Asa nació en París. Su vida en la ciudad de la luz dejó a aquella chica sólo con un puñado de vagos recuerdos (felices); poco después de haber cumplido dos añitos su familia regresó a Nigeria. Paris fue simplemente una etapa en la vida dura y llena de coraje de sus padres. Pero de alguna manera, su destino había quedado vinculado a la ciudad que la vio nacer, a donde regresaría 20 años después para iniciar su carrera artística.
Mike Scott, antes conocido como líder del
grupo The Waterboys, edita ahora su primer disco en solitario, Bring 'Em
All In, un álbum en el que ha compuesto todos los temas y toca todos los
instrumentos. Para comprender su esencia es necesario escuchar a Mike Scott,
quien se prestó a explicarnos su gestación.
Retrocedamos a julio del 93 y situémonos en una
sofocante ola de calor en Manhattan. "Por aquel entonces estaba haciendo
audiciones para una nueva formación de mi banda, The Waterboys. Nuestro
último disco Dream Harder acababa de lanzarse y quería hacer una
gira. Encontré algunos percusionistas de ritmo muy buenos y disfruté con una
serie de sesiones llenas de improvisación, pero, a pesar de todo, sentí que
faltaba algo. Me di cuenta de que no estaba encontrando una banda, y esa
idea me venía constantemente a la cabeza. Empecé a pensar que quizás era el
momento de estar sólo por un tiempo".
Efectivamente, ése fue el final de los doce años
de historia de The Waterboys. Las canciones de Mike Scott para el grupo
siguieron una evolución pareja a la de las dos docenas de músicos que, desde
todos los estilos, pasaron por la formación; del mismo modo que
evolucionaron con los cambios ritmo de su base de operaciones, que de
Londres pasó a Dublín, luego a Galway y, finalmente, a la ciudad de Nueva
York. "Mi estancia allí había llegado a su fin", recuerda Mike Scott. "Ya
tenía lo que había ido a buscar".
Hasta entonces la historia de la vida musical de
este joven de ojos grandes había sido tan rica e impredecible como la de
cualquier aventurero. Sus discos estaban colmados de extraordinarias
visiones, rompecabezas, pistas extrañas y suspense, que deberían terminar
con la vieja frase ‘continuará...’
Y así fue. Volvió a su Escocia natal, pasando un
tiempo en la conocida Comunidad de Fidhorn, lugar en el que trabajó en las
cocinas y en los jardines, y en el que consiguió centrarse en sí mismo y en
sus canciones, las mismas que luego cristalizarían en Bring 'Em All In.
De hecho, fue durante los conciertos que dio en el teatro de la Comunidad
donde tocó por primera vez alguno de esos temas.
Las nuevas canciones surgían de una forma más
personal y abarcaban temas a los que antes Mike sólo se había referido de
una manera indirecta: el origen de su dolor, de su amor y de su asombro.
"Ansiaba escribir de esa manera. Lo que me estaba sucediendo era tan
increíble que sentía que lo tenía que poner en un papel. Hice un viaje
fabuloso hasta Findhorn y quería describirlo con claridad: todo está en el
tema "Long Way To The Light". Algunas canciones son pequeños incidentes de
mi viaje -como "Iona Song" o "Edinburgh Castle"-. Y otras hablan de aquella
comunidad, toda una auténtica universidad de la vida".
El nuevo estilo tomó forma durante la gira de
Mike Scott en solitario, que empezó en septiembre de 1.994. Contando tan
sólo con él, su guitarra, un arpa y ocasionalmente un piano, hizo cerca de
40 conciertos en los nueve meses siguientes. En ese ambiente sobrio Mike
Scott cantó sus canciones más personales, abriendo su alma al público.
"Siento como si siempre hubiera estado escribiendo sobre ese viaje que es la
vida, pero casi siempre lo he ocultado tras un lenguaje figurativo e
indirecto. Esta vez simplemente he quitado el disfraz para utilizar un
lenguaje cotidiano. Cuando estoy tocando sólo en el escenario me desprendo
del ardor y me vuelvo desnudo y vulnerable.
(Y
me gusta!".
Mike Scott grabó su nuevo disco con ayuda de un
equipo alquilado, en un pequeño estudio en Findhorn. Tocó todos los
instrumentos y produjo el disco con Niko Bolas, conocido por su trabajo con
Neil Young. "Niko llegó directamente de trabajar con Rod Stewart en Los
Ángeles", dice sonriendo. "Pero no tardó en superar el choque cultural".
La mayor parte de las grabaciones eran primeras
tomas que Mike Scott revestía con adornos de guitarra y teclado. Luego se
intentó mezclar el álbum en Nueva York. "El resultado final recupera sobre
todo las primeras versiones, más frescas y verdaderas, más cercanas al
espíritu original y con una atmósfera más cálida".
Fue durante esos meses que Mike Scott tuvo
tiempo también para recopilar material que no había sido editado antes,
perteneciente a la primera etapa de The Waterboys, la etapa londinense,
aquella que alguien definió como la de ‘la gran música’. The Secret Life
Of The Waterboys, '81-85, que se lanzó el año pasado, es una
sorprendente ventana abierta a la mente de un compositor mucho más joven,
pero ya lo suficientemente creativo e inquieto.
"En algunos de esos viejos temas solía cantar
muy angustiado. No tenía el control que tengo ahora de mi voz. Y no tenía
inhibición alguna cuando cantaba, especialmente en los dos primeros discos.
Algo sucedió a mediados de los años ochenta y me cerré un poco: una especie
de autoprotección se apoderó de mí. Cuando escucho la época que ahora se
recoge en ese recopilatorio me puedo ver dejando aflorar todo lo que tengo
dentro".
Tal vez su primer disco en solitario, Bring 'Em
All In, sea indicativo de una nueva actitud más desenfadada. "Ahora
atravieso una etapa en la que estoy preparado para mostrarme a mí mismo a
través de mis canciones, igual que antes. Por lo de pronto, el pasado verano
me instalé en Londres para estar cerca de la competencia y en octubre
inicié esta gira que me llevará de vuelta a América". Sin duda la historia
continuará inspirando caminos inexplorados. Más lejanos y, parece ser, más
profundos.