Referencias: mil discos vendidos sin ni siquiera llegar a las tiendas; dos concursos ganados en unos meses; más de 7.000 amigos en el myspace; van a la final española de la Battle of the Bands; y el productor de Van Morrison viajó este verano a Vilagarcía para conocerlos. Así cualquiera se permite publicar un debut titulado Greatest Hits.
Se cumplen ahora los 15
años de Discos Radioactivos Organizados y de Grabaciones Accidentales, dos
compañías que nacieron a principios de los 80 para acoger a los grupos que
por entonces daban brillo a la movida. Alfonso Pérez fue uno de los
socios fundadores, miembro de Esclarecidos desde su fundación y, ahora,
responsable de la parte estatal de la compañía que a principios de los 90
vendieron a la multinacional Warner.
¿Por
qué la compañía no se decidió a celebrar su 15 aniversario?
- Creemos que vivir
del pasado es malo y estamos muy contentos de nuestro presente. Pensamos que
era mejor dedicar nuestros esfuerzos a lo que tenemos ahora que a recordar
el pasado. Además, la revista Zona de Obras, que nos gusta, nos planteó la
idea y nos pareció bien. Nosotros teníamos muchas ideas, pero al final te
das cuenta de que quince años tampoco son nada.
¿En
qué momento estuvisteis más cerca de desaparecer?
- Muchos, sobre todo al
principio, que siempre es más difícil. Al final siempre pasa lo malo, y yo
me acuerdo sobre todo de lo bueno. Lo que cuenta son los discos y ahí están.
¿Os
ha coartado de alguna forma el cobijo de una multinacional?
- En absoluto. Todo el
mundo en estos casos dice que no, pero luego hay que demostrarlo. Nuestra
prueba son los discos que hemos sacado en los últimos cuatro años. En estos
últimos tiempos, si me apuras, los grupos con los que hemos trabajado son
más radicales o alternativos. No hemos perdido para nada el espíritu del
rock, lo que realmente nos gusta, entre otras cosas porque no sabemos hacer
nada más.
¿No
sentisteis que algo vuestro se os iba cuando vendisteis parte de la
compañía?
- No, porque la compañía antes
de venderla a la Warner ya era lo suficientemente grande como para que la
estructura nos pesara mucho. Lo que pretendíamos era seguir editando buenos
discos y olvidarnos un poco de los temas financieros, que no son nada creativos.
La libertad de la que hemos gozado es un principio que Warner tiene implantado
desde hace tiempo. Al principio tienes tus dudas, pero luego hemos comprobado
que sí es verdad.
¿Cómo
has visto el fracaso de algunos antiguos colegas?
- Supongo que si no les fue
bien será porque no editaron discos que interesan a la gente. Además, los
tiempos son hoy más difíciles que cuando empezamos hace quince años. Con los
medios de comunicación es más difícil llegar a la gente. Antes hacías una
entrevista en Radio 3 y todos los que se tenían que enterar se enteraban. Hoy
cuesta mucho trabajo, y en el aspecto comercial ya no quedan tiendas pequeñas:
todo se mueve a través de grandes cadenas e hipermercados, aunque también hay
excepciones.
¿Cuáles
son los criterios de selección de una banda?
- Es imposible de explicar. Que
nosotros lo veamos claro. No queremos cerrarnos a un estilo. Lo que buscamos es
tener lo mejor en cada tipo de música. El concepto de comercialidad es absurdo:
una cosa es comercial cuando vende, no antes. Hay veces que alguien de la
compañía lo ve y se lo cree, y entonces los otros vamos para adelante con él. Lo
malo es que no podemos fichar a todos los que quisiéramos.
¿Qué
es lo más ingrato de la industria?
- Cuando editas un disco muy
bueno y la gente no lo entiende. Es ingrato porque te frustras. Aunque no
solemos cansarnos con eso, y si creemos en alguien, le sacamos discos y discos
hasta que cuaja. Es el caso de Extremoduro, descubiertos hace dos años, pero
nosotros ya les habíamos editado varios discos antes. O de Def Con Dos.
¿Cuál
de vuestros grupos no ha sido valorado lo suficiente y cuál fue el éxito que más
os sorprendió?
- Que no haya sido valorado,
Amor A Traición, que editaron un disco muy bueno y pasó desapercibido para la
gente, para los medios, para todo el mundo. Y que me haya sorprendido, Duncan
Dhu, que cuando los fiché hace trece o catorce años lo hice porque me recordaban
a Jonathan Richman, sin pensar que fueran a vender muchos discos, y ya ves lo
que pasó.
¿Está
la gente de ahora más interesada en llegar directamente al éxito?
- Eso son estereotipos que se
marca la gente, y en el fondo la actitud es la misma, por lo menos en los que yo
conozco. Ahora son tan o más radicales que antes, y que luego venda o no venda
es lo de menos. Lo importante es la actitud del artista. Nosotros respetamos
mucho los parámetros que nos marca cada uno. Cuando alguien es bueno para hacer
canciones, lo es para todo, y nosotros lo seguimos, sin pretender vender discos
sin más.
¿Fueron
los 80 la edad de oro del pop estatal?
- Ahora mismo, cuando todos
creían que todo estaba muerto, sale Dover y venden 300.000 discos sin bajarse
los pantalones. Lo mejor de la música es que todavía no está sujeta a cosas que
se puedan vaticinar. Luego cada uno ve la película según como les va. A nosotros
nos va extraordinariamente bien y lo vemos todo positivamente. Sí hay cosas y
movimiento, lo que pasa es que algunos no lo pueden ver. Por ejemplo, la música
de baile, el nuevo flamenco, el rock... Hay que estar abiertos a todo.
¿Y
qué recuerdos quedan de la aventura de Esclarecidos?
- Siempre tuvimos las cosas
claras desde el principio, y supimos nacer y morir a tiempo y con honestidad. Y
eso ya es algo. Ahora estamos metidos en el proyecto que es como si grabáramos
un disco por primera vez. Estamos Cristina Lliso, Suso Saiz y yo, e intentaremos
no caer en los errores que se cometen habitualmente.
¿Y
cómo se ve todo ahora con familia y responsabilidades?
- No echo de menos nada, y en
el proyecto sólo intervengo a nivel de letras. No salgo casi nada: no porque no
me guste, sino porque luego no rindo. Sigo en contacto con la música joven, que
es lo mejor que tiene este trabajo. Es muy positivo para hacer música y escribir
letras. La ilusión no se pierde nunca y, si no la tuviéramos, no lo haríamos.