Manolito, Quique, Moncho y Álvaro. Pop para el mundo desde Baiona. Primero fue Como un maldito guisante, un tratado del mejor hacer acústico que a muchos llevó en la dirección de los Beatles y del pop británico de los 60. Culebra es su continuación, un segundo álbum que los sitúa de nuevo en la primera división, ahora con presencia eléctrica y con un ojo también en el pop británico más reciente. El día 12 lo presentan en Caldas dentro del Festival Cultura Quente.
No, no intentan engañar
a nadie. Simplemente quieren sobrevivir y la única solución es renegar del
brit-pop y dirigir la vista hacia los otros sonidos presentables de
los últimos años, americanos para mayor sorpresa de todos. Ahora Beck y
Pavement están en la agenda de Damon Albarn y sus secuaces. Aquí intentan
justificarse.
Blur,
vuestro nuevo disco, es un decisivo paso adelante, pero "Beetlebum" no es
más que la canción de los Beatles que Oasis nunca grabaron.
- Creo que la cosa más
pasada de moda que podíamos haber hecho para nuestro regreso era una canción
que sonara como los Beatles. Quiero que Noel Gallagher escuche "Beetlebum" y
se de cuenta que esta canción está... más cerca.
¿Cuál
es ahora la relación con el compositor de Oasis después de todo este tiempo
y de sus famosas declaraciones?
- No es que haya una
relación de amor perdido entre nosotros. Dijo que deseaba que yo muriera de
SIDA, así que por mí puede pudrirse. No se trata de algo musical o algo así,
pero como persona hizo algo... No me importa que pidiera perdón por ello.
Nunca me pidió perdón a mí. No creo que lo vaya a hacer y tampoco quiero que
lo haga.
A la hora de preparar al
público para este nuevo rumbo vuestro, ¿cuáles
son los estereotipos creados sobre Blur que se han de vencer ahora?
- Lo nuestro siempre fue
una celebración de la caída de una cultura, más que un resurgimiento de esa
cultura. Siempre dije eso. Pero creé unos personajes con tanta fuerza que
acabé viviendo dentro de sus zapatos. Parklife me superó un poco. En
aquel momento no me importó porque todo fue increíble. Era todo tan nuevo y
un territorio tan virgen...
¿Te
arrepientes de alguna de las cosas que hiciste por entonces?
- Creo que fui víctima de
algo... Tomé algunas decisiones estúpidas y no creo que realmente tuviera el
sentido de la moral y la responsabilidad personal que tengo ahora.
¿Consiguió
la ambición sacar lo mejor de ti?
- Sí. Creo que todos los
que están en una condición de símbolo en este país han dejado que la
ambición les sacara lo mejor. Nosotros ya lo hemos pasado y estamos en algo
distinto; ahora estoy esperando que todos los demás pasen por ello. Quiero
decir Oasis o Pulp. Espero que le esté pasando ahora a Jarvis Cocker, porque
creo que está tan jodido como yo lo estuve. Es imposible recorrer todo el
camino si eres inteligente. No puedes creer en estas cosas, todo ese sistema
de valores. Yo nunca tuve esos valores, simplemente estaba intrigado por
todo el proceso.
Con declaraciones así
pareces haber sido un observador imparcial en las fiestas de las
superestrellas, cuando frecuentemente estabas borracho como una cuba.
- Sí, pero nunca perdí el
control. Bueno, no es cierto. Estaba algo así como fuera de control. No me
daba cuenta de lo que pasaba, pero ahora sí. Era intrigante. Vas a esas
fiestas porque tienes curiosidad por saber qué clase de vida es ésa. Por ser
curioso acabas formando parte de ello. Empiezas yendo a un club para
conseguir coca, después a otro, vuelves a ese club... Ese círculo te lleva
a los periódicos sensacionalistas, porque esos son los lugares en los que
ellos te están esperando.
En todo ese tiempo,
¿lo
pasaste bien?
- Hasta cierto punto sí,
pero me sentía culpable porque había una voz dentro de mí que se volvía más
y más fuerte y que me intentaba sacar de allí. Este disco está totalmente
relacionado con el proceso de curación de todo aquello. Pasé por mucha
mierda. Llegué a tal estado... Pasé de ser alguien que podía sentarse debajo
de un árbol y dormirse, a alguien que no podía sentarse debajo de un árbol y
ahora he vuelto a poder. Y para mí ésa es la cosa con más valor en el mundo:
ser capaz de tener esa paz directa y sin afectación.
Esa etapa sirvió para
decir hasta aquí hemos llegado.
- Eso fue el final de algo,
sin duda. Lo llevamos tan lejos como pudimos mientras aún nos sentíamos
cómodos. Me gusta la tradición del music hall, es algo de lo que me
siento muy cerca. Mirando hacia atrás, la parte más caricaturesca de The
Great Escape y Parklife haría un buen musical. Ponlos en los
escenarios del West End y "Country House" arrasaría. Y ahí es donde debería
estar. Pero eso no satisface una parte creciente de mí. No puedes evitar
darte cuenta, a medida que te haces mayor, que no eres tan importante y que
necesitas hacer cosas que signifiquen mucho más. No hablo de pop
clásico, sino de cosas que cuenten a la hora de aprender sobre ti mismo.
Supongo que lo veía todo de una forma vagamente caricaturesca, y por eso
hacíamos música cómica. Pero siempre han existido pistas en todos nuestros
discos de lo que este disco es. Siempre ha estado ahí, en nuestras cabezas,
así que no nos parece extraño esta nueva dirección.
¿Fue
premeditado para alejar a los fans pop?
- No. Era la única cosa que
posiblemente podíamos hacer sin haberlo dejado y seguir cada uno nuestro
rumbo. Graham ha seguido un largo camino conmigo. Lo conozco desde hace
tanto tiempo que no puedo permanecer impasible. Yo escribo buenas canciones
y tengo un gusto musical diferente al suyo, pero cuando nos unimos como debe
ser sale algo realmente fuerte. A veces uno adelanta al otro y en este disco
hemos intentado llegar a un equilibrio. Él también está creciendo. Ha dado
la casualidad de que hemos dado un paso adelante al mismo tiempo. Y que él
haya dejado la bebida fue muy importante, porque nuestra relación ha vuelto
a ser lo que era y puedo comunicarme con él. Verdaderamente me sentí
decepcionado. Es como un hermano, y llegó a ser muy frustrante porque era
imposible poder razonar.
¿Sentiste
que la banda estaba estancada por esa ruptura entre vosotros?
- Sí. No es que culpe a esa
ruptura, pero hacia el final de The Great Escape era virtualmente
imposible planear cualquier cosa o saber exactamente cómo iba a ser el día
siguiente.
El pasado verano
llegasteis a comunicaros únicamente a través del correo.
- Las cartas fueron un buen
medio para empezar de nuevo. Eso es justo lo que pasa en los grupos, es lo
que sucede si pasas meses y meses confiando en que alguien sea responsable y
los demás confiando en ti para comunicarte con ellos y ser sensible a como
piensan. A veces era demasiado responsable, pero tenía que serlo porque
nadie más podía. Toda esa energía implacable, esa competencia, fue mi culpa,
sin duda. Todos me lo dicen, pero no era algo que fuera a cambiar hasta que
no entendiera cuál era la razón por la que me sentía así.
Y supongo que era
bastante prudente no dejar de comportarte así hasta que no hicieras la
suficiente cantidad de dinero y pudieras permitirte el lujo de hacer un
disco más experimental. Ese es el capricho de todo hombre rico,
¿no?
- Supongo que sí. Hay mucho
de cierto en eso, pero nosotros siempre hemos hecho la clase de música de la
que fuimos capaces en cada momento. Cuando empezamos, nuestra compañía tenía
muchas ganas de convertirnos en algo apropiado para la época. Si hubiéramos
hecho nuestro primer disco tal y como hicimos nuestras primeras caras B,
hubiera sonado mucho más como este último. Eso era antes, pero fijó un
método de trabajo y un sentido de la responsabilidad a la gente de nuestro
entorno que ha llevado un tiempo deshacerse de él. Aunque aún tenemos
algunos hábitos. Estábamos planeando nuestra gira del próximo año y fue muy
difícil, así que puede que ese sentido de darte cuenta de que tienes que
trabajar por todo en esta vida no haya desaparecido del todo.
Este disco también puede
ser visto como una aceptación de la derrota, una retirada, una forma de
admitir que Blur no puede competir con Oasis en los términos que una vez os
fijasteis.
- No es exactamente como yo
lo veo. Una vez que has llegado a un punto en el que vendes millones de
discos y llenas estadios -no grandes, pero de media capacidad- tienes
derecho a fijar las cosas de nuevo, ya que hemos conseguido lo que la mayor
parte de las bandas jamás conseguirán en lo que respecta al status.
Creamos un movimiento, así que en lo que se refiere al linaje de bandas
británicas siempre habrá un lugar para nosotros. Creo que de verdad
empezamos a ver el mundo de forma algo diferente. Y se me hizo claro que al
final del día lo que importa son los discos y nada más, el estatus y la
cantidad de discos vendidos no importa tanto. Es un hecho al que no puedes
escapar.
¿Sigues
creyendo que tu música podría cambiar el mundo?
- Sí, y odiaría perder eso.
Me cortaría la cabeza si me pasara. Pero no creo que le puedas explicar a la
gente cómo hacerlo. Resultó en el pasado y sé como hacerlo de esa forma,
pero quiero cambiar otra vez. Siempre supe que haríamos un disco como éste.
Sabía que éramos capaces. Creo que tienes que ser muy cuidadoso porque
‘saber’ es interpretado como ser una persona clínica e indiferente.
Una buena parte de este
disco está compuesto de cosas contra las que solías despotricar, o sea,
lástima de uno mismo con absurdos sonidos por encima y una completo olvido
de la responsabilidad comercial.
- Sí, soy consciente de las
contradicciones. Pero lo mismo podrías decir de los Beatles. Hacían eso hacia el
final de su carrera. Creo que las bandas inglesas no toman suficientes riesgos
una vez que han encontrado una fórmula. Y ésa es la razón por la que los Beatles
son la mejor banda de todos los tiempos. Es un arte olvidado. Por eso el
panorama es deprimente en estos momentos. Y ésa es la razón por la que no hemos
hecho un brillante disco pop, porque el entorno es el opuesto a cuando
hacíamos brillantes discos pop. Tenemos nuestra propia integridad y eso
es lo que nos mantiene fuertes y unidos, y no coincide siempre con la opinión de
lo que está de moda y lo que no en cada momento.
Por el camino se han quedado
tus ataques vitriólicos, tu energía sin límites.
- Hago artes marciales,
taekwondo. Ha sido muy importante. Una vez que empiezas a involucrarte, tu deseo
de arrasar con todo disminuye. Te enseña que ésa no es la forma de ser. No se
trata de entrenar para ser un asesino. Quiero decir que cuando fui a por mi
primer grado el año pasado, era el cinturón blanco y tenía que estar allí con un
montón de chicos jóvenes. Todos sabían quien era y tienes que tratar a todo el
mundo de ‘señor’, así que es una experiencia muy humillante.
¿Te
has cansado de Londres?
- Sí, no quiero vivir más aquí,
no quiero vivir más en una ciudad. A Justine le gusta, así que no tengo mucha
elección, pero echo de menos poder caminar sin más y estar en silencio, cosas
así. He gastado algo de dinero y me he comprado una casa en Islandia. Cada vez
que vuelvo me relajo y se me abre la mente. Creo que todos los que pasan algún
tiempo fuera de Londres se sienten así.
Así que este disco, Blur,
trata más de ti que de Londres o de sus suburbios y de sus gentes. ¿Es el disco
más personal y exhibicionista que has hecho?
- Sí, y no me importa ahora,
porque estoy más preparado emocionalmente para ello. Tienes que tener cuidado
cuando empiezas a cantar sobre ti mismo. Las canciones tienen una magia, una
especie de poder con el que no puedes jugar. Si cantas sobre ciertas cosas
tienden a volverse verdaderas, porque el hecho de que incluso hayas escrito
sobre ellas significa que, en lo más profundo, sabes que allí es donde vas a
acabar. Hay muchos ejemplos de gente que ha escrito sobre su propio futuro, así
que impone bastante respeto.