Los Piratas son historia, al menos mientras no se desempolve el grupo desde algún rincón del desván en el que parece dormitar. Mientras, sus componentes siguen grabando bajo varias encarnaciones. En primera línea, al igual que antes, y con más presencia que el resto de sus antiguos compañeros, Iván Ferreiro, que ahora presenta su tercer disco, Mentiroso mentiroso. Juego de palabras, doble sentido, negación de la verdad, constatación de algo… Un título vale tanto como mil palabras -o las imágenes de cómic, en este caso-, las que encierra ese nuevo disco que Iván nos presenta.
Evan Dando, el eterno
adolescente guaperas temido y perseguido por las fans de todo el mundo, ya
tiene un nuevo disco, Car Button Cloth, y una casa. Por primera vez
en los últimos años ha dejado de vivir en los hoteles y en casa de los
amigos y se ha buscado una habitación. Lo que puede dar una buena idea de su
estado de ánimo, después de unos años en los que lo ha probado todo y en los
que pasó de ser el personaje más relevante de la escena alternativa a ser el
chiste más fácil del mundo del rock. Aún no es capaz de enfrentarse
por completo a sí mismo, pero se ha hecho cargo de su imagen pública y
reconoce tener una razón para vivir en medio de los tormentos habituales.
Falta saber cuánto tiempo le durará.
Durante un tiempo
tus aventuras extramusicales fueron la comidilla de toda la prensa mundial.
¿Qué
pasó exactamente para llegar a aquella situación?
- Supongo que me perdí un
poco durante un tiempo. Eso fue todo. Después me pasé dos años preguntándome
qué iba a hacer. Durante este tiempo la gente esperaba algo de mí y yo no
tenía nada que darles. Teníauna novia que era granjera y solía
llevarla a la granja a las siete y media de la mañana y recogerla a las seis
de la tarde. Eso era algo. Y terminó en el otoño cuando se acabaron las
labores de la granja.
Una buena parte de tu
nuevo y octavo disco Car Button Cloth es un tanto triste y enfermizo,
como esa letra que dice "Qué alivio encontrar que te vuelves loco, que no
hay nubes o árboles, que no hay pájaros y no quedan cenizas en tus ojos".
- Todo el mundo que me
conoce sabe que soy bastante triste y que estoy loco. Por muy mal que
tuviera los cables, todo se volvió peor durante aquella época de la estrella
del pop, el auténtico fiasco. Cuando no me permitieron ni siquiera
salir de gira, tuve que parar y reconducir mi vida, y lo que vi dentro no
era demasiado agradable. Así que tuve que sacar todo aquello de mí,
por lo menos hablar de ello, aunque sólo fuera conmigo mismo. Supongo que
tengo una visión bastante pesimista y aquella imagen de mí como la persona
más feliz del mundo no era más que una engaño preparado.
Los problemas suelen
empezar cuando acabas las giras. Mientras tanto pareces disfrutar de este
mundo. De todas formas, cuando acompañabas a Oasis en el verano del 94 es
cuando todo empezó a desmadrarse.
- Estaba tocando en los
mismos festivales que ellos, así que me monté en su furgoneta y cargué el
motor, ya que no quería parar. Cuando escribimos "Purple Parallelagrams"
estábamos en Amsterdam y no podíamos pillar nada, así que tomamos una droga
que el médico me había prescrito para el insomnio, que se llamaba así. No
fue nada planeado, simplemente ocurrió. Era mi frase y el comienzo de Noel
Gallagher. Hay una cinta por ahí en la que estamos tratando de imaginarnos
la canción. Cuando estuve de gira con ellos fue cuando acabé realmente
destrozado. Mark Coyle, su técnico de sonido, dijo la mayor verdad, y eso
hizo que le cogiera aprecio a la banda. Yo sentía que me quería morir y el
me decía: "No deseas eso para la historia de tu grupo, aunque de hecho no
sería una mala cosa". La verdad es que Oasis son terribles.
Llegó un momento, cuando
estabas en Australia y tenías que regresar a Los Ángeles, en que perdiste el
control totalmente, después de tres días sin dormir, consumiendo todo tipo
de sustancias y retenido por la policía.
- Perdí la cabeza en Australia.
Creía que todo era una conspiración privada, aprendiendo extrañas formas de
chocar las manos, poniéndole grados a las monedas y pensando que iba a ser otro
ser cuando volviera a casa. Perdí los papeles completamente. Volviendo la vista
atrás, estoy muy satisfecho de haber rebasado el límite por una vez. Si te
recuperas, es una experiencia salvaje que recomiendo con ganas. Y me dio un
montón de material sobre el que escribir. Una amiga me llevó de vuelta a casa y
me salvó la vida. Tal y como suena.
¿Y
te dabas cuenta de todo lo que eso suponía?
- Sí, sí. En mi cabeza sabía
que todo esto tiene un coste. Quería vivir el mito del rock'n'roll hasta
el límite por una vez. Y es mucho más divertido ser famoso si estás colocado del
todo. Intentaba decir las cosas más obtusas y chifladas, porque pensaba que
esconder mi verdadera personalidad era lo mejor, así que me dedique a
interpretar a un idiota. Y no me arrepiento porque lo pasé muy bien. Un
periódico dijo que tenía un cochazo, que vivía en tiendas de campaña en los
jardines de otros y que iba a comprar el lugar donde se celebró el Woostock
original. Muy divertido. Pensaba: gracias a Dios que no soy ése.
Sin embargo hay un momento
que no debe de gustarte demasiado: las fotos con Courtney Love en la cama que
dieron la vuelta al mundo.
- Esas fotos me deprimieron de
verdad. Porque se sospechaba que tenía un lío con ella antes de que Kurt Cobain
se suicidara, lo que no era cierto en absoluto. Estábamos juntos de gira, los
músicos estaban sacando fotos y nosotros estábamos puestos, llorando por la
muerte de Kurt. Nos dijimos: vamos a pretender que nos besamos para ser
realmente perversos. Podría acabar publicado en cualquier revista. Y lo
siguiente que sabes es que alguien roba las fotos y aparece en primera página
del Enquirer. Lo sabíamos. Aprendimos la lección de que si dejas unas
fotos sueltas por ahí alguien se va a hacer con varios millones. Lo que ahora
quiero es que el tipo que las robó me devuelva el dinero que me costó revelarlas
y así quedamos en paz.
¿Qué
queda exactamente de la época de excesos?
- A veces me despierto y estoy
corriendo por la calle en calzoncillos. De vez en cuando sufro el síndrome
durante dos semanas. Dejo volar mi cuerpo. Doy vueltas y soy básicamente el
mismo, pero no estoy ahí. Simplemente desaparezco. De repente vuelvo sin más.
Así que lo que tienes que hacer es recordar que debes aguantar hasta que esa
sensación de que no estás en tu cuerpo desaparezca. Me he pasado sin drogas
durante meses, pero no funciona, vuelve a ser lo mismo. Es algo químico. Hay
algunas maneras de aguantarlo, y para mí eso significa cantar y tocar, escuchar
música y leer libros.
Sabes que hay colegas y
medios que nunca te aguantaron.
- Creo que no podían soportar
mi suerte. Vengo de una familia de clase media. En mi casa lo habitual eran los
Diarios de Kafka. La gente sabía que tenía una vida interesante y que
tengo una imaginación muy cara. Lo único que me importaba era no perder mi
capacidad para componer música. Por suerte aún puedo hacerlo. Así que si me
piden que haga lo que se supone que debo hacer, lo hago. Soy un profesional. Je,
je.
¿Y
cómo te encuentras ahora, después de pasar por todas aquellas experiencias?
- Bueno, en el último año
muchos amigos se han suicidado. Uno incluso llegó a hacer aquello en lo que yo
había pensado: conducir hasta las Montañas Azules en Australia y tirarse de un
acantilado. El suicidio de otro motivó una investigación policial. Hoy mismo
supe de otro amigo que ha muerto de cáncer. Me vuelvo loco cuando ocurren estas
cosas tristes porque amo tanto la vida... Así que ahora que sé lo que es sentir
que podría haber hecho esto y lo otro, no quiero reprochárselo a la gente. Tengo
muchos amigos y una familia. No sigo vivo por mí, sino por otra gente. Estaré de
gira un año y luego le voy a escribir un libro a mi ahijada. Tengo una razón por
la que vivir. Nunca la vida me había tratado mejor, excepto cuando tenía cinco
años.