Joe Stummer: Entrevista con Julian Temple acerca de su película sobre el líder de The Clash
El director de Joe Strummer: The Future Is Unwritten es Julian Temple, también realizador de los aclamados documentales La mugre y la furia (The Filth and the Fury) y Glastonbury, que aquí indaga en la dimensión dramática y humana del hombre detrás de la leyenda, contando la historia completa de su vida, antes, durante y después de su paso por The Clash. Él mismo nos presenta su película.
Ante todo
una pequeña advertencia. Lo de comparar Hablando solo con Tequila,
Los Rodríguez o cualquier disco reciente de algún ex-compañero, como Andrés
Calamaro, sería una obviedad. No, mejor escucharlo sin ideas preconcebidas.
Ariel, a pesar de su trayectoria, quiere presentarlo en clave íntima, en
clubes y garitos. Él no cree en los lanzamientos a bombo y platillo, en
locales grandes y con muchas alharacas. Prefiere el trabajo de base, el
tocar en recintos donde puedes ver los ojos de todos los espectadores. Una
actitud sana. Y sensata. Ariel, no se olvide, es un veterano de 21 años de
rock, con una parte de las mejores páginas del rock en castellano. Y sabe
que es mejor no tomar atajos: siempre terminas pagando peaje a la salida.
Y antes de
que Ariel suelte una de sus risas alborotadas y se tape la cara y diga "no,
no, no, no", convendría recordar que este bonaerense-reciclado-en-madrileño
podría presumir de hazañas aún más insólitas. En el ingrato panorama del
rock en español, donde las carreras son breves, Ariel es de los pocos que
han triunfado en dos décadas con grupos diferentes. Con grupos que, además,
supusieron revoluciones, cambios de rumbo, rupturas.
A finales de
los setenta, Tequila. Un grupo de éxito tan grande que sólo en tiempos
recientes se ha podido calibrar su verdadero impacto. "Tequila recuperó el
castellano para el rock y lo hizo con una oferta hedonista que contrastaba
con todo lo que sonaba en aquellos años de la transición". El mito
arquetípico del rock se llama, en España, Tequila: ascensión veloz, caída en
picado y todos los tópicos del ‘vive deprisa, bla, bla, bla’.
Y a
principios de los noventa, Los Rodríguez.Fuera de modas, triunfaron
a pesar de las adversidades -(cuatro discos en tres compañías discográficas
distintas!- y demostraron que no había nada aberrante en la ocurrencia de
fundir rumba flamenca o milonga porteña con los esquemas de rock.
Eso lo sabe
muy bien Ariel: "Yo soy hijo de los Rolling Stones, pero también de Charly
García". Y quién dice García, el genio volcánico del rock argentino, podría
añadir una retahíla de artistas que Ariel conoció en Argentina o España. "El
rock, amigo, no es una fe implacable, como de Concilio de Trento: también
podríamos hablar de un talante vital, de una forma abierta de entender la
creación musical".
Nadie debería
sorprenderse de que Ariel trabaje en el Estudio Mano Santa -a la izquierda
del salón de estar, según se entra en su casa madrileña- en ritmos jungle
y otros delirios poco rockistas. "Son las ventajas de abandonar un grupo
en su momento de máxima popularidad: los 250.000 ejemplares de Hasta
Luego me han dado una tranquilidad económica. Es como si disfrutara de
una beca de Los Rodríguez".
(Aviso! El
divorcio de Los Rodríguez no es vivido por Ariel como una tragedia: "En un
grupo, los roles se estereotipan y eso afecta a la creatividad. Yo creo que
fue un gran acierto parar en ese momento. Y siempre queda una puerta
abierta..."
Ariel no
sufrió el síndrome de abstinencia de escenarios. "Después de unas semanas
de relajo, me puse a patear pequeños locales de la capital con The Rota o
Sticky Fingers". Casi automáticamente se advirtió en estado de gracia y las
canciones brotaron en torrente. La solución era obvia: un disco como
solista. Ariel ya había probado esa jugada en los años ochenta: "Pero no
hubo acierto en la producción, se grabó con músicos a los que yo apenas
conocía".
¡Un
remedio! Llamar a un grupo ya existente, de agilidad demostrada, con capacidad
de adaptación: los Attractions, famosos por su trabajo al lado de Elvis Costello.
"Es un trío que aceptó la incorporación mía y se convirtió en un cuarteto. El
feeling de banda se desarrolló de forma natural. Ellos venían con unos
esquemas muy minuciosos donde se explicaba como tocarían cada canción, pero no
había inconveniente en buscar nuevos tratamientos. De hecho, casi todos los
temas se probaron de diversas formas, en rápido y en ralentizado, en rock y en
funk..."
Primero, dos
semanas en Du Manoir, atractivo estudio en la campiña francesa, a una hora en
coche del aeropuerto de San Sebastián. "Fue una convivencia muy intensa que me
permite asegurar que ha sido una de las etapas más felices de mi vida". Con
alguna grata visita, como la del gran Fito Páez y otros amigos.
Luego, vuelta a
la ciudad para la últimas pinceladas. Y un mes de mezclas en Nueva York, para
dar luz a Hablando solo."Por cierto, “Hablando solo” es una vieja
canción de Los Rodríguez que nunca tuvo un lanzamiento oficial y que tampoco
está presente en esta colección". Cosas que ocurren.