Pocos grupos como ellos para mostrar que el espíritu del rock está bien vivo entre alguna gente de las nuevas generaciones. Marah llegan, con su sexto disco, hasta nuestro Estado, puede que el lugar en el que más cómodo se encuentran tocando en directo. David Bielanko nos cuenta cómo es su nuevo álbum. “Para mí, nuestro nuevo disco Angels Of Destruction! es, a la vez, como la punta del iceberg y el fondo del pozo. Déjame explicarlo”.
"Tres
acordes de rock, casados con la potencia del verbo". Así definió en su día
Patti Smith la clave de sus canciones. Aquella delgadísima chica de aspecto
andrógino que apareció en 1967 entre la bohemia neoyorquina, grabó cuatro
disco definitivos y se retiró a la vida familiar, regresa ahora convertida
en una persona madura y sincera con Gone Again. Puede que el trato
habitual con los muertos haya ayudado lo suyo: en los últimos meses ha visto
como desaparecían su marido, su hermano, su primer amante y uno de sus
músicos. De ahí que la antigua furia se torne lúcida reflexión.
Patti Smith
tiene ganas de repasar su pasado, tal vez por el tiempo que lleva sin
hacerlo, por el nerviosismo que produce volver a los escenarios o para
reencontrarse con sus raíces, ahora que le faltan un montón de referencias
cercanas. Así que comenzamos en Nueva Yersey, donde vivió sus primeros años
junto a su madre, camarera y vocalista de jazz.
"No fui
criada como una niña mimada, Mis padres eran trabajadores y se las veían
para sacar adelante a los cuatro hermanos. De niños había veces que no
teníamos para comer pero éramos felices. Entre hermanos éramos como una
piña, llenos de fantasías. Mis padres demostraban inteligencia e imaginación
para salir adelante. Un día no teníamos más que un dólar para toda la
familia: compramos chocolatinas y nos sentamos todos alrededor imaginándonos
que estábamos en la cárcel y que no había otra cosa para comer... Mi madre
sabía convertir en algo divertido hasta los peores momentos de la vida. Fue
más tarde, en Europa, cuando me convertí en una adulta consentida".
Tanta
influencia como la de su familia la tuvieron ciertos héroes culturales,
especialmente en sus años adolescentes. "Creía en ese papel de los héroes,
probablemente porque estaba muy inspirada por el trabajo de otros como
Rimbaud o Bob Dylan. Ahora creo que la Madre Teresa de Calcuta es más
heroica. Me fue difícil remontar el terrible período en el que se convirtió
mi adolescencia. Era una inadaptada, un poco torpe, no me identificaba con
nadie, sufría en solitario. Gracias a la música y el arte sentí que no
estaba sola en el medio de la nada. Es el rol de los artistas inspirar a la
gente y hacerles sentir ligados al mundo. Muchos de nosotros estamos, de un
modo u otro, desconectados de la realidad. ¿Quién me ayudó a pasar el
escollo de los 16 años? Arthur Rimbaud, su trabajo, su obra, su energía y
sus ideas. Otros elegirán a Jesús, Picasso, Jackson Pollock..."
La rebelde
adolescente fue perfilando sus gustos e influencias artísticas, a tono con
los nuevos tiempos, y pasó pronto a escuchar a Edit Piaf, María Callas, Nina
Simone y los primeros grandes del rock. "Yo fui la primera
sorprendida, nunca se me había pasado por la cabeza. Lo mío era la música de
los años 50. No era ni músico ni cantante, como mucho pensé en cantar ópera,
pero no tenía voz para ello. Vi a Dylan en el 63 y a los Stones en el 65,
pero no pensé que acabaría entrando en el rock. Fue algo que llegó de
modo natural".
"Mis padres
escuchaban a Duke Ellington o Frank Sinatra. Yo escuché por primera vez a
Little Richard cuando tenía cinco años: fue un choque intenso, inmediato.
Casi vi el nacimiento del rock y crecí con el, pero en aquel ambiente
había poco sitio para el arte. La gente trabajaba en la fábrica o el campo,
con la única preocupación de tener un techo sobre sus cabezas y alimentar a
sus hijos. Para el arte había que escapar a la ciudad".
En aquellos
años se matriculó en una escuela de arte, pero no llegó a acabar los
estudios. Tenía 20 años y pasó por una experiencia que sus biografías no
suelen relatar: el nacimiento de su primer hijo. "En aquella época, y sobre
todo en un pequeño lugar de provincia, una cosa así te convertía en alguien
rechazado. Fui muy responsable durante el embarazo para asegurar una buena
salud para el bebé. Después lo dejé en adopción. No estaba en absoluto
preparada para formar una familia. Me he reencontrado con aquella hija hace
dos años; no la había visto antes jamás. Es músico, muy inteligente y
dotada, aunque prefiero no hablar más por respeto a su vida privada".
Inmediatamente después, en el 67, partió hacia Nueva York. "Quería
convertirme en escritora, viajera. Vivía en aquel rincón rural pero amaba a
los poetas beat, William Burroughs, el jazz... Me miraban como
alguien raro. Cuando descubrí a Rimbaud pensé que había al fin alguien que
sentía como yo. La primera vez que oí a Jim Morrison por la radio me sentí
menos sola. Gracias a Bob Dylan y a los Doors la poesía empezaba a ser
integrada por el rock. Con el tiempo, con mi grupo, sabía que
ayudábamos a alguna gente a sentirse menos sola; me iba a sentir orgullosa
de devolver lo que me habían aportado a mí otros artistas".
En la Gran
Manzana hubo un encuentro determinante, el entonces bohemio artista, y luego
reputado fotógrafo, Robert Mapplethorpe. "Era el verano del 67. Acudí a la
Escuela de Arte de Brooklyn para visitar a un amigo. Me indicaron que en el
cuarto del fondo había alguien que me podría informar. Al abrir la puerta me
encontré con un muchacho que dormía en el sofá: era guapísimo, con el pelo
largo y ondulado. Se despertó y me sonrío. Era Robert. El entendimiento y la
intimidad entre los dos fueron inmediatos".
Robert
Mapplethorpe fue algo más que su guía urbano. "Él fue mi primer verdadero
compañero. Creía en mí, nos apoyamos enormemente entre ambos: por el día me
ganaba la vida en una librería y pasábamos las noches enteras trabajando juntos.
No paraba de moverse entre sus diseños, aunque con la fotografía empezó más
tarde, en el 69. Queríamos ser artistas pero no encontrábamos nuestro lugar en
el mundo. Éramos solitarios sin blanca, jóvenes, inexpertos, inocentes, sólo
queríamos tragarnos el mundo. Robert sólo comenzó a replantearse su sexualidad
dos años después, cuando fue consciente de sus impulsos homosexuales. Nunca lo
habíamos tratado, ni siquiera sabía si los rechazaba porque durante todo el
tiempo sólo se ocupó de mí".
A partir de ese
momento las cosas cambian y Patti vive en París, luego convive con Sam Shepard y
por fin consolida con Lenny Kaye el grupo de rock con el que se daría a
conocer con los discos Horses, Radio Ethiopia, Easter y
Wave. Del retiro familiar vuelve en el 89 con Dream Of Life y ahora
definitivamente con Gone Again.
¿Qué queda de
aquella chica rebelde que abrió vía a tantas rockeras actuales? "Yo era
eso que llaman una estrella del rock, siempre en las páginas de las
revistas. Hoy me concentro en escribir, me preocupo menos por mí misma. Si
tienes hijos, te debes acostumbrar a eso. Me siento mucho más fuerte que en el
pasado. Soy más vieja, tengo el pelo gris pero no me preocupa. Creo que he
salido mejor de lo que era tras estos difíciles últimos años".
La sensación es,
cuando menos, extraña: Patti Smith recuperada como diva rock. "La
reacción de la gente me ayuda mucho, la necesitaba. Dejo Detroit y trataré de
vivir en Nueva York con mis hijos. Necesitábamos también un dinero. Al volver a
este mundillo me fío aún menos de en qué se ha convertido el negocio musical, de
su terrible espíritu competitivo, de su vanidad. Tenemos que tratar sobre todo
de no perder nuestro espíritu de rebelión, tenemos que seguir siendo, en cierto
sentido, unos renegados".