Vetusta Morla es una banda con una fuerza emocional directa, estremecedora, donde las palabras importan. “Las palabras que no existen nos pueden salvar”, dice una de sus letras. Empezando por el título de su debut, Un día en el mundo, que sugiere un fotograma sacado de una historia mayor, una historia épica e inabarcable que se intuye en las experiencias cotidianas, sin acabar de desvelarse, y que es el resultado de nueve años trabajando para llegar hasta aquí, con paradas en el Líbano o el Sahara.
Miguel
Ángel Villanueva sabe de qué habla. A sus cuarenta y cinco años ha visto pasar
por delante varias generaciones al mismo tiempo que él seguía componiendo
canciones atemporales que sólo ahora ven la luz por primera vez en forma de
disco grande. Una lástima que no sea más conocido, porque de verdad se lo
merece.
Después de numerosos singles
y participaciones en recopilatorios, aparece por fin el primer álbum de Los
Brujos. ¿Cómo se ha desarrollado el proceso de creación del disco?
- Ha sido un proceso lento, ya que hay canciones relativamente recientes, pero
también hay otras que tienen tres o cuatro años. Las canciones estaban ahí, y lo
que hicimos fue una especie de selección de todo el material que tenía para dar
una forma homogénea al disco.
¿Cómo has
hecho esa selección?
- Podría
haber grabado un disco doble. Había canciones que me gustaban mucho, pero han
quedado fuera porque estilísticamente no estaban en la onda de las demás. Me ha
quedado mucho material en el tintero, pero espero poder darle salida algún día.
Parece que por fin hay una
banda estable detrás de Los Brujos. ¿Cómo conectaste con ellos?
- Me vine a Madrid
durante seis meses precisamente para buscar a la gente adecuada. Cuando reuní al
grupo, hicimos algunos ensayos y nos salieron algunos bolos, lo que nos ayudó a
lograr la cohesión necesaria para que el disco sonara como tenía que sonar.
A pesar de que es un disco
brillante y resulta bastante asequible al oído, las letras siguen manteniendo un
tono intimista y no muy optimista...
- Sí; la
verdad es que la temática de las letras no es muy común en el rock, ya que yo no
hablo de los temas clásicos, no menciono el tema de las chicas y, si lo hago, es
muy de pasada... Son temas muy instrospectivos que normalmente te atañen muy de
cerca.
¿Te atreverías a dar una
definición de tu disco?
- Eso es
muy difícil; simplemente diría que es un disco de música pop.
Evidentemente es música pop,
pero la verdad es que Los Brujos es un grupo muy abierto: lo mismo hacéis power-pop
que pscodelia, garaje o tiempos muy poperos....
-
Efectivamente, y creo que si de algo estoy orgulloso en Los Brujos es que he
hecho cosas muy diferentes en la forma, aunque en el fondo es clarísimamente lo
mismo: música pop.
En cualquier
caso, decir que haces música pop no clarifica mucho. ¿Cómo definirías tú el pop?
- El pop
para mí es la unión ideal del cerebro y el corazón. El cuerpo debería tener la
fuerza y la visceralidad del corazón, junto con la creatividad y el ingenio del
cerebro. En general, una canción pop se basa en una melodía teóricamente fácil
de cantar pero que tiene creatividad y sentimiento... Dentro de eso, caben todo
tipo de arreglos y de ideas.
Siempre te has caracterizado
por cierto inconformismo. ¿Se refleja eso en tu música?
- Yo
creo que sí. Siempre ha habido en Los Brujos una actitud de ir a contracorriente
con respecto a lo que pasa en la escena nacional. Por ejemplo, aunque yo suelo
cantar siempre en castellano, cuando hice la versión de Burning, para el disco
de homenaje, hice una letra en inglés, porque sabía que, por una vez, todos los
grupos iban a cantar en castellano... Es cierto que me gusta ir a mi aire, y
musicalmente también se nota, porque aunque mis canciones tienen muchas
influencias de los sesenta, me gusta meter guitarras muy saturadas sin que
tengan que parecerse a los Posies.
¿Tiene eso que ver con tu
interés por buscar siempre los temas más oscuros cuando, por ejemplo, te piden
tu colaboración para un recopilatorio?
- Hay
dos o tres motivos para ello, y sí, el espíritu un poco guerrero que tengo. Pero
también es porque esos discos te dan la oportunidad de dar a conocer canciones
muy buenas que la mayoría de la gente no conoce.
¿Eres muy exigente con tu
propia música?
- Sí,
quizá demasiado. Llevo un gran policía dentro. Creo que debería ser más
elástico, porque a veces me quemo tanto los cuernos pretendiendo que todo sea
perfecto que me bloqueo. Ésa es una de las razones por las que, a veces, he
tardado tanto tiempo en sacar discos.
Dentro del panorama
independiente, ¿crees que el pop de calidad sigue sin entenderse en este país?
-
Evidentemente, eso es cierto. Me parece sorprendente que, siendo mis canciones
muy accesibles, melodías que cualquiera podría tararear por la calle, somos unos
de los grupos que no conseguimos salir de las catacumbas, que nos conoce y nos
valora gente más o menos entendida, pero ahí se acaba todo.
De lo que hayas escuchado
últimamente, ¿hay algo que te haya sorprendido especialmente?
- La
verdad es que hace tiempo que no me sorprende nada, pero no en el sentido de que
no me encuentre con buenos grupos. Lo que ocurre es que llevo mucho tiempo en
este corral y tendría que pasar algo muy gordo para que realmente me
sorprendiera. Sí hay muchos grupos con excelentes canciones. Creo que se ha
ganado mucho en cantidad y en calidad, aunque quizá falte aquel toque mágico y
aquel atrevimiento que había hace quince años para hacer cosas quizá mas
personales.
En los últimos años has
sacado discos con diferentes compañías. ¿Qué visión tienes de esa
experiencia?
- Como se dice
en estos casos, de todo se aprende. Todas ellas han sido positivas No puedo
tener ninguna queja, y la verdad es que no hay ningún motivo especial para no
haber repetido con ellos. Quizá el único motivo sea que Los Brujos tampoco somos
un grupo convencional en ese aspecto.