Diez años han tardado. Más incluso de lo que le llevó a The Beatles grabar toda su discografía. Pero aquí está por fin el tercer y esperadísimo disco de Portishead. Si de algo querían renegar era de la etiqueta del trip-hop y de convertirse en música sencilla para sonar de fondo en cualquier momento. Y lo han logrado con un disco más radical en su sonido, uno de los grandes álbumes de este principio de siglo. El tercer disco del trío de Bristol se llama, sencillamente, Tercero (Third). Hablamos con ellos, con excepción de Beth Gibbons, su cantante, que nunca hace declaraciones, alargando su misterio.
La
Buena Vida ha vuelto a la actualidad con su cuarto disco, Panorama. Son
12+1 canciones que perfeccionan la brecha abierta en su curriculum con su
anterior Soidemersol. Éste es su disco más perfecto y elaborado. Siete
meses de grabación y la colaboración de Pedro Vigil en la orquestación forjaron
una obra llena de nostalgia.
El grupo
donostiarra vio tambalear su plácido camino musical tras la asociación con la
multinacional Polygram en Soidemersol. Atrás quedaron dos discos de pop
inmediato y jovial: La Buena Vida (Siesta, 93) y Los mejores momentos
(Siesta, 94). Su estilo parecía fácil de promocionar, pero el gran salto anduvo
cerca de convertirse en desastre. “Nunca hubo un pensamiento de abandonar, pero
era necesario parase a pensar, volver a recuperar las ganas”, comenta Mikel
Aguirre, voz y guitarra. “Soidemersol recibió unas críticas muy buenas y
nosotros nos quedamos contentos. Pero nuestra ilusión y los proyectos de
Polygram no coincidían. Fue como hacer una gran película y no distribuirla.
Tampoco lo tomamos como un paso atrás. Fue una experiencia para aprender. Si
ahora nos sucediera lo mismo, llevaríamos un notario”.
El mal
trago no afectó al delicado gusto del grupo para construir canciones pop. Lejos
de desequilibrarles, La Buena Vida responde con su mejor arma, consiguiendo que
los nuevos temas suenen como nunca lo habían hecho. Desde el arranque con
“Melodrama” hasta “Tambaleo” (canción extra no detallada en los créditos del
disco y que incluye la línea “Todas las imperfecciones fruto de mi indecisión
son tan mías que les tengo simpatía”), uno descubre la cuarta cosecha de un vino
macerado con tranquilidad que se paladea con satisfacción, mejorando en
sucesivas catas.
El grupo
se aleja de los juveniles y acelerados inicios, aunque canciones como “Surquemos
el cielo entero” sepan a herencia de los comienzos. La coquetería electrónica
probada en su EP de baile “Magnesia” reluce en canciones como “Despedida” o “Guillermine”.
El mundo tecnológico no es el camino de futuro del grupo donostiarra, aunque
unas gotas no le sientan mal. Eso permitirá, además, disfrutar de sus orquestas
en directo.
Para el
guitarra Javier Sánchez, “el mundo electrónico es muy actual y te da muchas
posibilidades. Nosotros simplemente nos aprovechamos de sus utilidades. Lo que
no queremos es que parezca que nos estamos apuntando al carro de la electrónica.
Es simplemente aprovechar las cosas que tienes a mano. Igual que tocas una
guitarra, puedes utilizar otro aparato que te da una amplitud de miras que antes
no tenías”.
El resto del
disco es emoción musicada, con muchos momentos álgidos: los singles “Tormenta en
la mañana de la vida” y “Bodas de plata”, la novedosa “El largo adiós”, el
arrebato de ternura que da la escucha sistemática de “Tambaleo”, su visión del
soul instrumental en “Aquella noche de sábado”, en las que el salitre
donostiarra se alía con el de San Francisco y el sonido Tamla, las vibrantes
cuerdas de “Odessa”, etc.
El cóctel
de influencias se agita y diluye en una combinación de refinada digestión que
convierte el disco en referencia obligada para el 99. Panorama se adentra
en un pop sentimental y elegante (‘melancolía alegre’ como lo define el grupo),
con la voz de Irantzu cada día más grave, solapándose a la perfección con la
música, mientras Mikel se descubre como un acierto al cantar en solitario o como
segunda voz.
Se
sienten cómodos elaborando melodías bonitas desprovistas de significado expreso.
“Nos gusta que las letras de las canciones sean abiertas, que cada cual las
interprete como quiera”, explica Javier. “Como autor, no me gusta explicar lo
que para mi suponen las letras. Es algo privado. Me parece absurdo intentar
explicarlas. ¿Te imaginas a un pintor explicando su cuadro o a un poeta
detallando sus versos?”.
El grupo
y su compañía discográfica de toda la vida, Siesta, miman la edición en vinilo,
que contiene dos bossa novas que no aparecen en el compacto, diseñado de nuevo
con exquisitez por Javier Aramburu. Según Mikel, “Siesta tiene un código ético
muy determinado, lo que incluye cuidar la edición en vinilo. A mí me gusta mucho
más ese formato. En esa edición hay dos canciones más, pero no por la simple
suma de temas, sino para darle un aire más relajado al LP pensando en una cara A
y en una cara B. Algo que se ha perdido con los nuevos formatos”.