Forma parte de Hello Cuca, pero vamos a tener que empezar a pensar en ella de otra manera. Ahora, tras dejar atrás la huerta murciana por Madrid, Lidia presenta un primer disco Lidia Damunt en la Isla de las Bufandas (Lucinda Records) que surge de las horas muertas en trabajos basura y de su devoción por los sonidos del country y el rockabilly y que presenta en directo allá donde le dejan con una guitarra y una pandereta pegada al tobillo.
Cecilia Ann siguen el camino de Los Planetas
o La Habitación Roja: melodías exquisitas y canciones para el recuerdo.
Ahora presentan su primer disco.
¿Cómo
llegó el contacto con Elefant para editar vuestras canciones?
- Se puede decir que de la forma más habitual:
llegó a sus manos una maqueta nuestra y les gustó bastante, por lo que en el
verano del 96 empezamos a hablar de trabajar juntos, lo que se tradujo en un
contrato discográfico. Todo fue muy fluido.
¿Qué
es lo que más os gusta de vuestro primer mini-LP y qué cambiaríais?
‑ Por supuesto que lo que más nos gusta son las
canciones, que hubieran merecido estar en un disco largo. Quizás lo que
menos nos convenció fue el resultado de la grabación, que se llevo a cabo en
muy poco tiempo, 4 días, con poca experiencia de estudio. Y a pesar de que
Alejandro Díez de Los Flechazos nos ayudó en todo, no pudo hacer una
producción propiamente dicha, pero la idea de ese single era precisamente la
de sondear un poco cómo estaba el grupo y que fallos no debíamos cometer a
la hora de enfrentarnos a la grabación del disco largo. Es mejor
arriesgarte con cuatro temas que con un LP.
(Una
pena por las canciones!
¿Cómo
tratáis las armonías vocales a la hora de componer?
‑ Todas nuestras canciones están concebidas para
que las voces tengan un protagonismo especial, por esta razón, desde el
momento en que componemos una melodía, empezamos a trabajar en las
posibilidades vocales que pueda tener el tema, ya sea en cuanto a coros como
a la armonización de varias voces. En este caso, Estrella y yo nos
encargamos de esta tarea que exige mucho ensayo y dedicación, aunque el
resultado merece la pena.
¿Puede
haber una cierta relación con las bandas estatales de los 60?
‑ Pienso que en cierta medida coincidimos con
los grupos estatales de los 60 en cuanto a la recepción de conceptos básicos
del pop y el rock procedentes de fuera. En ambos casos tomamos como
referencia la música que se hacía fuera de España. Sin embargo, estos grupos
fueron muy miméticos y se limitaron a reciclar estos patrones básicos; los
grupos de ahora tenemos una herencia musical más amplia, incluso de grupos
estatales, que nos permite enriquecer más nuestra música.
¿Son
muy reacias las bandas de ahora a mostrar en público sus deudas con bandas
de los 80?
‑ Suele adoptarse un comportamiento absurdo, que
consiste en romper siempre con el pasado más reciente, lo que supone un
grave error. En cuanto a los 80, hay que decir que fue una etapa fundamental
en cuanto a la consolidación en nuestro país de unos valores culturales y
musicales sin los cuales no existiría ahora mismo un panorama musical tan
amplio. Si en los 60 y 70 nuestra vista estaba puesta en lo que se hacía
fuera, en los 80 existió una motivación especial por crear una escena
musical propia en lo que al pop y al rock se refiere. Ahora, en los 90, se
ha conseguido unificar criterios, y de ahí los resultados tan buenos que se
están consiguiendo a todos los niveles: grupos, estilos, sellos
discográficos, eventos musicales, incluso prensa especializada.
¿No
creéis que se sueltan más fácilmente al hablar de las influencias de más
allá de las fronteras?
‑ El hecho de adorar a los grupos foráneos e
ignorar lo que se hace aquí , no es más que el reflejo de que la industria
musical inglesa o americana nos lleva todavía mucha ventaja. Si hacemos una
valoración general, nos superan en todos los planos: mercado, producciones,
prensa... Y entonces es más fácil que alguien se acuerde de citar antes a
los Smiths o a The Cure que a Los Secretos o Golpes Bajos. Pero todo se
andará.
¿Qué
relación o paralelismo hay con grupos como La Habitación Roja?
‑ Cuando empezamos podía haber ciertos paralelismos.
Ahora ya con un LP en la calle, pienso que lo único que nos une es una
referencia generacional y una amistad, y cada grupo va creando un estilo propio
y diferenciado.
¿Se
puede llegar más allá del techo que han marcado bandas como Australian Blonde,
Los Planetas o El Niño Gusano?
‑ Supongo que sí. Pienso que nuestra música no tiene
techo alguno, además la nueva generación de grupos que está saliendo se ve con
más proyección. A la vista está que grupos que pertenecen a compañías
independientes, con menos recursos en teoría, están vendiendo mucho más que
estos grupos que me nombras, que pertenecen a una multinacional fuerte.
¿Creéis
que en el mundo de la música hay cada vez un mayor interés pero por un círculo
más reducido de gente?
‑ Desgraciadamente sí, pero afortunadamente aquellos
a quien
verdaderamente interesa esto cada vez lo hacen
mejor. Los grupos abarcan un abanico de estilos muy amplio y con mucho acierto,
los sellos discográficos se esfuerzan por introducir en el mercado música que
antes no tenía oportunidad alguna, los promotores organizan grandes
festivales... Creo que falta que los medios de comunicación potentes se hagan
eco de este fenómeno, porque sólo en sus manos está la posibilidad de que el
círculo se abra a un mayor número de gente.
¿Y
no es más fácil hoy tener repercusión si se hace música electrónica?
‑ No necesariamente: afortunadamente el panorama
musical es más amplio y te ofrece la oportunidad de hacer cosas distintas sin
necesidad de seguir una tendencia única.
Por último,
¿qué
sentido tiene hoy el pop de guitarras?
‑ Para nosotros es la música que nos hace más
felices y dichosos.