Benjamin Biolay: cómo consiguió llegar a Trash Yéyé (su vida interior)
Con motivo de la edición del nuevo disco de Benjamin Biolay, Trash Yéyé, hablamos con él, dejándole que, al principio, nos descubriese sin interrupciones cómo fue la grabación de este álbum, una 'especie de viaje introspectivo'.
Después de quince años y
ocho discos, Esclarecidos han acabado por romper definitivamente con su
sonido de siempre, algo que ya venían adelantando en sus últimas
producciones. Los clásicos "Arponera", "Tucán", "Cielo", "El tren azul" o
"No hay nada como tú" son ya recuerdos del pasado. Ahora, desde su madurez,
se abren a los mil aires de los nuevos sonidos. En su agenda, Tricky, Björk
o Portishead como referencia, y el productor Suso Saiz como responsable de
lograr que todo llegue a buen puerto.
Con La fuerza de los
débiles Esclarecidos demuestra ser uno de los grupo más renovadoramente
jóvenes del pop hispano. Cristina Lliso, su magnética y estimulante
cantante, se aviene a explicar su última vuelta de tuerca y cómo se puede
presentar, después de tres lustros, un nuevo disco repleto de referencias
actuales. Ni los más osados se atreverían a tanto.
¿Es
La fuerza de los débiles un signo más del compromiso de la banda o
una muestra del diletantismo del que tanto se os ha acusado?
- A estas alturas, el
diletantsimo colgado a nuestras espaldas, mal que nos pese, queda demostrado
que es una etiqueta más. Como grupo de culto, grupo amateur y una
serie de apodos que llevamos con resignación. Éste es exactamente el disco
que queríamos hacer en este momento, pero algo no tan reciente sino madurado
durante años. Lo queríamos absolutamente conceptual, desde la portada a las
canciones.
¿Esas
fotos tan duras, que sirven para la presentación del compacto, están hechas
en la Europa del Este?
- Se trata del extrarradio
de Budapest, sí. Son de un chaval muy joven y es llamativo que haya captado
unas imágenes tan impactantes, expresivas, actuales. Habituales al fin y al
cabo en cualquier ciudad. Después posamos frente a un hospital homeopático
del centro de Madrid, que se cae a trozos.
Por fin se os empieza a
reconocer el gran esfuerzo estilístico, más bien de sonido, de vuestros
últimos discos.
- Después de la gran
experiencia con Suso Saiz en la grabación en directo en el estudio de
Dragón Negro nos parecía impepinable que nos produjera él. Pero él nos
contestó: ‘Depende del tipo de disco que queráis hacer. ¿Habéis
escuchado esto y esto y esto?’ Y se refería a cosas muy diversas. Lo último
de Bowie, Björk, Portishead, Tortoise... Lenguajes a veces muy nuevos y
desconocidos para nosotros. Bases rítmicas en las que jamás nos habríamos
internado. Sin que sea algo que esté en desacuerdo con nuestro trabajo
anterior, este disco cierra un poco un círculo. Se trata de un trabajo algo
conceptual, no una simple colección de canciones preciosas, de una
comunicación de emociones. El grupo necesitaba saltar un cierto abismo
después de los cambios internos que hemos sufrido.
¿Ha
sido Suso el padre del cambio?
- Yo le dije que quería
entrar en el mundo de la música de baile. No del bakalao, claro, sino
en el mundo de ese increíble lenguaje rítmico actual: Tricky, Björk y
compañía. Etiquetas aparte, ahí está el trabajo de Suso, asumido hace mucho
tiempo: el ruidismo, lo industrial.... Nos interesaban esas formas de
lenguaje actual. Aunque fijándonos bien, siempre está ahí nuestro trasfondo
pop.
¿Se
trata de un mensaje para los débiles?
- No; desde los débiles.
Haz un pequeño repaso de
las canciones que contiene La fuerza de los débiles.
- "Un instante" es, tal vez, la
más optimista, y dice "no cambiemos el billete que nos lleva al paraíso". En
"Estoy esperando a mi amor" hay una buena dosis de melancolía; se trata de la
canción del desamor. "Muertos" no es más que la respuesta a la resaca del
concierto JASP de Madrid, donde parecía que se cocía la solución a nuestras
vidas y Alonso, autor de las letras, se sintió muy desconectado de todo aquello.
"En el medio del Retiro" puede ser cualquier noticia de actualidad, sobre dos
homosexuales apaleados. "El sabor de su aire" tiene una de las letras más
bonitas, que habla de la comunicación y la incomunicación. "Plaza de Callao" es
un homenaje a Javier Corcobado, que no ha podido colaborar esta vez como
letrista y refleja una escena de calle tras un concierto de Javier en la FNAC.
"Atándome" es la versión de “I´ll Come Running” de Brian Eno, una hermosa
canción. "En algún desierto" es la más íntima de disco, la canción de amor por
excelencia y que traduce el sentimiento general del disco. "Suerte" es, tal vez,
el único momento de desamor del disco, y se grabó en una toma: Suso a la
guitarra y yo cantando. "Solo" contiene la letra que todo el mundo cuestionó
pero yo creo que la frase es clave: "para pescar hay que estar cerca del mar", y
el resto son imposibles, simples ironías. "Viajar a la eternidad" es otra
referencia a la comunicación: "vecino y vecina, una sartén sin freír". Y "La
fuerza de los débiles" vuelve a ser otra maravillosa aportación del gran Pablo
Guerrero.