Sally Seltmann es prácticamente una desconocida en nuestro Estado. Sin embargo, su debut, The Last Beautiful Day, se editó por aquí. Esta australiana de Melbourne, relacionada con The Avalanches, podría estar jugando en la misma liga que Feist, a la que su música recuerda.
The Jesus
and Mary Chain llegaron en 1984 y con la melodía distorsionada de
Psychocandy amenazaron con cambiar la música para siempre. Su arrogancia
y mordacidad no dejaba de llevar razón: su original combinación de melodías
inolvidables con un abrasivo, a veces inaudible, ruido ha marcado muchos de
los lanzamientos de los noventa: Nirvana, Radiohead, Nine Inch NailsY La
lista es interminable. Pero allí donde la mayoría de sus iguales lo dejaron,
optando ansiosamente por la vida -o la muerte- fácil, The Jesus and Mary
Chain siguieron inexorablemente empeñados en su búsqueda del perfecto disco
pop. Ahora, con una menor influencia y repercusión, regresan con Munki.
Gran sonido, mentes sangrientas. Jim Reid lo presenta.
¿Por qué
la vuelta a Creation Records, vuestro primer sello?
- Queríamos
irnos de Warner desde hace tiempo. Con ellos todo lo que esperábamos era que
nos dejasen solos para hacer lo que hacíamos, luego que editaran el disco y
que lo promocionaran. Y creo que no les gustaba estar tan poco involucrados,
ninguna función más que la puramente industrial. Creo que están más
acostumbrados a trabajar con aquellas bandas que no tienen confianza en sí
mismas, a las que pueden decir qué vestir y cómo sonar, y nosotros no somos
así. Parecían tener miedo de nosotros, de verdad.
¿Os sentís
libres de nuevo?
- Para ser
honesto, siempre me ha gustado el modo de trabajar de Creation. Estar en
Creation significa que puedes hacer lo que quieras, del modo que quieras, y
eso es fundamental. Con cada disco estás diciendo: ‘Éste soy yo y ésta es mi
personalidad’. Y si dejas que la gente te cambie o que pueda opinar sobre
tus discos, empiezas a perder tu identidad. También me gusta de
Creation eso de que vas allí y están poniendo discos mientras trabajan y
hablan y te preguntan sobre ellos. De verdad les gusta la música, y eso es
importante para nosotros.
Tengo
entendido que durante la grabación ha habido más de un problema.
- Es
divertido porque la idea de este disco era que lo hacíamos en tres semanas y
luego lo publicábamos un mes después. Nos habíamos dado cuenta de que nunca
habíamos hecho un disco que sonase como si hubiese una banda en ello y de
que justo eso era lo queríamos hacer. Y entonces todo se volvió una
pesadilla. Empezamos con algunas canciones para no volver a ellas hasta años
después. Mi hermano William y yo casi acabamos asesinándonos durante el
proceso. Lo que nos ocurre ahora es que no nos cortamos en absoluto, somos
tan honestos el uno con el otro que la gente alucina.
¿Seguís
buscando la simplicidad?
- Todavía hay
mucho que hacer en la música pop, todavía quedan muchos caminos por pisar. Y
el día en que no se nos ocurran más ideas sobre cómo hacerlo, eso será todo,
se acabó, prueba superada. Aún recuerdo cómo me capturó por primera vez la
idea de la canción pop de tres minutos, cómo algo tan inmediato puede durar
tanto en el tiempo. Ya sabes: aún me encantan los singles de los Buzzcocks
del 77, siempre estarán conmigo. Creo de verdad que la música pop
permanecerá para siempre.
¿Y seguís
pensando que el 99% de la música es basura?
- Siempre ha
sido así. La gente me dice que odio la música porque me estoy quejando de
ella todo el rato, pero la amo. Lo único es que me doy cuenta y acepto que
la mayoría de la música es una auténtica basura, y eso es bueno, porque toda
esa mierda hace que lo bueno suene mejor.
¿Y cómo
lleváis lo de la integridad en el rock and roll?
- Hacerse
importante por el hecho de serlo no significa nada para mí. Solía decir que
queríamos ser importantes para poder llevar nuestra música a los estadios y
cambiarla para siempre, enfrentar a todo el mundo a algo tan puro que todo
sufriese una alteración después de 1987. Pero cuando descubrimos que estábamos
rodeados por gente a la que ni siquiera le gustaba la música, nos deprimimos
seriamente. Si sólo se trata de dinero o de fama, si te olvidas de la música,
entonces no tiene sentido ni utilidad. Si eso es lo que te mueve, es que no
tienes alma. Nuestra actitud sobre este tema es lo que nos convierte en la
última banda de rock and roll.
¿Os sentís hoy
más jóvenes que ayer o es la madurez la muerte del pop?
- Creo que mi
hermano William siente que ha madurado un poco, pero yo me niego. Quiero
agarrarme a esa inocencia y a esa humildad previa a la música. No quiero sentir
nunca que soy un compositor genial niactuar con pomposidad al respecto.
Por ejemplo, me encanta Van Morrison, pero odio la manera en que se comporta,
con esa actitud de ‘bésame el culo’, es triste y vergonzoso.
¿Hay una
actitud distinta a la hora de presentar vuestro nuevo disco?
- Siento como si
hubiésemos estado empujando una enorme piedra hasta lo alto del Everest, )sabes?
Y ahora sólo quiero que la piedra caiga, quiero poder caminar hasta lo alto del
jodido Everest, un cambio. Quiero ser como Nick Cave, que ha hecho lo que ha
querido. Hace lo que quiere y tú, o lo aceptas como es o te olvidas. Y la gente
lo acepta. Eso es lo que querría para nosotros.