Sí, Thunder, Lightning, Strike (2004), fue uno de los discos más excitantes que ha visto el pop en años. Hecho en la cocina de su auténtico líder e instigador, Ian Parton, para su presentación tuvo que armar un grupo de seis componentes. Ahora, asimilado el estallido colorista de su debut, llega su segundo álbum, Proof Of Youth, en este caso arropados por una iconoclasta lista de voces invitadas: los niños de Rapper’s Delight Club, Marina de Bonde Do Role, Solex, Check D de Public Enemy… Ian Parton, quien nos presenta el disco, sigue igual de apasionado con su proyecto que el primer día.
Fran Gayo y
Mónica Vacas están hechos de otra pasta, eso está claro. Lo suyo es una
sorprendente anomalía en el pop patrio. En el tiempo que va de los Eps Zuna
y Pigaz al LP Fai han transitado por la senda del trip-hop y
la de las nanas tradicionales. Eso sí, ni mentarles aquello de las bandas
sonoras.
¿Es cierto que Fran grabó sólo las dos primeras
maquetas y que más tarde apareció Mónica?
- Sí, la cosa empezó así, con dos maquetas
de instrumentales que tuvieron reseñas muy positivas en Rock De Lux y Spiral, a
veces incluso excesivas, un poco salidas de madre. Para la grabación de la
tercera maqueta ya empezamos a probar a incluir voces y nos pareció que todo
ganaba en personalidad, las canciones se redondeaban más.
¿Qué había en aquellas dos maquetas? ¿Alguna
canción acabó en los discos?
- Las dos primeras, las más, digamos, trip hop o
abstractas, se quedaron en eso, dos maquetas para los señores críticos y para la
gente que me llamaba (Fran) por teléfono y me la pedía contrarrembolso. Ningún
tema fue recuperado en los discos. De la tercera maqueta se recuperaron
prácticamente todos los temas para Zuna, aunque vueltos a grabar en los
estudios Bunker.
¿En qué momento Mus se convierte en algo real?
- Posiblemente en el momento en que Jesús
Llorente nos propone grabar algo para Acuarela. Ahí es realmente donde empezamos
a medir cuánto hay de realidad y cuánto de jugueteo en el que no merece la pena
perder mucho más tiempo. Es una sensación rara que asusta un poco: nunca has
tocado en directo, poca gente te conoce y, de repente, tienes que meterte en un
estudio de grabación. De todos modos, con cada nuevo paso todo se hace más real,
el primer EP porque es el primer disco que grabas, el segundo porque es el
previo al LP, el LP porque es donde debes confirmar los augurios...
¿Ya nació Mus usando las bases electrónicas y con
ese concepto?
- No nació con ese concepto, más bien nació
DE ese concepto. Cuando comencé a jugar con los programas de la SB16 de mi
ordenador lo hacía igual que podría haberme dedicado a pasar más y más pantallas
con el Duke Nuke o cualquier otro juego. La falta de conocimiento condicionaba
de manera definitiva la estructura de las canciones, de ahí la obsesión
repetitiva en los primeros temas, los ritmos quebrados. En realidad, nunca
llegas a saber dónde acaba la incapacidad propia para manejarte y dónde comienza
lo sencillamente distintivo de un estilo personal.
¿Sería posible una aventura así con instrumentos
convencionales?
- Cada vez tenemos más claro que sí. De
hecho, en Fai tanto los teclados como violines, bajos o guitarras han
cobrado protagonismo. Aun así, el trabajar con muestras permite que a veces
salte la sorpresa: una muestra mal disparada, colocada en el sitio inicialmente
incorrecto, puede conducirte a veces a un arreglo que nunca se te ocurriría de
modo consciente y premeditado.
¿Y el gusto por la música tradicional vocal de
dónde viene?
- Es la música que conoces desde crío, no
desde la elección personal, desde el gusto, sino desde la convivencia con ella,
igual que convives con un vecino o familiar con el que no tienes por qué
llevarte especialmente bien. Más tarde aprendes a valorar ese tipo de
convivencia que dan los años y te das cuenta del verdadero valor que toda esta
música que has aprendido a través de tus mayores, y no de las emisoras o
revistas de moda, tiene en tu vida.
¿Qué significan Zuna y Pigaz,
títulos de vuestros dos primeros Eps?
- Zuna es un tipo de vicio o costumbre que
sale a los animales cuando los maltratan, que se hacen hoscos... Más o menos,
aunque no es exacto del todo. Pigaz es una palabra que en realidad no
existe en asturiano, o casi. Es una especie de apócope de la palabra pigazu,
que viene a ser siesta en asturiano. La sonoridad a veces viene dada por errores
propios y también por limitaciones. La sonoridad es un resultado de todo, lo
negativo y también lo positivo, fallos y aciertos. Y para dar ese resultado
cuentan también las limitaciones de trabajar con -pocos- instrumentos
electrónicos.
¿Es Acuarela el sello estatal más propenso a
editar músicas con un componente más arty, como Diariu, Jr. o vosotros
mismos?
- Aún hoy, a tres años vista de haber
fichado por Acuarela, no comprendemos el término arty, al menos
aplicándolo a nosotros. Hemos procurado huir siempre de la cita directa, del
guiño intelectualillo. Si hemos necesitado un sampleado en francés para un tema
nos ha dado exactamente igual que sea de una película de Jacques Rivette, de
Louis de Funes o de un noticiario; el caso es que cumpliese bien su función, sin
ir más allá. Lo que sí nos parece Acuarela es un sello con especial querencia
por jugarse los presupuestos con grupos más bien difíciles, aunque de buena
prensa. Y eso es loable, aunque supongo que no muy rentable.
¿Compartís la opinión de Jesús Llorente en el
sentido de que las propuestas más interesantes llegan de Asturias y Barcelona?
- Bien, no lo tenemos muy claro, pero si
efectivamente fuese de ese modo tendría una lectura muy diferente el hecho de
que parte de los grupos más interesantes del estado pertenezcan a una
“megalópolis-ultra-moderna” como Barcelona, o a una ciudad pequeñita, con unas
características socio económicas muy determinadas, no muy propensa a la
introspección, como es Xixón. En el caso de Barcelona no deja de tener su
lógica: siempre están a la última en todo y da la sensación que son siempre los
primeros en cambiar de asiento cuando va a haber un cambio de moda o tendencia.
En Xixón, evidentemente, eso no sucede.
¿Aceptaríais componer la banda sonora de una
película?
- Quizás, pero tampoco tenemos especial
interés en ello. Hay compositores que se dedican exclusivamente a esta labor,
profesionales que realmente cumplen en ese tipo de encargos. La mayoría de las
veces en que se encarga una banda sonora a un grupo no muy acostumbrado a estas
lides los resultados no suelen ser ideales. Ahora mismo se nos ocurre la poco
lucida colaboración de Orbital con Michael Kamen en Even Horizont.
¿Qué os parece que hablen de vuestras canciones
como banda sonora de una película imaginaria?
- La verdad, es una línea de texto que, de
tan recurrida, empieza a perder gracia. Es algo que nos resulta ajeno y,
supongo, debería preguntársele por ello más a los críticos que a nosotros dos.
Al fin y al cabo, es algo un poco fruto de su imaginación y no de la nuestra. Sí
es cierto que nos interesa recrear ambientes con nuestra música, y que nos
parece estupendo que nuestra música se ponga de fondo para hacer otras cosas,
todo tipo de cosas, pero de ahí a firmar una vinculación con el tema de las
películas imaginarias...
¿Y que se mencionen nombres como Barry Adamson,
Portishead, Spiritualized o Angelo Badalamenti es un halago o un lastre?
- Son nombres todos ellos que admiramos
muchísimo, y que se los mencione como referente es todo un orgullo. Está bien
tener influencias y sobre todo reconocerlas, siempre que esto no te lleve a
mimetizarte de manera escandalosa.
¿Sigue siendo aquello de ‘canciones para
conciliar el sueño’ la mejor definición del sonido de Mus?
- Desde luego, nos gusta mucho más que lo
de las películas imaginarias. De hecho en la estructura del Fai todos los
tempos se van ralentizando progresivamente para acabar dando con esa especie de
antídoto contra el insomnio que es “Sebastián”.
¿Sois conscientes de hasta donde podéis llegar
con vuestra música, de las cuerdas sensibles que podéis tocar en la gente?
- Es difícil hacerte una idea de eso.
Estamos hablando del papel que el oyente juega en la música, algo que escapa a
nuestro control, aunque a veces nos permitamos algún truco fácil a base de
crescendos, cuerdas, etc. De alguna manera, es más mérito de quien escucha el
disco.
Me imagino que vuestra propuesta es casi
irreconciliable con el directo. De todas formas, ¿pensáis hacer algún concierto?
- De momento no. Suponemos que a base de
una buena inversión podríamos llevar esto al directo, contratar músicos, adaptar
las canciones al directo... Pero serían demasiados esfuerzos para algo que no
tenemos claro que merezca la pena.