Ana Fernández-Villaverde, conocida ya como La Bien Querida, aún estaba hace unos meses descargándose manuales para aprender a tocar la guitarra. Hoy encabeza el que puede sea el proyecto de más proyección de un artista sin contrato discográfico. No muchos la han escuchado, pero todos los que lo hemos hecho hemos caído rendidos a sus encantos. Y para comprobarlo no hay más que pasarse por http://www.myspace.com/labienquerida y descubrirla antes de que esté en boca de todos.
Pongamos las cosas en
orden. Y para eso nada mejor que dejar que el propio artífice de tanto lío
se explique. Todos sus nombres, todos sus proyectos, todos sus trabajos,
todos sus discos, todas sus aficiones... Tanta creatividad sólo demuestras
que disfruta con lo que hace. Y él es Javi Pez, el donostiarra más feliz con
su trabajo.
¿Fue el primer disco de
Parafünk un precedente de todo el rap que estaba por llegar?
- No. Fue un islote que no
ha tenido nada que ver con el hip-hop que se ha hecho después. Era un
proyecto más pop, más soul que exclusivamente hip-hop. El
primer disco de Parafünk era más como unos fuegos artificiales, un montón de
cosas distintas, un montón de guiños diferentes, y Parafünk ha ido derivando
hacia un sonido más soul.
Pero esa evolución hasta
llegar a Epílogo no tiene mucho que ver con la que ha seguido el
hip-hop.
- Antes se trataba de
hip-hop mezclado con cosas más positivas y alegres como Jungle Brothers
o De La Soul. Desde entonces, el hip-hop ha ido derivando hacia algo
más comercial y hacia el gansta, como si fuera necesario ser malo
para ganar más dinero. Por aquí quedan Jazz Two, que son la excepción que
confirma la regla, haciendo un hip-hop más jazz, en la línea
de Gang Starr o Guru con Jazzmatazz, pero los textos son también algo
macarrillas.
¿Tiene continuidad
Parafünk y hay intención de hacer gira?
- La idea es empezar ya.
Tengo una banda con Mikel Bap!! a la batería, Mikel Azpiroz en los teclados
y Alberto Bosch al bajo, y vamos a dar varios conciertos. Queremos dar un
paso más adelante. En principio los conciertos con Parafünk eran un DJ y muy
pocos elementos más. Ahora por fin ya somos un grupo con batería, bajo,
guitarra y teclados, y le añadimos los sampler y hacemos un auténtico
espectáculo.
¿En qué ha cambiado tu
forma de enfrentarte a la música y al negocio en esos cinco años que separan
ambos discos?
- La evolución ha sido
sobre todo para aprender a hacer las cosas uno mismo. Contar con un sello
discográfico fue la conclusión lógica después de estar tan solo y abandonado
en La Fábrica Magnética. Cuando surgió Parafünk en el 93 no había ningún
tipo de escena, por lo que había que crearla. Y había un trabajo que no se
enfocaba de cara a la industria, sino de cara a la independencia.
¿Cómo funciona la
autonomía discográfica?
- Es muy complicada. En un
principio haces las cosas en plan juego, y al editar los discos te vas
metiendo en la industria y te planteas hacer discos y cómo venderlos para
poder hacer más. Se trata de organizarlo todo y vas madurando con ello,
aprendiendo que es necesario tener una persona para promocionar los discos
que haces y todas las cosas básicas que al principio desconoces.
¿Está la escena dance
lo suficientemente consolidada ya en el Estado o es todo un espejismo?
- Me da la sensación de que
es un espejismo y, a la vez, creo que hay un mínimo de consolidación. Ya hay
varios sellos discográficos, se editan compactos... Lo que le falta es
personalidad a la hora de trabajar, para conseguir un estilo y una forma de
hacer. Algo hay, está claro, con el trabajo de los pequeños sellos y las
grandes compañías también editando discos de remezclas.
¿Y qué recompensas
ofrece el seguir trabajando como DJ?
- Al trabajar en casa y
hacer música no sabes bien para quién la haces. El ser disc-jockey te
da la posibilidad de poner la música y ver las reacciones de la gente. Te
abre la cabeza y ves lo que realmente puede llegar a hacer bailar a alguien.
También está la creatividad que te da el poner un tema detrás de otro,
conseguir un determinado ambiente, crear una tensión a través de los ritmos.
Me parece muy interesante trabajar con los sonidos.
A pesar de su carácter
plural y abierto, las sesiones del Etxekalte siguen siendo minoritarias.
- Sí, ya que seguimos
arriesgando y se trata de un club de jazz muy pequeño. Nosotros
ponemos lo que nos apetece pensando en la música, de forma que podamos
seguir aprendiendo a partir de la música de jazz, de las raíces, no
exactamente lo que suena en la radio. Así que hay un lado experimental, se
invita a gente a que venga, traemos disc-jockeys, y aprendemos de
todos ellos.
O sea, que te sigues
enfrentando a ello en plan amateur.
- Sí. Es curioso: yo no me
considero disc-jockey pero vivo de ello. Lo que pasa es que surgió la
oportunidad de pinchar discos en un club de jazz. Trabajar de disc-jockey
es algo circunstancial pero a la vez he aprendido mucho de ello a la hora de
hacer música. La historia del local también es curiosa, ya que el jazz
parece la madre de todo.
¿Cómo se come que haya
gente a la que le pagan millones por una sesión o que sean las nuevas
estrellas?
- Cuando llega la
industria, pasa lo que pasa. A una persona que te llena el local se le paga
lo que pide. Es lo mismo que el rock'n'roll: cuando un grupo llena
estadios, cobran lo que les da la gana y hay gente que les paga lo que
piden. Y eso pasa en este mercado: los que tienen las discotecas tienen que
pagar el dinero que les piden si quieren asegurarse el lleno.
¿No hay ciertas
contradicciones en festivales como Festimad en el que a la gente le vale
igual Extremoduro que The Prodigy y luego para ver a Goldie hay cuatro
gatos?
- El rollo éste de
independencia es muy cuestionable. Ese Festival está muy bien, pero no se
puede jugar con la historia de la música independiente. Al final se piensa
más en la parte industrial que en la música en sí: hay que tener mucho
cuidado con utilizar determinados reclamos.
El mismo problema sucede
con las carpas dance, que muchas veces no tienen la calidad que
debieran.
- La picaresca en el Estado
es algo muy común y siempre va a ocurrir. Los promotores que estaban en el
rock se dan cuenta que pueden traer a un disc-jockey y ganan el mismo
dinero o más y les sale más barato, ya que se trata de una sola persona.
¿Hay base creativa en la
escena?
- Yo si estoy en esto es,
desde luego, por la parte creativa. El sacar discos para mí es algo
creativo. Ahora que hay que pensar en venderlos para poder hacer más y ésa
es también una realidad que hay que tener en cuenta. Pienso que el fin
justifica los medios. Sucede también que hay mucha gente que utiliza otras
formas que no son exclusivamente la creatividad y empiezan a salir
demasiadas cosas raras que huelen a puro mercantilismo.
De las remezclas que has
hecho, ¿de cuál has quedado más satisfecho: Esclarecidos, Pizzicato Five,
Spring...?
- De la de Pizzicato Five
estoy muy contento: he fundido la personalidad del grupo con mi forma de
trabajar con los samplers, viéndolo desde el prisma de ellos. También
estoy satisfecho de una que hice para Carlos Berlanga, "120 años", que
titulé "120 años de radio fórmula mix". De todas formas, de las remezclas
nunca quedo plenamente satisfecho, tal vez porque no es cien por cien algo
mío: tienes una voz como condicionante... Es interesante hacerlas, pero a la
vez te marca mucho. Los mejores casos son cuando te gusta el grupo para
quien la haces.
¿Sería posible tener
diferentes aventuras sin la revolución del sampler?
- No, aunque por otro lado
sí. El sampler lo que da son unas posibilidades que antes eran
impensables. Antes era un trabajo de laboratorio, ir cortando y pegando, y
ahora te ahorras muchas cosas. Las cajas de ritmo también son un gran
adelanto, pero el sampler lo completa todo. Sampleas un disco
viejo y ya lo tienes ahí, y vas pirateando elementos de todos lados. Es muy
versátil y muy creativo: puedes tomar sonidos de otros, jugar con los tuyos,
manejarlos. Es una parte muy fundamental de los 90.
¿Qué grado de culpa de
tu hiperactividad tiene la posibilidad de disponer de toda la tecnología en
casa?
- También es muy importante. Tú
trabajas en casa con unos elementos no excesivamente caros, a los que cualquier
persona puede acceder hoy en día. Por un precio asequible te puedes montar tu
estudio en casa y así el desarrollo es mucho más musical. Lo que no sé es adónde
va a ir a parar todo esto. Con el rollo de Internet, el formato físico del disco
puede llegar a desaparecer. Es una incógnita interesante ver adónde nos lleva la
evolución de los elementos
¿Qué queda en Javi Pez del
espíritu de las fiestas quincenales que organizabais en El Muro?
- Lo mismo. Yo sigo igual.
Sirope empezó en el 93 allí haciendo fiestas y ahora estamos afincados en el
Etxekalte haciendo lo que queremos, sin cortapisas, salvo las del espacio: no
podemos meter helicópteros ni nada de eso. Yo tengo la misma ilusión y estoy muy
agradecido porque las cosas van muy bien, y todas las locuras que se me van
ocurriendo gustan y hay un cierto interés por lo que hace este loco del Norte, y
no dejo de sorprenderme cuando me proponen cosas como las remezclas de Pizzicato
Five.