La taza medio llena y la sonrisa en los ojos. Alberto Matesanz (50% del dúo afrancesado Plastic d’Amour) llega a su segundo disco, Ventajas de ser optimista, con un ánimo más elevado, más animado, menos melancólico que en lo que fue su primer disco en solitario, Sol de medianoche. Ahora lo que quiere es que este disco -que grabó en su estudio casero y que modeló en Nashville con la ayuda de Brad Jones- se escuche bajo el sol de mediodía. Al habla con el doble hispano de Adrian Grenier.
Muchos caminos andados,
muchos discos viejos escuchados. Suficiente para conformar una personalidad
bastante especial. La del trovador por excelencia de la América profunda,
con la electrónica a su servicio. Beck, un nombre que tampoco pretende nada,
pero que conoce lo bastante lo que se cuece a su alrededor como para dejar
que se le escape algo. Su experiencia es su grado, y aquí nos lo relata.
"No tengo nadie que me
respalde, ni siquiera una base de la que partir. Siempre he ido por libre.
Incluso, cuando era un niño, tenía que descubrirlo casi todo por mi cuenta",
dice Beck, pausadamente. "Hoy en día, los padres tienen que trabajar y las
familias no están organizadas, así que creces dependiendo de tu propio
juicio, de la televisión o de la gente que conoces. No estás protegido, ni
te encaminas hacia algo en concreto".
De ahí parte el interés de
Beck por el mundo que le rodea, ya desde muy joven, aunque no todo fuera tan
sencillo. "Trabajé desde los quince años. Pasé unos años en el callejón sin
salida, así que antes de asentarme quería ver mundo". La compañía de
autobuses Greyhound era el medio perfecto. Su publicidad decía que por 30 $
te llevaba a cualquier lugar de su país. Así que empaquetó sus cosas y su
guitarra y se dedicó a recorrer los Estados vendiendo máquinas de
cacahuetes. "Los buses Greyhound son el medio de transporte de los
trabajadores. Reconozco que era algo peligroso. Recuerdo que iba en la parte
de atrás del bus con un puñado de convictos y, en medio de la noche, uno se
acercó a mí y me dijo que me iba a rebanar el cuello. Quién sabe si iba en
serio".
Mientras, la guitarra se
iba convirtiendo en algo muy valioso, aunque no de la forma que podemos
pensar. "Cuando aparecía algún tipo raro, balanceaba mi guitarra o hacía el
pino. Bueno, no exactamente. Pero lo mejor para asustar a esta gente",
continúa, desvelando un secreto celosamente guardado, "es aparentar que
estás loco".
Sin raíces, ingenioso y con
sentido de la supervivencia, Beck se trasladó a Nueva York. "Me resultó muy
difícil vivir en Nueva York. Fue tragicómico. Ahorré algo de dinero
trabajando en el YMCA, y se lo di a una mujer a la que le iba a alquilar un
apartamento. Era una drogadicta y lo gastó por toda la ciudad. A partir de
eso todo empezó a ir cuesta abajo. Una semana después me asaltó una pandilla
de puertorriqueños. Más tarde encontré un coche anunciado por 100$ y lo tuve
un día. Se le quemó el motor en medio de la autopista y fue toda una
pérdida, ya que si no tienes un coche allí, pierdes más tiempo esperando el
bus que lo que realmente pasas en el trabajo". No se acabaron ahí las
calamidades. "Alguien me dio una bicicleta... (y
me la robaron! También me dieron un monopatín y se rompió. Así que todo
quedó reducido a mis pies. Pensaba que también me los iban a robar".
De todo ese cúmulo de
circunstancias viene el título del segundo disco de Beck, Odelay, que
es lo que el entiende por lo que los mejicanos pronuncian "Ándele". O sea,
que aunque la vida te haya tratado mal, no te dejarás vencer: toda una
reacción positiva a estímulos negativos. Aplicado al disco, significa que
hay muchos más estados de ánimo que la insatisfacción y el odio, que hay más
colores que la miseria negra y que hay más de una forma de hacer música.
"Es como actuar. Si todo lo
que se te pide es que grites y que tires cosas, entonces te será muy fácil.
Pero lograr algo más sutil que el odio o que la locura exagerada es más
complicado. Gran parte de mi primer disco Mellow Gold era una enorme
tontería, y eso venía de tener que tocar para gente que pasa la mayor parte
de su tiempo viendo telecomedias. Eso me pasaba a mí, que pensaba realmente
que Leonard Cohen era un tipo divertido".
No todo acabó con la
bicicleta robada. "En el último año han muerto siete personas cercanas a mí,
así que cada mes y medio tenía un funeral. El mecanismo que se activa cada
vez que oyes algo así estaba siendo estimulado demasiado a menudo, por lo
que al final ni reaccionaba. En un momento dado creí que iba a escribir un
puñado de canciones sobre la muerte. Pero acabé refiriéndome a lo que sería
que toda esta gente estuviera viva". ¿Y
qué será lo que Beck verá delante de sus ojos cuando muera? "Probablemente
no será nada como para impresionar. Seguro que pensaré que tengo que sacar
mi ropa de la secadora".
Por fin surge la cuestión
de las nuevas técnicas y hay que aprovechar la ocasión. Beck se muestra
siempre reacio a tratar el tema y, a pesar de que sus discos contienen una
instrumentación actual, no hace más que repetir que está en la tradición de
los cantantes folk de los años 40. "La capacidad de nuestra mente ha
sido destruida por los televisores, los ordenadores, la electricidad, los
microondas y las ondas radiofónicas expandiéndose por nuestros cuerpos".
Aun así, no puede ocultar por
más tiempo su reciente atracción por las nuevas técnicas. "A medida que la
música se volvía más rutinaria, recuerdo como me sorprendió el folk y las
grabaciones antiguas, aunque llegó a ser ridículo. Escuchar esas canciones no
tenía nada que ver con la forma de vida que llevaba. Ahí fue cuando me decidí a
emplear las máquinas y los instrumentos eléctricos".
"La pregunta era:
¿Tienen
plástico en la otra vida? ¿Admiten
la música que hace guiños a la vida moderna? Si permaneces alejado de algo, ese
algo tiene poder sobre ti, pero si lo aceptas, lo tienes a tu disposición.
Supongo que ésa fue la razón fundamental para... intentar hacer rap. "Loser"
no hubiera sido editado si no es porque no la escuché durante los dos años que
siguieron a su grabación. Para entonces ya me sentía bien con la canción, pero
antes tenía una idea mucho más purista".
Ahora, después de estos años,
Beck está seguro de que sus canciones pasarán a la posteridad: música folk
para una era sexual y paranoica. Aunque, por el momento, una de sus mayores
preocupaciones es saber si alguien está interviniendo sus comunicaciones
telefónicas. Tanto, que hasta sus relaciones se ven afectadas, aunque no podamos
asegurar lo que hay de cierto en lo que dice para despedirse: "Cuando me meto en
una relación estoy siempre protegido por trajes de esos que protegen el cuerpo
de pies a cabeza. Todo intercambio está protegido por materiales resistentes al
fuego".