Projecto Mourente, a la felicidad por la electrónica
Empezó como un pasatiempo de Carlos Valcárcel, su factótum, en su habitación. Projecto Mourente editó un primer álbum, Baixo os eucaliptos, como quien no quiere la cosa, sin armar ruido, y poco a poco se fue haciendo un hueco en la escena gallega con su techno-pop bailable. Después se atrevió a dar conciertos. Hoy, con la misma filosofía que antes, pero con mayor repercusión, tiene ya un segundo disco, Kara.o.ke, comparte protagonismo con Yolanda Valcárcel, cuenta con varios invitados y se prepara ya para el directo.
Cuatro
años ha tardado Suzanne Vega en centrarse en su nueva vida. Desde que un
buen día encontró a Mitchell Froom, nada volvió a ser lo mismo. Primero se
convirtió en su productor, dándole a los dos últimos discos -99.91
y Nine Objects Of Desire- un aire de investigación sonora que se
escapa de los aires habituales de las cantautoras folk y la coloca en
una posición aventajada frente al resto de sus contemporáneas y seguidoras.
Luego se casaron y tuvieron un hijo, lo que le proporcionó un buen material
para sus nuevas canciones. Y esos objetos del deseo, que en el título de su
nuevo disco reduce a nueve, parecen ilimitados en la nueva situación. Tanta
confianza en una misma puede llegar a asustar.
Según los
criterios habituales, has tardado mucho en grabar un nuevo disco. Aunque en
tu caso, esa espera es más bien corta.
- ¿Qué hace
una persona anónima en cuatro años? Vive. Es exactamente lo que yo he
hecho. He vivido experiencias extraordinarias, únicas. Un matrimonio, un
nacimiento... Un cantante puede seguramente atravesar todo eso sin que
afecte a su arte, pero para una mujer eso es imposible, y si no pregúntale a
Neneh Cherry. Como ella, no concibo que pueda meterse la vida de una mujer
entre un paréntesis y poner su carrera por delante de todo lo demás. A mi ni
siquiera se me planteó la cuestión. Me enamoré, quise casarme y después
quise tener un niño. No iba a ser precisamente mi pequeña carrera de
cantante la que me impidiera realizar todas esas cosas maravillosas.
¿Has
cambiado durante este tiempo?
- En un
momento determinado creí que estaba realmente cambiando mi modo de vida en
profundidad: ya no era la pequeña artista ultrasensible que todo el mundo
conocía; me convertía en una esposa y madre responsable, seria, aplicada.
Era un sentimiento muy raro, bastante desdoblado: como una ruptura, pero
armoniosa. Triste y radiante a la vez. Y, justo cuando empezaba a aceptar
definitivamente esa nueva situación, las canciones volvieron ellas solas.
Fue un verdadero diluvio de melodías y palabras. No podía parar de escribir,
una auténtica hemorragia. Necesité meses de paciencia y duda para llegar a
la conclusión que ahora es una evidencia: mi vida y mi música están
íntimamente ligadas. La una no puede existir sin la otra, son como dos
cabezas de un siamés. Si no hubiera tenido la niña, podría haber seguido
funcionando artísticamente pero, ¿qué tipo de persona hubiera acabado
siendo? ¿Una chica agria, llena de certezas sobre la vida? ¿Y qué tipo de
canciones haría? ¿De esas estúpidas sobre el amor imposible, sobre la
eterna juventud?
¿Fuiste
consciente de la sorprendente riqueza melódica y diversidad de tonos del
disco?
- Sí, existió
una voluntad expresa de construir un álbum rico y variado, del que hay que
felicitar a Mitchell Froom por el trabajo. Yo no me enteré mucho. Al
principio, todo me sonaba confuso, como una avalancha de sentimientos
desordenados. Ni siquiera sabía si era capaz aún de escribir canciones. La
inspiración volvió, pero no llegaba a digerirla. Este disco es el
rompecabezas más complicado que yo haya logrado unir en toda mi vida.
Describes
tus dificultades y sufrimientos, pero al final el disco parece armonioso.
- Digamos que
he escrito con muchas dificultades sobre temas muy armoniosos. A veces este
tipo de canciones son las más difíciles de escribir, mientras que una
canción de cólera u odio puede salir en 15 minutos.
- El deseo
es el hilo conductor de tu nuevo disco. ¿Es tan fácil de representarlo para
una mujer casada y madre?
- Con esta
nueva vida y este nuevo cuerpo siento diez veces más deseo que cuando era
joven e inexperta. Sin entrar demasiado en detalles de mi vida íntima, me
siento más viva y animada que nunca. Lo que me interesa en el deseo es su
lado no resuelto, insatisfecho. Hay como un peligro, como una amenaza
permanente. El deseo puede ser muy violento, no hay paz posible. Se puede
vivir algo increíblemente intenso y ser invadida de nuevo por el mismo
deseo cinco minutos después. No hay salida definitiva.
Antes
dabas la impresión de ser reservada, casi austera.
- Siempre fui
divertida y abierta, pero durante algunos años ese aspecto de mi estuvo
escondido, sólo accesible a mis íntimos. Se me veía como una tímida artista
folk y el éxito de "Luka" lo acentuó.
Se te suele
presentar como la madrina de una nueva generación de chicas: Fiona Apple, Lisa
Germano... ¿Estás al tanto de la actualidad musical?
- Sólo los
periodistas me hablan de esas chicas. ¿Entraría Liz Phair en esa categoría? La
sigo con fidelidad. El único disco reciente que ha entrado en mi mundo es el de
The Breeders. Dicho eso, no me creo para nada ese estado de madrina. No tengo la
impresión de ser una gran influencia. Pero sí que he influido en la industria
discográfica. Fui la primera en demostrar que existe un público para este tipo
de artistas. Ahora me dejan llevar la barca a mi ritmo, lo que es bastante raro
en este medio. Soy bastante célebre por tener el derecho a esa libertad pero
físicamente soy bastante anónima. La gente conoce mis canciones pero no mi cara.
El otro día una dependienta me devolvió una tarjeta de crédito diciéndome:
"¿Sabe que hay una cantante muy famosa con su mismo nombre?" Desde hace unos
años mi universo cotidiano se mueve en torno a las mismas personas, un círculo
restringido de amistades. Pero la mayor parte del tiempo me ocupo de mi hija,
leo y escucho los mismos discos de siempre: Leonard Cohen, Bob Dylan, Astrud
Gilberto... Me tengo que ocupar de todo lo referente a mis discos, portadas,
giras, ensayos. Eso no me deja mucho tiempo para hacer nuevas amistades, algo
que siempre me ha sido extremadamente difícil. Me corto mucho ante una persona
nueva aunque me muera por dentro por conocerla. Es algo estúpido pero no puedo
evitarlo. Tengo un montón de ropa fantástica para los directos, pero cuando
tengo que salir a escena me desinflo y acabo en mi vestido negro de siempre. Es
una anécdota muy reveladora de lo que vivo cada día: tengo montones de deseos,
pero no me atrevo.