ENTREVISTAS
1999
Os Diplomáticos de
Monte-Alto, surcando todos los mares

Capetón
es el último disco de Os Diplomáticos de Monte-Alto, en homenaje a los
marineros gallegos y sus andanzas por los mares de todo el mundo. Xurxo
Souto nos habla de su disco y de otras muchas cosas, como era de esperar en
un ser tan prolífico y parlanchín.
¿Cómo ha ido vuestro
último disco?
- Ha sido un proceso largo.
Primero fue Fumareu, libro que se acompañaba de un CD con cinco
canciones, y que trataba de recoger historias que escuchamos en ruta, para
después musicarlo. Lo que se intenta con todo ello es ampliar el ámbito de
Galicia, extendida por todos los océanos. Para finalizar, haremos un musical
en sentido escénico con Capetón.
También acabas de editar
una primera novela.
- Mi tercer libro, O
retorno dos homes mariños, primera novela, después de los dos libros
A tralla y a arroutada y Fumareu. Trato de reivindicar A Coruña
como un espectro en el medio del Atlántico y como ciudad abierta a todos los
mares, de donde salían los emigrantes gritando aquello de ‘Aí vos quedades,
aí vos quedades, entre curas, frades e militares’. Y también reivindicarla
como ciudad en donde ocurren cosas extraordinarias. Te pondré varios
ejemplos. El primero, un recuerdo de la infancia: el hundimiento del
petrolero Urquiola. El segundo, un recuerdo de la adolescencia: el
hundimiento del Mar Egeo. Más tarde, un vertedero que cae al mar y, después,
una plataforma petrolífera que aparca mal, en doble fila, en la parte de la
Torre de Hércules. En ese contexto aparecen los hombres marinos, que fueron
vistos por primera vez por un cardenal en el siglo XVI.
¿Te parece que ahora
habéis conseguido acercaros definitivamente a un sonido que tiene más de
popular que de rockero?
- No es algo intencionado,
sino que surge precisamente de viajar y entrar en contacto con otras gentes,
que es lo fundamental de tener una banda o de escribir: conocer historias y
poner en contacto las dos esquinas de Galicia, Ribadeo y Baiona.
¿No os resulta curioso
que ésa sea la misma evolución que siguió Manu Chao?
- Puede, pero hay una
diferencia fundamental: la espacial. Nosotros intentamos relacionar lo que
tenemos cerca mientras que la geografía de Manu Chao pasa por relacionar
Galicia con Brasil o con México.
Hace nueve años, cuando
hablamos por primera vez, me comentaste que una de tus máximas ilusiones
sería contactar con Manu Chao y Fermín Muguruza. ¿Cómo fueron esos
encuentros? ¿Te decepcionaron?
- Sí, ya me había olvidado.
Ahora hay una relación más intensa, de amistad, con Manu Chao. Tengo una
historia curiosa: cuando el padre me pasó su teléfono en Madrid, lo llamé
desde mi programa de radio para saludarlo en directo y realmente se enfadó.
Después, de nuestra relación nace un sueño como A Feira das Mentiras.
De hecho, nuestra propia compañía Fonomusic me ha pedido que haga una
selección de músicas bravús extendidas polo mundo, y voy a tomar como base
las bandas que estuvieron allí. Con Fermín, más que una relación tan
fecunda, lo que existe es una relación con Euskadi, que es una tierra
similar a la nuestra. La idea es relacionar países pequeños que hacen música
con una identidad, con los escasos medios que tienen y que están
enriqueciendo la cultura del planeta. Algo así pasó con Mau Mau del
Piamonte, que acabaron grabando una canción en gallego.
¿Y Manolo Rivas?
- La relación con él fue
curiosa. Manolo Rivas nació también en el barrio de Monte-Alto, pero no nos
conocíamos. Un día me ofreció trabajar en el periódico El Sol de Madrid,
donde me tocó cubrir los sucesos, y ahí descubrí que no quería ser
periodista. Después sentimos una afinidad y, para la presentación da su
novela En salvaxe compaña, definimos el término ‘punkismo mágico’,
que tiene mucho que ver con la épica del mar y el presente frustrante de
refinerías y petroleros, y nosotros que tenemos que vivir en esa vorágine
dramática, aunque a la vez totalmente creativa. Más tarde, nos pidieron que
hiciéramos conjuntamente el pregón de las fiestas del barrio de Monte-Alto y
ahora le hemos ayudado a presentar el libro Ela, maldita alma.
¿Que diferencia puede
haber entre toda esta gente y aquella de las charangas y de los pueblos que
también vas encontrando por el camino?
- Lo cierto es que, cuando
hablamos del rock’n’roll, hay siempre una visión de industria, excepto gente
como Manu Chao o Fermín Muguruza, que decidieron vivir al margen de la
industria. Pero las relaciones que funcionan son siempre las de amistad.
Desde que Jesús Ordovás nos habló de los Mau Mau, ya han estado aquí,
grabaron en gallego, participaron en el nuevo disco de Manu Chao... El otro
día fui a entrevistar a Compay Segundo con la señora Josefa de Bastavales,
una panderetera mayor, y Compay nos cantó canciones en gallego que escuchaba
en Cuba. Hay que tejer más hilos de comunicación con lugares como Portugal,
de los que no sabemos casi nada.
¿Cuál de tus actividades
-radio, TV, prensa escrita, músico- es la que te llena más?
- Todas son
complementarias, pero lo que más me llena es escribir. Cuando se estrenó
La lengua de las mariposas, su director, José Luis Cuerda, nos decía que
los gallegos no teníamos ningún mérito, ya que nos llegaba con escribir lo
que se cuenta por los bares. A él le conté la historia del tío Faluco, que
se embarcó una vez para Brasil y, a los dos días, estaba jugando al tute en
su pueblo, Malpica. La razón era que su mujer lo había llamado al barco
pidiéndole que volviera, ya que el gato había dejado de hablar. Como moría
de la pena, el hombre se montó en un helicóptero y el gato, cuando llegó a
casa, lo saludó con un: ‘¡Qué viva el tío Faluco! ¡Qué viva Muxía! ¡Qué viva
la Virgen de la Barca!’. Todas estas historias tienen una musicalidad, y a
esto se suma una nueva generación que tuvo la oportunidad de formarse en
gallego.
¿Notas alguna evolución
en estos últimos años en la sociedad gallega?
- Total. Hasta
ahora la cultura oficial se hacía en castellano y el gallego no tenía más
que unos medios marginales. La gente nueva funde esa tradición con el toque
salvaje del rock.
También me comentaste
alguna vez que los Diplomáticos no bajaron su caché en una ocasión para que
no os identificaran con una fuerza política. ¿Te posicionarías políticamente
si te lo pidieran para algún acto a título particular?
- Sin ningún problema, pero
no como grupo. Lo que sucede es que se está empleando mal el término
nacionalismo, tendiendo a identificarlo con el chauvinismo e incluso con el
fascismo, y creo que intencionadamente. Los que nos consideramos
nacionalistas no pensamos que una cultura es mejor que las otras, sino que
todas son igual de importantes, y ésa es la diferencia.
¿Crees que los vascos y
los catalanes han conseguido más en estos años de autonomía y que desde aquí
no se reivindica nada, aparentando que los gallegos somos conformistas?
-
Ése es otro debate, el de
entender el nacionalismo como una reivindicación decimonónica de lo que es
un Estado, que no me interesa nada, frente a la idea central de la
autodeterminación, que sí que es algo radical.
¿Tiendes a identificarte
más con los portugueses que con el Sur de España?
- Es normal, ya que la
relación con Portugal, aunque no oficial, siempre estuvo ahí. Ahora acabo de
descubrir un muchacho angoleño, Alberto Mundi, que vive en Goiáns y que hace
justo lo contrario de lo que hizo Zeca Afonso, que fue a Mozambique e
introdujo aquella música en la occidental veinte años de que Paul Simon lo
hiciera con Graceland.
En cuanto al bravú, lo
que más me llama la atención es que me dicen constantemente que ya no tienen
tanta fuerza como la que tuvo.
- Objetiva y mediáticamente
es así, ya que tuvo un tirón inicial fuerte y luego fue disipándose. Lo
maravilloso fue que un invento de unos chavales, en una cena en una aldea,
de cultura desde abajo, sin subvenciones, tuviera tanta repercusión. Todo
eso llevó a poner en contacto a gente: conocer a marineros, al chaval
angoleño, a los Mau Mau, a Manu Chao... El futuro depende de los artistas y
no del bravú, que no fue una institución, y hoy sigue incorporándose gente,
empleando ese recurso de la comunicación. Lo que debe hacer la gente joven,
entiendo, es organizarse como nosotros hicimos.
Por último, ¿es Os
Diplomáticos un proyecto de larga vida?
- El momento de Os
Diplomáticos ya pasó, entiendo. Ya hicimos lo que teníamos que hacer: romper
con el tópico de que en A Coruña no se hablaba gallego y crear un vínculo de
comunicación con otra gente que es el bravú. El proyecto de Os Diplomáticos
ya debería estar acabado, pero la propia dinámica nos pide hacer más cosas.
Ahora estamos con la idea del musical, pero ya se ha establecido una amistad
y ganas de seguir, y veremos si hay más necesidad de continuar. Deberían
llegar nuevas bandas y tener nosotros un relevo, para mantener la
creatividad de esta pequeña cultura del fin del mundo.