder patético en la banda de música pop Selenitas. Hice muchas canciones de amor sólo para acostarme con chicas. A veces funcionó, otras no tanto. Hice canciones psicodélicas para flipar y acabamos todos nosotros... perdidamente flipados. Hicimos dos discos que la gente aún recuerda y muchísimos conciertos. Sniff ¡Qué años! Ya nunca volverán. Un día se rebelaron, abandonaron la nave y se largaron. Me quedé solo con mis canciones y me puse a andar mi propio camino... Mi way. Mi estilo es complicado. Creo que he perdido el norte musical. ¡Genial! Mis canciones son independientes. Tienen vida propia. No defienden un discurso homogéneo; se defienden a sí mismas, que ya es mucho. Estoy totalmente a favor de defender la canción como la expresión artística más grande que existe en el mundo. Si es buena, da igual de dónde venga, ¿no?”
The Drones
grabaron un primer disco, un disco impactante. Después vino otro, mejor, más
denso, tenso y medio ido. Ahora llega un tercero, grabado en un granero en una
isla, algo que debe haberles afectado, porque dos piezas parecen haberse
influenciado del folklore local: la historia del convicto caníbal Alexander y un
largo lamento titulado “Sixteen
Straws”. Pero la novedad radica en que, en lugar de continuar con las guitarras
desbocadas y dislocadas de Rui Pereira y Gareth Liddiard,
The Drones ahora dejan respirar a su música, optando por ambientes más
envolventes (la voz de la bajista Fiona Kitschin en “Work
For Me” es de una agonía exquisita),
con lo que sus canciones más garageras
son ahora la excepción y no la regla.