"Disculpe, se le ha caido un pedacito de horror". Celso: voz y guitarra; Xosé: guitarra; Juan: teclado; Toño: coros y bajo; Guillermo: percusión y batería. Desde Pontevedra, Instructor Mundial, esperando su oportunidad.
Tras asentarse en la
sierra de Granada, Neneh Cherry parece haber encontrado la estabilidad que
ha perseguido durante muchos años. Después del nacimiento de su tercer hijo
y la muerte de su padrastro, el trompetista de jazz Don Cherry,
publica Man, su tercer disco, una nueva vuelta de tuerca en las
relaciones hombre-mujer. Tal vez haya conseguido reflejar en sus nuevas
canciones su verdadero sentir, aunque no haya ganado nada en el cambio que
la ha llevado de los ritmos de baile más originales hasta el rock más
convencional.
La grabación de Man
fue hecha durante una época bastante especial para ti, por todos los cambios
que se producían a tu alrededor.
- Man fue grabado
durante un tiempo problemático. Acababa de tener mi tercera hija y perdí a
mi padrastro, el hombre que me educó. Fue un período duro. Paradójicamente
las canciones salieron vivas, directas, repletas de energía. Como si Cameron
McVey - mi pareja- y yo hubiéramos sido arrebatados por un empuje de
vitalidad frente a aquel suceso conmocionante. Fue necesaria aquella prueba
para que algunas cosas se liberaran en mi interior.
En este tercer disco no
has temido haberte tomado demasiado en serio.
- Estuve más
apasionadamente seria que nunca. Aunque no olvidamos las risas durante la
grabación. Reírse de uno mismo es también un modo de autodescubrirse. Don
Cherry, mi padrastro, tenía esa capacidad consigo mismo y con los demás.
Tenía un instinto, una calidad humana a la que sacaba partido con
profundidad y humor. Siguió mi vida amorosa con clarividencia y atención.
Estas últimas
canciones están más profundamente conectadas que nunca a tu vida y
sentimientos.
- Espero que las conexiones
entre las canciones y mi vida hayan estado siempre presentes. Pero esta vez
he sido más capaz de introducirlas en los textos y en las músicas del modo
que las sentía, sin filtros.
Tres años entre el
primer y el segundo disco y cuatro entre ese segundo y Man. ¿Avanzas
a tu ritmo?
- No es premeditado. Hemos
estado implicados en muchos proyectos. Por ejemplo, después del primer disco
asistí a las grabaciones de Massive Attack y fue uno de los momentos más
enriquecedores de mi vida. Creamos el sello Cherry Bear para favorecer
encuentros y trabajar más tranquila y libremente. Muchos grupos están
obsesionados con encadenar más discos y giras. Ese es el pequeño mito
rock, que sólo sirve a los imperativos económicos de las empresas
discográficas.
Homebrew
fue grabado hace cuatro años en Suecia en plan distendido, en los lugares de
tu infancia. ¿Crees
haber vuelto brutalmente a la realidad?
- No ha sido tan brutal.
Mirando hacia atrás he andado en estos seis últimos años sobre un hilo tan fino
como un cabello. No supuse que el primer disco obtuviera semejante éxito.
Aquello me produjo una presión que no había previsto. Me etiquetaron rápidamente
como una artista hip-hop y tuve que intentar desmarcarme. Con Homebrew
intenté demostrar que componíamos canciones de verdad, no necesariamente de
baile. Fue lúdico, pero me alejaba de lo que sentía por dentro, de mis
instintos, de una manera más directa de expresarme.
Puede sorprender tu opinión
sobre ese disco, aunque muchos lo han alabado por su personalidad y
espontaneidad.
- Musicalmente estoy muy
orgullosa de él. Pero descuidé el contenido verdadero. No puse por delante las
canciones más emocionales, que me habían salido directamente del corazón. Fueron
relegadas por temas más pop. Pero las asumí a medias. Después del disco
pasé por una crisis no sólo musical, del tipo de cogerse la cabeza entre las
manos y decir “pero, ¿quién
soy, qué quiero?". Vaya dolor de cabeza. Así en lo musical necesité avanzar por
mi cuenta, sin calcular nada. Tendía a alejarme de todo eso. Pero no se puede
estar dando bandazos siempre: hay que enfrentarse a los sentimientos, sondear
el alma, hundir tus manos y cerebro en tu propia mierda. Cuanto más se avanza,
más se comprende que la vida es dura. Pero vale la pena. En el 94, con 30 años,
pensé que sería bueno seguir una terapia. Durante cinco sesiones vertí todas las
lágrimas de mi cuerpo, hice el mayor balance que pude de mi pasado, mis
relaciones con los demás, mis miedos.
¿Qué
necesitabas desnudar?
- Había tenido una infancia más
bien libre, llena de viajes, de descubrimientos. Mi madre era pintora y llevaba
una vida bohemia. Ese tipo de vida que hace soñar a quienes tienen infancias
monótonas. Pero para todo niño la cuestión es la misma: cómo encontrar su
verdad, su lugar en el mundo. Con mi existencia fuera de normas no me era
siempre muy fácil encontrar mis señas de identidad. Más aun: ser una persona de
color en Suecia no arreglaba precisamente las cosas. A veces me hubiera dado con
un canto en los dientes por un poco de conformismo, entrar en el molde,
parecerme a los demás. Pero tuve que luchar, construirme a partir de aquellos
valores originales poco compartidos. Tuve que trazarme el camino yo sola, y
ahora tengo que agradecer a mis padres no haberlo hecho por mí.
¿Cuáles
son los aspectos de tu personalidad más ligados a tu infancia?
- Mi risa, las lágrimas, la
tristeza. Mi sentimiento de inseguridad. Me gusta aprender, amo las cosas
nuevas.
En Man pareces
envejecer sin pretensiones reivindicativas.
- Prefiero ver las canciones
como noticias, fracciones de tiempo y no manifiestos. Más que hablar con el puño
en alto sobre las relaciones hombre-mujer, la identidad sexual, blandir grandes
ideales o lanzar consignas, prefiero contar una historia. Jugar con las
palabras, con los sonidos. Aunque sé que siempre hablaré de los mismos temas: el
sentimiento, la pérdida, el dolor...
¿Vivir
en España te ayuda?
- Seguramente. La honestidad de
la gente, su franqueza. Ese paisaje inmutable de Andalucía. Pero con una
agitación permanente: la gente parece tener siempre algo que hacer. No sé si
España ha heredado esa vitalidad en reacción a los años de Franco. Es también el
primer sitio en el que puedo vivir sin que me recuerden constantemente el color
de mi piel.