A los cuatro días de editarse su nuevo disco, Antonio Luque, más conocido por el nombre de su banda, Sr. Chinarro, se presentó en Galicia para empezar la gira de conciertos de Ronroneando. Este nuevo disco está producido por Jordi Gil y llega con la banda más conjuntada que nunca, tras un año continuo de presentaciones del excelente disco anterior, El mundo según. En esta gira gallega, estuvo el viernes 4 en la Sala Karma de Pontevedra, el sábado 5 en el Café Pop Torgal de Ourense y el domingo 6 en A Reserva de Carballo, en conciertos acústicos. Por último, el día 9 dio un concierto eléctrico en Vigo, dentro del Festival Sonora de la Universidad.
Hace unas semanas estuvo
por Galicia Diego Vasallo, mitad de aquellos Duncan Dhu. Su aventura en
solitario comenzó con dos discos bajo el nombre de Cabaret Pop, con especial
atención a los sonidos electrónicos y de baile, aunque frágiles y más bien
para escuchar en casa. Con su tercer trabajo ya adelantó el cambio que ahora
presenta en Criaturas: vuelta a lo básico y lo austero, como
pretendiendo escapar del éxito que durante una época le acompañó.
Es curioso que esta cita
tenga lugar alrededor de un café en el bar de un hotel, cuando tu disco está
lleno de hoteles.
- Me gustan mucho,
me resultan atractivos de cara a escribir, muy cinematográficos. Si hiciera
una película transcurriría prácticamente en un hotel. Me parece alucinante
todo ese montón de habitaciones con una historia distinta en cada una, gente
diferente, rollos turbios... Claro que me gustan no el tipo de hoteles
funcionales sino sobre todo esos pequeños, como el que descubrí el año
pasado en Formentera, perdidos en pueblos de la costa...
Ahora reapareces como
Diego Vasallo, lo que supongo significa un adiós a Cabaret Pop.
- De momento sí. Fue una
historia concreta con unas influencias concretas de música electrónica, de
baile, samplers, un rollo un poco más techno y la verdad es
que lo que hago ahora es muy diferente.
Tu tercer disco,
Diego Vasallo y el Cabaret Pop, anunciaba ya la variante estilística,
por donde iban a ir los tiros.
- Podía perfectamente no
haber aparecido el nombre de Cabaret Pop. Es mi primer disco en solitario y
Criaturas es su continuación. Con algunos cambios pero que tienen
mucha relación. En el anterior había ya una ruptura total con la historia de
Cabaret Pop.
Es curioso que ahora que
hasta U2 y David Bowie se pasan a los samplers tú vuelves a lo
clásico.
- Me hace gracia porque
creo que la gente se empapa demasiado de las modas. Cuando empezamos con
Duncan Dhu yo oía rock'n'roll de los 50, lounge music (Burt
Bacharach, Ray Coniff, los arreglos de Augusto Algueró...¿ y ahora se ha
puesto de moda. Nunca me han interesado mucho las modas, me he ido
auto-influenciando y ahora estoy interesado en cantautores como Serge
Gainsbourg. Y, mira, la música de baile, las máquinas, los samplers
no es nada novedoso, lleva años asimilado por el pop. Cada vez me da más
igual los medios que se utilizan. Decir que el nuevo lenguaje es el de las
máquinas es como decir que para hacer nueva pintura hay que abandonar el
óleo.
Sin embargo, poses al
margen, la vanguardia techno (Underworld, Chemical Brothres, The
Prodigy...¿ están creando lo más fresco.
- Por supuesto que habrá
cosas novedosas en la música de baile, pero no por utilizar ese instrumento
haces algo nuevo. El disco de Everything But The Girl será nuevo para el
grupo y nada más. No es ningún cambio radical, son las mismas canciones con
los ritmos y los arreglos cambiados. Pero lo novedoso también se puede hacer
con guitarra-bajo-batería.
¿Has
descubierto a Bob Dylan años después que Mikel Erentxun?
- No, los primeros discos
de Dylan se los puse yo, soy más dylaniano; a él le gustan más otros
americanos como Bruce Springsteen o John Cougar Mellencamp. Sigo
descubriendo a Dylan durante los 14 años que llevo tocando porque tiene una
obra tan extensa que puedes ir viendo etapas y discos toda la vida. Primero
supe sobre todo de su faceta acústica y el cambio a banda en los 60, pero
luego me ha encantado el Dylan más reciente y el de los 70: Street Legal,
Planet Waves, Desire. Tiene tantas caras... Por eso me fascina.
En mi disco las referencias dylanianas son las clásicas, las de
Desire.
- Tus influencias
reflejan mucha devoción por los setenta.
- Es una época musical que
ha influido mucho en mi forma de componer, de arreglar, de producir. Hubo
muchos caminos que me interesan: el soul, algo de rock duro como
AC/DC, Stevie Wonder, Lou Reed, Dylan... Me gusta el sonido de los discos de
aquella época, muy cálido. En los 60 podía ser más uniforme.
¿El
gusto por lo brasileiro es más tardío en ti?
- Sí, soy aún un inexperto. Es
un panorama super amplio y lo que más me impactó fue la bossanova
clásica. Lo primero que me compré fue una caja de Vinicius, sin conocerlo, y me
impresionó. A partir de ahí descubrí a Joao Gilberto, Antonio Carlos Jobim,
Caetano Veloso... Lo más básico.
- Criaturas supone un
giro hacia lo sencillo, lo natural.
- Es el tipo de discos que me
interesan. Lo que me ha gustado últimamente suena más crudo y más vacío: esa
onda del low-fi tipo Vic Chesnut, Nick Cave... Producciones austeras,
atemporales, para escuchar en casa, no en clubes. Nunca he pretendido
experimentar, es obvio, reivindico otros condimentos como la expresión, la
calidez, lo comunicativo.
¿Y
esa vuelta al ambiente barero?
- Es algo que siempre me ha
gustado: escuchar música en directo en garitos, en clubes. Echaba mucho de menos
tocar en salas y bares y estoy disfrutando; con Duncan Dhu era inviable. Estamos
metiendo una media de 100-140 personas y sin el apoyo de la compañía no podría
realizar una gira así; llevo tres músicos profesionales y sale muy caro.
Has producido a grupos como
Amor y Traición o Sanchís y Jocano en tu sello Galerna.
- Lo de Galerna no sé por dónde
tirará. La idea surgió tras escuchar las magníficas canciones de Amor a
Traición. Me pareció que había que editar al menos 500 copias. Lo de Sanchís y
Jocano fue un poco paralelo. De momento no tiene entidad de sello discográfico.
Ya veremos.
¿Te
ves de nuevo en una plaza de toros?
- Ciertamente no, las canciones
perderían todos los matices. He renunciado también a los playbacks, no
quiero hacer más el ridículo. Tampoco he hecho un vídeo-clip, hoy es un gasto
inútil. Frente al éxito anterior prefiero una obra larga, personal,
autogestionada. Me conformo con un éxito discreto, como Elliott Murphy o Robyn
Hitchcock.