Sigue en su aventura en solitario contra viento y marea. Edita sus discos en su propio sello y, al menos, cuenta con un legado de seguidores fieles. Cartografía es el nuevo disco de rock clásico del antiguo componente de 091.
Son uno de esos pocos grupos con
enjundia dentro del manido universo del mestizaje, ese sobadísimo término que se
suele esgrimir para hacer referencia a la fusión latinizante y caribeña.
Fronterizos por naturaleza, Macaco se forjaron en la zona portuaria de Barcelona
y están liderados por Dani Carbonell, un catalán de 28 años que, con el apoyo de
músicos de Argentina, Brasil y Colombia, ha concebido El mono en el ojo del
tigre, su primer disco.
En su onda anda funcionando últimamente una nueva hornada
de grupos que hunde sus raíces y sus más claras influencias en el trabajo de
Manu Chao con Mano Negra a finales de los 80 y principios de los 90: Sargento
García, Amparanoia, Color Humano, P18, King Changó, Dusminguet, General D...
En este trabajo, con el que
debuta con el sello Edel, con derrote rumbero y suburbial, a partir del reggae,
el ragga y el dub jamaicanos, apuntan latidos de son, salsa, hip-hop y aires
morunos y bahianos. El Macaco Dani, de lleno en una gira interminable
desde que se editó su disco, comenta su relación con David Byrne y de sus
colaboraciones con Robert Trujillo, 7 Notas 7 Colores, Amparanoia o King Changó,
buenos amigos desde que lo conocieron.
¿De dónde viene lo de Macaco?
¿No seréis el eslabón perdido de lo mestizo?
- Tiene algo de broma. El
nombre viene de largo, de cuando tocaba en grupos como Magia Animal o Dr. No,
que hacían una mezcla de hardcore, punk y funk. Había temas en los que me movía
como un mono, saltando, chillando y haciendo ruidos sin parar. Se podría decir
que también nuestras canciones son inquietas y saltan de un ritmo a otro como un
mono.
Al principio no parecíais
una banda estable. Se os solía asociar con Amparanoia, ¿no?
- Les hemos
teloneado muchas veces, aunque la verdadera conexión viene a través de Muñeco,
el percusionista que está ahora con Amparo y que antes tocaba conmigo. Ahora es
su compañero y el padre de su segundo hijo. Casi se podría decir que hemos sido
sus celestinos. Amparo es como de la familia, nos conocimos en una fiesta
en Formentera. Me animó a montar una banda. Y después nació nuestro colectivo,
Hermandad Chirusa, y coincidimos en Francia con Manu Chao...
Y acabaste
juntándote a músicos brasileños, colombianos y argentinos.
- Sí, somos un
grupo típico del puerto de Barcelona. Vivíamos más de diez músicos de países
diferentes en una casa antigua que se alquilaba por habitaciones. Allí había
también artistas alternativos, gente que hacía teatro de calle: era como una
factoría en la que pasé cuatro años.
¿Estáis cómodos
en el cajón de sastre de lo mestizo?
- Sí, aunque creo
que nos diferenciamos un poco de los grupos a los que nos suelen asociar.
Conocemos a Dusminguet, Amparanoia, Color Humano y demás y, aunque hay cosas de
percusión comunes, creo que tenemos más influencias. No me gusta demasiado el
término mestizaje, se abusa tanto de él que ya casi no tiene ningún significado.
¿Y qué hacéis
colaborando con Rober Trujillo, de Suicidal Tendencies?
- Es
que, ante todo, somos abiertos. Le conocí en Dinamarca, cuando yo estaba de gira
con Dr. No, y hablamos de hacer algo juntos. De una de las maquetas que me mandó
saqué un bajo real y lo utilicé en el tema “Llamar a Tierra”. Las demás
colaboraciones son más normales.
Se dice que os va
a remezclar David Byrne...
- Sí,
les dijimos a los de nuestro sello discográfico, Edel, que le mandaran la
maqueta del disco, porque nos gustaba lo que había hecho en su sello con gente
como Chico Science, el brasileño que lideraba Naçado Zumbi y que murió en un
accidente. Debe de haberle gustado, porque parece que va a remezclar “Veraveraboom”.
Además, así ha surgido la posibilidad de remezclar dos temas del nuevo disco de
King Changó.