Vetusta Morla es una banda con una fuerza emocional directa, estremecedora, donde las palabras importan. “Las palabras que no existen nos pueden salvar”, dice una de sus letras. Empezando por el título de su debut, Un día en el mundo, que sugiere un fotograma sacado de una historia mayor, una historia épica e inabarcable que se intuye en las experiencias cotidianas, sin acabar de desvelarse, y que es el resultado de nueve años trabajando para llegar hasta aquí, con paradas en el Líbano o el Sahara.
A la espera de
nuevo material de Del-Tonos, el supuesto hermano de Hendrix Roever, líder del
grupo cántabro, lo intenta de nuevo con un segundo disco de agradecido power-pop.
¿Lo de melodía más
distorsión al cuadrado pretende facilitar las cosas a la gente?
- Evidentemente. Eso de que una
canción vale más que mil palabras no es suficiente, así que al mismo tiempo hay
explicarlo un poco con palabras. Esa fórmula es lo suficientemente variable como
para que se ajuste a todo tipo de canciones.
Pocas veces una etiqueta
estuvo tan bien elegida, ¿no?
- Si lo tomamos en serio, más
que una definición o una etiqueta, de lo que se trata en este caso es de una
fórmula, la fórmula del rock.
¿Es necesario ubicarse uno
mismo antes de que lo hagan los demás?
- A mí me gusta la música en
general y me gusta inventarme grupos distintos para hacer músicas distintas. En
el caso de Hank, llevamos ya cinco años, así que no se trata de algo
absolutamente nuevo.
¿Qué más hay de formación en
Hank que Teenage Fanclub, The Posies, Matthew Sweet o Red Kross?
- Todo eso que dices es lo
obvio. Por supuesto que escucho a todas esas bandas, pero también otras cosas de
hoy en día como Fountains Of Wayne, Nada Surf, You Am I o Gigolo Aunts, y, por
otra parte, está la vertiente arqueológica, de sacar brillo a viejas canciones
para que puedan volver a brillar. En el primer single hicimos una versión de
“Watching The Detectives” de Elvis Costello y en el segundo single una de Tod
Rundgren, que puede hacer que la gente se acuerde de esta gente bastante
olvidada.
¿Hay alguien en España
haciendo lo mismo?
- No sé, pero tampoco me he
puesto a buscar para comparar. Como Hank llevamos cinco años en esto y no nos
consideramos parte de nada. España me parece más un país de canciones que de
grupos, y nadie se toma el tiempo suficiente para asentarse.
¿Podrían ser Ross y
Australian Blonde lo más cercano, aunque se expresen en otro idioma?
- Lo que sucede es que hay con
ellos una gran diferencia y muy evidente: que cantamos en castellano y ellos en
inglés. Nosotros estamos convencidos de que la letra es la mitad de la canción y
que se merece el mismo trato que la música. Ponemos bastante interés en que las
letras sean sugerentes y tengan sentido.
¿Es cierto que el diablo
vino a ti y te convirtió en el estandarte de su cruzada contra el inglés?
- Eso es un poco un juego que
tiene que ver con El exorcista. Una de las principales condiciones para
saber si alguien estaba poseído por el diablo era que hablase en un extraño
idioma que no conoce y que no ha estudiado nunca. Y eso se puede aplicar a
muchos grupos españoles. Y pensamos... ¡Dios mío, Larry, están todos poseídos
por el diablo!
¿Te parece que el mundo
‘indie’ ha estado demasiado cerrado en sí mismo?
- Sí, como demasiado
preocupados por el qué dirán o por salir en la foto, más que en la música.
Además eso del ‘indie’, ¿existió realmente? Parece como que un día la gente se
levantó y había niebla y, más adelante, la niebla se disipó y ya está.
Supongo que escuchas muchos
otros tipos de música.
- Todo tipo de músicas. Por
ejemplo, me gusta mucho el country, así que acabaré creando otro grupo o dando
vida a otro hermano de Hendrix Roever y de Hank para poder hacer country.
¿Cómo son vuestras
relaciones con la industria que tantos sobresaltos os han dado?
- Con el primer disco de Hank
no teníamos tampoco excesivas expectativas a nivel comercial, más que la
diversión y que se conociese el grupo. Para este segundo, nos hemos buscado una
compañía más grande, que nos diese la posibilidad de hacer promoción y llegar a
más gente. Ahora mismo estamos cómodos así.
¿Y en qué se nota eso para
marcar diferencias respecto de ¡Dios mío Larry...qué demonios es eso!
frente a A lo bomba?
- Lo principal son los medios.
Lo que sucede es que el disco lo grabamos antes de buscar compañía. Después
íbamos por ahí con la oferta de El Padrino: “Tío, tengo una oferta que no
podrás rechazar. Escucha esto y dime que no vas a fichar a este grupo”. Ahora
estamos pensando en regrabar el primer disco, sacarle lustre y hacerlo accesible
a más gente, con caras B o una chocolatina de regalo.
¿Qué parte de culpa ha tenido
el productor Kaki Arkarazo?
- Tampoco él ha sido el
productor, sino más bien el técnico del estudio. Las producciones las hace aquí
el menda, aparte de que estaba muy claro lo que queríamos hacer y que estaba
todo muy ensayado, y Kaki se dedicó a poner eso en cinta.
¿También a Hank le gustan
las películas de serie B, sobre todo por el título del disco?
- Eso no recuerdo ya ni de qué
película viene, aunque se ha convertido en una frase habitual de nuestro
vocabulario, y es algo que se puede aplicar a todo tipo de situaciones. Todos
tenemos algo de ese sentido del humor algo especial.
¿Es más importante y
consciente la imagen en Hank?
- No; parece como si yo me
disfrazase por las mañanas para salir como Hank. Ésta es la pinta que tengo.
¿Qué sucede? ¿Qué antes me ponía más camisetas y ahora camisas? No es algo que
destacar, lo que importa son las canciones. De todas formas, llegamos al siglo
XXI y las camisetas están un poco obsoletas y se van a llevar las camisas.
Llevaba ya mucho tiempo con camisetas y con lo cómodo que es llevar una camisa,
que la puedes abrochar…
Por último, ¿qué sentido tiene
hoy en día el pop de guitarras?
- Sigue siendo lo más inmediato
y lo que más directamente te puede tocar la fibra sensible.