Comenzó con su hermano Tote King en un disco acreditado a ambos cuando casi no alcanzaba la mayoría de edad. Después, en el 2004 llegaría su debut, La selva, al que seguiría una época de inestabilidad. Ahora, perfectamente asentado como una de las mayores realidades del hip hop en castellano, llega su segundo disco, Sangre.
CAMPUS GALICIA MEJORES DISCOS DE LOS 90 THE PRODIGY THE FAT OF THE LAND
Escrito por Administrator
CAMPUS GALICIA MEJORES DISCOS DE LOS 90 THE PRODIGY THE FAT OF THE LAND
THE
PRODIGY: The Fat Of The Land (XL-Caroline,
1997)
Un
buen día The Prodigy, cuatro festivaleros de las clases obreras de Essex,
regresaron con el impacto de “Firestarter” y “Breathe”, y, poco después,
con su álbum The Fat Of The Land. Con
él empezaron a ser vistos como cuatro locos de los sintetizadores amenazadores.
Definirlos entonces como los Sex Pistols del techno no hubiera sido ninguna
exageración. Lo que The Prodigy hace es, simplemente, sacar el techno del
nirvana comunal de las raves y
convertirlo en teatro punk, brillantemente, por cierto.
El
arma principal del grupo nunca fue la imagen amenazadora y cibernética de su
cabeza visible Keith Flint, famoso por el vídeo de “Firestarter”, ni
tampoco su recitador principal, Maxim, sino el hombre que es en sí mismo toda
una sala de máquinas, Liam Howlett. No es que se trate de un genio del loop
al estilo de Aphex Twin o u-Ziq, pero en The
Fat Of The Land llegó a donde ningún maestro del techno había llegado con
anterioridad, sobrepasando sin dificultad su Music
For The Jilted Generation, del 94, y dando a la luz parte de la música más
enervante de la década.
El
mérito de The Fat Of The Land es que
encierra toda la pegada visceral del rock en su mejor forma incendiaria, algo
que quedaba claro desde el primer instante con la canción que inducía al pánico
“Firestarter”. No hay nada genial en las líneas de bajo de terremoto de
Howlett ni en sus programaciones de percusión. Ni tampoco se anda con rodeos a
la hora de mostrar sus referencias rock. Las guitarras sucias embadurnan todo el
álbum, sobre todo en la versión de L7 “Fuel My Fire”. “Climbatize”
roba sin reparos el riff de teclado del “Won’t Get Fooled Again” de los
Who, y el salvaje “Serial Trhilla”, que samplea el “Selling Jesus” de
Skunk Anansie, es tan fiero en apariencia como cualquier tema de Rage Against
The Machine. Por lo menos, la deuda con los Pistols sólo es demasiado explícita
en el estribillo de “Breathe”.
Sin
embargo, su forma de encarar el futuro reconstruyendo bastardamente el punk, el
rock y el techno es lo que los convierte en especiales. No hay tensión pre-milenio
en el disco ni el grupo parece en absoluto interesado en los 60. Mientras que
los Chemical Brothers están intentando hacerse con determinado público al guiñar
un ojo al pasado haciendo el “Tomorrow Never Knows” de los Beatles una y
otra vez, The Prodigy construyen bandas sonoras cibernéticas para la juventud
descastada. O sea, electro-punk futurístico que, en sus resultados, sirve como
contrapeso británico al sonido industrial de Trent Reznor o a los paisajes del
Wu-Tang Clan.
The Fat Of The Land es una pesadilla intoxicante y retadora, un
flash de energía de proporciones desbocadas. “Esto es peligroso”, escupe
Maxim en “Mindfileds”. “¡Abre tu cabeza, siente el shock!”. Si el mundo
estuviera preparado para aceptar su gamberrismo sonoro no habría límites para
su maridaje de hombre y máquina.