Habría pocos argumentos, si es que los hubiera, para negar que Mary J. Blige es una de las cantantes soul más consistentes de nuestro tiempo. La prueba es sus discos y los quince años que lleva en activo. Desde su debut en 1992, partiendo del ya clásico What's The 411 y a lo largo de todo su recorrido hasta llegar a The Breakthrough del 2005, Mary J. Blige ha ayudado a redefinir el R&B, y lo que es aún más importante, lo ha logrado siendo una artista que usa su don para elevar espíritus, para influenciar experiencias vitales y para llevar su corazón, su alma y su verdad a todos aquellos que la quieran escuchar.
Meredith
Brooks, nació en el estado norteamericano de Oregón. Aunque actualmente
vive en la gran ciudad, aún siente una mezcla de nostalgia y admiración
hacia la vida y la libertad que disfrutó en su entorno familiar. Hoy aún
recuerda claramente muchos de aquellos momentos inolvidables. Escuchándola
parece que todavía podemos sentir algo de la paz que se respiraba en el
pequeño pueblo donde vivía justo después de que se apagaran todas las luces
y todo el mundo se fuera a dormir. Sin embargo, en la realidad urbana que
disfruta actualmente, las prisas y la presión la llevan a vivir la vida al
límite. De encontrar un punto medio entre dos mundos tan distintos surge la
tensión de sus canciones.
En el pop
contemporáneo, algunos artistas han encontrado un modo de hacer llegar al
público sus canciones mezclando vacilantes pinceladas de sonido con los
pensamientos más extraños que podamos imaginar. Eso no es lo que suele
hacer Meredith Brooks. El suyo es un pop que llega a lo más directo,
con letras que siempre tienen un mensaje tan claro que en ocasiones pueden
resultar demasiado impactantes, apoyadas por melodías o temas que caminan
por sí solos. "Me gustan las cosas claras, ya sea en la música o en
cualquier otro aspecto de la vida", afirma. "Si no escuchas de verdad a tu
corazón es muy difícil que puedas sobrevivir en este mundo".
Aunque debutó
como cantante en la guardería, frente a su profesora, cuando no era más que
una niña ("me inventaba canciones sobre el lobo feroz", recuerda con una
sonrisa), con el paso de los años se ha convertido en una gran admiradora
del blues. "A la hora de dar forma a mi primer disco en solitario,
deseaba por encima de todo que mi música fuera capaz de recoger parte de la
cercanía y la calidez de esos sonidos del rhythm and blues que tanto
me gustan".
Además,
Meredith Brooks se dio cuenta de que con su Telecaster podía hacer realidad
casi todas las emociones que deseaba plasmar en el disco, y también
descubrió que basarse en los viejos sonidos no es ni mucho menos tan
interesante como sumergirse en un nuevo universo musical lleno de opciones
interesantes. "Cada día, cuando estaba en el estudio, era como si tuviera
presente un lema. Me decía a mí misma sin parar: "Tienes que llevar
adelante la esencia de tu estilo", eso era lo único que necesitaba
saber. Quería mantener la estructura de mis canciones tal como las había
compuesto, pero también necesitaba superar la rigidez que tenían casi todas
ellas, abrir esos temas a una nueva creatividad. Es como llevar las cosas al
límite: cuando eso ocurre dejas que tu energía creativa entre dentro de ti,
y entonces es cuando ocurren los milagros. En este disco hay muchas mezclas
extrañas de estilos y ritmos que surgieron así".
Brooks se
siente casi mareada por la siempre cambiante condición humana. Confiesa con
cierto orgullo que la psicología es su mayor afición, y ha estudiado
profundamente los cambios culturales que se producen periódicamente en las
personas que hay a su alrededor. "Casi todos sufrimos los mismos problemas:
las drogas, el dinero, etc., y al final acabas por darte cuenta de que
ninguna de esas cosas sirve para solucionar nada, y que no tendremos ningún
sitio a donde ir si no evolucionamos espiritual y emocionalmente", afirma.
Las letras de
sus canciones son auténticos consejos para corregir el rumbo de aquellas
vidas que se han salido del camino adecuado. "Amigos de verdad, fines de
semana y alguien por quien darlo todo... Un extraño que confía en mí... Mi
padre que me quiere... Una taza de café muy cargado, Seattle, quemaduras por
tomar el sol y una buena colección de Todd Rundgren...", nos dice Brooks en
una de sus canciones con un guiño en los ojos y un estilo impactante y
directo.
"Para mí es
útil utilizar una palabra, un ambiente o una idea que resulten diferentes
del modo en que normalmente solemos pensar; de ese modo las cosas no son tan
agresivas", afirma Brooks. Con un tono de cierto misterio en su voz, añade:
"Yo lo llamo "realineamiento semántico". Si un día me levanto y me
siento malvada, con malos instintos, intento utilizar esa maldad o esas
ganas de fastidiar para crear algo interesante, en vez de pasarme todo el
tiempo quejándome acerca de lo mal que me encuentro. Me gusta utilizar la
sensación de rabia o tristeza como instrumentos de cambio".
"Pollyane"
explica hasta qué punto el cinismo que muchos consideran chic es una simple
tontería. "¿Quién dijo que la oscuridad es profunda?", nos pregunta. "Prefiero
mostrar auténticos símbolos de paz", afirma. Por otra parte, su opinión sobre
los ambientes tenebrosos y lóbregos parece clara: "Es algo que ya no puedo
soportar", confiesa. "Si veo a otro niño enfadado o angustiado soy capaz de
vomitar. Llevo una temporada fijándome mucho más en la luz, el buen humor y la
vida mucho en vez de quedarme estancada en la deprimente oscuridad de la llamada
‘generación X’. Creo que estamos entrando en una nueva etapa en la que la gente
ya no quiere sentirte oprimida mientras piensa en lo mal que está todo a nuestro
alrededor. Todos sabemos lo mal que están las cosas, pero es mejor pensar en
algo más positivo".
Seguramente,
cuando alguien difumina los bordes de las cosas, tal como afirma el título
Blurring The Edges, el primer álbum de Meredith Brooks, el hecho de caminar
por el lado luminoso es el modo más fácil de convivir apaciblemente con la
oscuridad.