El grupo más famoso de Amberes ha dado continuidad a su disco del 2005 Pocket Revolution con Vantage Point -del que nos habla Tom Barman, su líder-, un álbum que viene a representar la suma de muchos años de sangre, sudor y lágrimas. Justo ahora que llegan a su séptimo álbum, al tiempo que parecen tener más claro su lugar en el mundo, el grupo parece estar dando sus mejores conciertos, como fue el caso del último Festival Paredes de Coura. Este jueves lo presentan en Santiago de Compostela a las 22 horas en la Sala Capitol.
Bien, bien. No fue la
portada del compacto, tan explícita que no necesita comentario -una
adolescente con el uniforme que llevan todas las estudiantes de secundaria
en México, en el interior de un coche y con la ropa interior a la altura de
las rodillas-. Ni tampoco su título, ¿Dónde jugarán las niñas?, una
ironía sobre el título más inocente de los exitosos y más inocuos Maná,
¿Dónde jugarán los niños? Fue su contenido, como era de esperar. Las
letras han causado un revuelo tal en México como sólo se puede ahora
imaginar que supuso el principio del rock'n'roll o lo que sucedió con
los cantautores bajo el régimen franquista.
En cualquier caso, la
censura más que acallar ayuda a difundir, y eso es una buena noticia, porque
lo suyo es un potaje de rap, funk, hard rock y hip-hop en
castellano -con alguna concesión al inglés- que encuentra sus antecedentes
más directos en Red Hot Chilli Pepers y que debería servir de lección,
modelo y acicate a los grupos estatales.
Cuando apareció el disco de
debut de Molotov, la cadena de tiendas más importante de México se negó a
venderlo. “No fueron ni las tapas ni los tacos de las canciones. Lo que
molesta es que la gente se identifique tanto con las canciones, porque
nosotros hacemos una crítica social muy intensa. Hablamos de situaciones muy
reales, muy crudas, muy cotidianas, que la gente no está acostumbrada a
escuchar.”
La banda no se amilanó y
salió en persona a la calle a vender su disco. Y en un día despacharon 500
copias. “Una vez le pasó a un periódico de México, que los voceadores
se negaron a venderlo. Entonces veías a la gente que trabajaba para el
diario de traje, vendiendo en la calle. Y les funcionó tanto que ahorita
es uno de los principales. Pues nosotros hicimos lo mismo, porque nos afecta
que una de las tiendas más grande no nos venda.”
En ese aspecto consideran
que van abriendo camino. “Para mucha gente, esas tiendas son el único acceso
a nuestro disco. Entonces, esa cadena no tiene por qué negarle a la demás
gente la libertad de comprar una cosa. Lo bueno es que hace unas pocas
semanas, en las cámaras de senadores y diputados, declararon que desde ahora
todo lo que digas es libre. O sea que vamos avanzando junto con el país.”
Pero cuando atacan la
realidad de su país, Molotov no se andan por las ramas: “De lunes a viernes
transmites al aire / te pasas hablando como una comadre / Recibes propinas
de Carlos Salinas / transmites en vivo / nos dices pamplinas”, dicen en “Que
no te hagas bobo Jacobo”.
“Es una referencia a
Jacobo Zabludovzky, un periodista que lleva como veinticinco años en la
televisión y que es muy respetado. Bueno, hasta que llegamos nosotros. Era
una de las personas que tuvo la credibilidad de toda la audiencia mexicana
durante mucho tiempo, que trabaja en una de las televisoras más
importantes del mundo, Televisa, y que tiene un prestanombres que es
el dueño de las tiendas que se encargaron de censurarnos.”
El cóctel de influencias
tiene su explicación. “Yo escucho rock chicano, tipo Los Lobos; a Paco
-bajo- le van más Living Colour y Randy sólo escucha hip-hop. De ahí
sale Molotov. Pero hasta ahora hacemos todo en vivo: nos gusta más tocarlo
que tenerlo sampleado. Estamos como casados con nuestros
instrumentos”, asegura Tito, el guitarrista de la banda.
También es atípico el modo
en que el grupo se formó y se estableció. Micky y Tito eran parte de una
banda llamada Candelaria, “que es muy buena pero... como Frank Zappa: es un
desmadre y nadie los ha grabado. Nos salimos de ahí para hacer este proyecto
y dijimos que sí trascendía de alguna manera nos íbamos a dedicar de pleno.”
Tito recuerda los primeros
pasos: “Nos metimos en un concurso que organizó Coca-Cola en que había que pagar
diez dólares y podías ganar cinco mil. Además, mientras duraban las
eliminatorias bebías gratis en diferentes bares. Nos apuntamos por las
borracheras. Y mientras más colocados estábamos, más le gustaba a la gente.
Llegamos a la final en un teatro muy importante, el Teatro de la Ciudad. Estaba
lleno de señoras y padres de familia y todas las bandas eran más o menos
rockeritas. Allí salimos nosotros gritando nuestras cosas, a capella
y todo mal. Y, de repente, el primer premio. No lo podíamos creer. Cuando nos
llamaron al escenario, no podíamos ni hablar de la risa. Y enseguida nos
salieron tocadas por todos lados, pero nada más teníamos tres canciones.
Las repetíamos y contábamos chistes para hacer más largos los shows.”
Otro de los puntos de
controversia de ¿Dónde jugarán las niñas? es el tema “Puto”, aunque la
banda afirma que la canción no tiene nada que ver con la homofobia. Por un
instante, Tito se pone serio para aclararlo y todo se reduce a un problema de
diferentes significados para las mismas palabras: “En México, cuando le llamas
puto a alguien es como decirle cagón, que no tiene valor, que se echa
para atrás. La canción no tiene nada que ver con los homosexuales, y no tenemos
nada en contra de ellos.”
Como si no les alcanzara con el
revuelo que provocó su álbum debut, los Molotov han grabado una particular
versión de “Bohemian Rapsody” de Queen, para un disco de tributo latino. “Le
dimos directamente en la madre. Queen tenían buenas cosas, aunque no
éramos fans. Cuando nos llegó el fax, cometieron el grave error de ponerle
‘versión libre’. Entonces hicimos una versión muy libre que se llama “Rap, soda
y Bohemia”, porque aquí en México hay unas cervezas llamadas Bohemia.”
Y también en esta ocasión, una
vez más, la censura alcanzó al grupo. “Randy y yo tuvimos que ir a Nueva York a
cambiarle la letra, porque a los caretas de Hollywood Records les
molestaban algunas palabras. Pero la censura deja mucho. Por ejemplo, cuando nos
censuraron la vez pasada, salimos a vender discos a la calle y nos ganamos una
lana”, sonríe Tito. “Y ahora nos mandaron a Nueva York a cambiar esto,
así que nos ha funcionado.”