VIAJES Leh, el Himalaya budista hindú  Hay dos vías para llegar de Delhi a Leh, en la cordillera del Himalaya. Sólo son practicables en verano, es decir, tres meses al año. Por carretera se tardan unos cinco días de media, siempre que los buses no sufran ningún percance -lo que parece que sucede a diario-. En avión el trayecto se reduce a poco más de una hora. urchin.js" type="text/javascript"> </script> <script type="text/javascript"> _uacct = "UA-1011382-1"; urchinTracker(); </script></body> </html>
Aún sabiendo que las plazas son escasas y difíciles de conseguir, el avión es recomendable. El salto de esta forma lleva de la planicie india a nivel del mar a sólo 3.500 metros de altura en escasos 60 minutos. Lo lógico es que, desde el momento en que se pone pie en tierra, se empiece a sentir el mal de altura. De haber optado por el autobús, se pasaría en algunos tramos por encima de los 5.000 metros, por lo que, además de tedioso, el viaje suele convertirse en un suplicio.  Además, el viaje en avión es de los más hermosos del mundo. Durante cuarenta minutos sólo se ven tierras llanas y fértiles. De repente, una pared vertical inimaginable se presenta bajo las alas. Y de ahí hasta aterrizar en Leh sólo se divisan montañas, con una buena parte de ellas por encima de los 8.000 metros: el Everest, el K2... Para rematar la experiencia, el aterrizaje, de los más complicados del mundo y en el aeropuerto civil a más altura del planeta, invita a contener la respiración. Ladakh -que significa la tierra de los pasos altos-, la región en la que está Leh, marca la frontera entre los picos del Himalaya oeste y el gran Tibet. Ladakh ha sido llamado “La tierra de la luna”, “El pequeño Tibet” e, incluso, “El último Shangri-La”. Da igual cómo la denominen: Ladakh es una de las regiones más remotas del planeta.  La región es budista, debido, sobre todo, a sus conexiones comerciales y culturales con el Tibet, lo que es evidente en sus numerosos gompas -monasterios- y fuertes situados en lo alto de las montañas. Son también esas relaciones la principal causa de conflictos. Sus fronteras, tanto con China como Pakistán, siguen siendo objeto de disputa y la principal razón por la que no se permitió la entrada de visitantes hasta 1974. Al sur se encuentra la cordillera principal del Himalaya, incluyendo los impresionantes picos Nun (7.140 metros) y Kun (7.090 metros). Al norte, y paralela al Himalaya, está la cordillera Zanskar, que es la principal separación entre el Himalaya y los valles indios, por la que baja el río Zanskar, y que sitúa al este del Karakorum los picos Rimo 1 (7.390 metros) y Teram Kangri 1 (7.470 metros). Leh, la capital, se encuentra en un pequeño valle al Norte de las enormes planicies indias. Hasta 1947 tuvo importantes relaciones comerciales con el Asia central, con caravanas de yaks que salían a menudo del bazar de Leh hacia Yarkand y Kashgar a través de los pasos en las altas montañas del Karakorum. 
Hoy en día, Leh es un centro estratégico crucial para la India. La amplia presencia militar recuerda que la región cachemira sigue siendo objeto de escaramuzas militares con Pakistán. Más importante aun, el gobierno budista del Tibet en el exilio se ha asentado en la región, convirtiéndola en un área que, aun manteniendo elementos de las dos culturas, no es ni india, ni china. La ciudad está dominada por el abandonado Palacio de Leh, de nueve pisos, hogar de la familia real de Ladakh hasta 1830. La ciudad vieja se encuentra al pie del Monte Namgyal, convertida en un laberinto de calles y casas unidas por casetos repletos de madera seca, que se utiliza para hacer más soportables los largos meses de invierno. Alrededor de Leh, perfectos para recorrer los primeros días, mientras uno se acostumbra a la altitud, hay varios monasterios que merece la pena visitar: Spituk, Stok, Matho, Choglamsar o Shey son alguno de ellos. Los más interesantes son Hemis, con su impresionante biblioteca, y Stakna y Tikse, espectaculares por su ubicación y sus vistas.  Como era de esperar, la mayor parte de los que se atreven a llegar hasta Leh acceden a esta región para realizar caminatas de mayor o menor envergadura. Estas pequeñas aventuras sólo se pueden completar entre finales de junio y el principio de octubre, cuando las primeras nieves marcan el inicio del invierno. La aclimatación durante algunos días es esencial antes de ponerse en marcha. En Leh hay un buen montón de agencias que ofrecen caminatas con guía, asnos porteadores, comida y material de acampada por unos 50 dólares al día, aunque vale la pena llevar saco de dormir propio.  Una de las dos rutas más habituales conduce de Spituk a los valles de Jinchen y Markha, y, después, a Hemis a través del paso de Kongmaru La, a unos 5.000 metros de altura sobre el nivel del mar. Unos siete días son necesarios para hacer la ruta, en la que destacan las vistas de la cordillera Zanskar -y del pico Kangyaze en particular- y la aldea de Markha. La otra lleva del monasterio Lamayuru a la aldea de Chiling a través de los pasos de Konze La y Dung Dung La. En este caso, se emplean unos cinco días, con vistas espectaculares de la cordillera este del Karakorum,  Otra opción, más corta y para la que no hace falta contar con guías, siempre que se disponga de una buena información sobre la ruta a seguir antes de partir, es la caminata entre Likir y Temisgam. En este caso, hay que buscarse transporte privado hasta Likir y tomar el bus de vuelta entre Temisgam y Leh que hace la ruta todos los días a última hora de la tarde. La experiencia, en cualquier caso, vale la pena, ya que coincide con la época de la siega y el canto de los campesinos será, con toda probabilidad, el único sonido humano que se escuche en un paisaje asombroso dominado por la naturaleza más salvaje.
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